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ABC SÁBADO 5 3 2005 Cultura 59 Cien años de Joaquín Calvo Sotelo, una de las figuras del teatro español de posguerra El académico, uno de los grandes divulgadores de nuestro idioma, murió en 1993 a los 88 años b Colaborador habitual de ABC durante varias décadas, en 1949 obtuvo el premio Mariano de Cavia por su artículo Hans Sachs, el zapatero prodigioso ABC MADRID. El día que murió, el 7 de abril de 1993, en la máquina de escribir de Joaquín Calvo Sotelo quedó un folio con un texto a medio escribir. Llevaba varios meses enfermo, pero no había dejado de trabajar en ningún momento. Fue una de las constantes de este autor, que hoy hubiera cumplido cien años y que fue uno de los pilares del teatro español de posguerra y, durante varios años, uno de los mayores divulgadores de la lengua española. Nació en La Coruña el 5 de marzo de 1905. Era hermano del diputado monárquico José Calvo Sotelo, cuyo asesinato, en julio de 1936, precipitó la guerra civil. Licenciado en Derecho, formó parte del cuerpo de Abogados del Estado. Pronto comenzó su trayectoria literaria, especialmente como autor teatral. En 1930 estrenó en Barcelona su primera obra, Una comedia en tres actos De su producción teatral- -escribió más de sesenta obras- -destaca La muralla que con más de cinco mil funciones es una de las obras más representadas del teatro español contemporáneo. También hay que recordar piezas como El inocente El proceso del arzobispo Carranza El poder Cuando llegue la noche Plaza de Oriente Una muchachita de Valladolid Un millón de rosas o Una noche de lluvia Con ellas obtuvo el favor del público y de la crítica y recibió numerosos galardones, entre ellos el Premio Nacional de Teatro o el Premio Calderón de la Barca. En 1955 ingresó en la Real Academia Española, donde ingresó con un discurso titulado El tiempo y su mudanza en el teatro de Benavente Desde 1963 a 1969 fue presidente de la SGAE, y presidió también el Círculo de Bellas Artes, el Montepío de Autores españoles y la rama española del Instituto Internacional de Teatro, de la Unesco. Fue colaborador habitual de ABC y en 1949 obtuvo el premio Mariano de Cavia. Fue muy llamativa su labor de divulgación televisiva del idioma, con programas como La bolsa de las palabras o La bolsa de los refranes Joaquín Calvo Sotelo, en una imagen de 1960 ABC BREVE ELOGIO DE UN ACADÉMICO QUE HOY SERÍA CENTENARIO VALENTÍN GARCÍA YEBRA DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA oaquín Calvo Sotelo ingresó en la Real Academia Española el año 1955. Ocupó el sillón l minúscula, inaugurado en 1847 por Juan Eugenio Hartzenbusch, a quien sucedió en 1880 Marcelino Menéndez Pelayo, que fue su titular hasta 1912. Se le adjudicó entonces a Jacinto Benavente, que no llegó a tomar posesión en los treinta y seis años siguientes. Lo ocupó en 1948 Salvador González Anaya, y desde 1955 hasta 1993 Joaquín Calvo Sotelo. Yo ingresé el 27 de enero de 1985. Tuve, pues, la suerte de tratarlo personalmente durante ocho años. Y le sucedí como vocal representante de nuestra Academia en el Instituto de España. Fernando Lázaro Carreter expuso, en el homenaje póstumo que le dedicó, cómo nuestro compañero y amigo, cuando ya presentía su fin, siguió acudiendo a la cita semanal con la Academia, realizando sus aportaciones léxicas con vocablos normalmente pertenecientes al habla coloquial y mundana, y participando activamente en las mu- J chas discusiones que suelen entablarse en la sala de plenos Y siguió representando a la Academia en el Instituto de España, dispuesto siempre a colaborar con ella en todo lo que le encomendase. Joaquín Calvo Sotelo ocupó su sillón académico treinta y ocho años. Tenía cincuenta cuando ingresó, y estaba en el apogeo de su carrera como autor de obras de teatro. Su discurso de ingreso se titula El tiempo y su mudanza en el teatro de Benavente Ocupa ochenta y nueve páginas de buen tamaño. Las cuatro primeras contienen el preceptivo elogio de Salvador González Anaya, su antecesor inmediato en el sillón l minúscula. Las ochenta y cinco siguientes desarrollan el contenido cifrado en el título. Es imposible resumirlas aquí. Contestó a su discurso el poeta Gerardo Diego, que puso de relieve cómo el nuevo académico, al elogiar a Benavente, había expuesto, sin pretenderlo, los datos esenciales de su propia ideología, sus preferencias vitales, sus hábitos literarios y artísticos. Veía en Joaquín Calvo Sotelo el conversador, el abogado, el cronista, el orador, el conferenciante, el comediógrafo, y también el gallego que es ya- -decía- -casi otro género literario, y si no- -apostillaba- véase la abundancia de gallegos, nacidos o de linaje, en esta Academia No me resisto a transcribir el resumen biográfico que el poeta hace del nuevo académico: Nace Joaquín Calvo Sotelo en La Coruña. Estudia en el Colegio de Areneros. Después, la carrera de Leyes. En 1927 ingresa en el Cuerpo de Abogados del Estado. Y a la vez inicia su actividad literaria en la prensa y en el teatro. Es también experto conferenciante ante los más selectos públicos de España, América y Oriente. Otra actividad suya directamente relacionada con las Letras fue la de regentar la Secretaría de la Cámara Oficial del Libro en Madrid, que, merced a sus esfuerzos, fue luego convertida en Instituto Nacional del Libro No es posible reproducir aquí los títulos de las obras de Joaquín Calvo Sotelo. La mera relación de las de teatro, varios dramas y muchas comedias, llenaría el espacio aún disponible. Mencionaré tan sólo dos comedias: La vida inmóvil y Cuando llegue la noche, junto con el drama La cárcel infinita; las tres, premiadas por la Real Academia Española; antes, naturalmente, de ingresar el autor en ella. De las no destinadas al teatro me interesa particularmente La bolsa de las palabras, publicada en 1975 por la Editorial Prensa Española. Es, para mí, el libro más académico del académico Joaquín Calvo Sotelo. Demuestra un conocimiento muy amplio y profundo de nuestra lengua. Y a veces da noticias muy interesantes, relativas al trabajo de la Academia, y datos personales de los académicos de entonces. Son interesantísimas, en este sentido, las páginas 85- 89, que llevan como título Despedida. Reproduzco tan sólo las líneas que dedica a quien dirigía entonces la Corporación. A nuestro director, Dámaso Alonso, le embridan el corazón las dulces neblinas del Eo, y hacia ellas va, como imantado, pluma en ristre, a concluir su próximo libro: Pluralidad y correlación en poesía Ah, querido director, ¿qué hacemos de ese difícil vocablo henoteísmo? Parece que se aplicará a las religiones en que hay una divinidad suprema a la vez que otras inferiores a ella. ¿La aprobamos? Se refiere luego a los vocablos pescozada, coimear, malevo y malevaje. Ninguno de ellos estaba en la décimonovena edición del diccionario académico. Todos figuran en la vigésima con las definiciones adelantadas por Joaquín Calvo Sotelo en las páginas citadas de La bolsa de las palabras.