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4 Opinión SÁBADO 5 3 2005 ABC Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA PRESIDENTE DE HONOR: DIRECTOR: Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil IGNACIO CAMACHO CENSURA Y QUERELLA EN EL LABERINTO CATALÁN A crisis provocada por la acusación de corrupción lanzada por Maragall contra CiU se está describiendo como la mutación brusca de un remanso de paz en un avispero político. Probablemente, en una valoración intermedia esté el criterio adecuado, pero lo cierto es que el presidente de la Generalitat ha causado la quiebra de muchos tópicos sobre la forma catalana de hacer política. La comparecencia que Maragall hizo ayer ante los medios no aportó ninguna novedad, limitándose a acusar recibo de la moción de censura presentada por el PP y de la querella interpuesta contra él por CiU, acción judicial que calificó como hecho gravísimo y sin precedentes La percepción general, dentro y fuera de Cataluña, es que ha llegado el momento de revisar los clichés de la clase política dominante- -convergente y socialista- -y de plantearse alternativas a un sistema de partidos que ha confundido la estabilidad con el estancamiento. En buena parte este estado de cosas es lo que explica la irrupción del Partido Popular en la escena política catalana y, a pesar de su minoría parlamentaria, la eficaz gestión que está haciendo de su indemnidad frente a los reproches cruzados entre CiU y Maragall. No corriendo ningún riesgo de verse salpicado por el ejercicio de un poder que nunca han tenido, Piqué y la dirección del PP catalán están asumiendo la única oposición activa al tripartito con verdadero contenido político. CiU, que se debate entre las urgencias del presente y el peso del pasado- -que Jordi Pujol pretendió liberar con una comparecencia insólita ante los medios- está dejando frentes cada vez más abiertos. La presentación de una querella con propósito de retractos si Maragall rectifica sus palabras sólo agranda la con- EL PERFIL DE LAS AULAS L fusión de los convergentes, que necesitaban asomarse a una opinión pública monopolizada por el tripartito, aunque a buen seguro que no era éste el protagonismo más deseable, entre acusaciones de corrupción y respuestas sin criterio. Ahora bien, no es sólo el hueco de CiU lo que da margen al PP, sino también, y principalmente, el corporativismo político con el que tanto el PSC como los convergentes están abordando esta crisis de confianza de la sociedad catalana en sus instituciones. La sensación de que ambas formaciones quieren llegar a una componenda está demasiado justificada como para aceptar pacíficamente que esas instituciones no tienen resortes para depurar sus crisis. La catástrofe urbana del Carmelo ha sido el acelerador de una ruina política que se sostenía por el artificio de las complicidades recíprocas. Mientras ERC juega a dos bandas y deja que PSC y CiU se desgasten, sólo el PP ha dado el paso para asumir una voz que nadie más en el Parlamento catalán se atreve a proclamar. La moción de censura presentada por Piqué está abocada a la derrota parlamentaria, pero su éxito político queda asegurado por la quietud de los demás grupos, la cual, además, está sacando al PP de la periferia política para meterlo de lleno en el debate que reclama la sociedad catalana. La moción forzará ese debate y éste tendrá lugar marcado por la exigencia efectiva de una responsabilidad política que en pocas ocasiones habrá sido tan evidente como ésta, por acusaciones no probadas de corrupción masiva y, sobre todo, por un desastre ciudadano, como el hundimiento del barrio del Carmelo, en el que sólo un concepto mutilado de la función de gobierno no ha provocado aún ceses o dimisiones al más alto nivel. E PETRÓLEO Y CRECIMIENTO D ECEPCIONANTE ha sido el crecimiento económico en la Eurozona en el último trimestre del año pasado; lo que unido a la evolución reciente del precio del petróleo, que ha superado los 50 dólares por barril, ha obligado al BCE a rebajar su previsión tres décimas hasta el 1,6 por ciento. Preocupa en el banco emisor la situación del consumo privado, que no acaba de despegar, y que puede recibir un duro golpe con el aviso de que la OPEP no excluye completamente precios de 80 dólares por interrupciones en el suministro. Pero lo más inquietante es que la balanza estructural de oferta y demanda parecedefinitivamente desequilibrada con la aparición de China como primer importador mundial. Europa tiene que aprender a convivir y a competir internacionalmente con precios del petróleo en el entorno de los 45 dólares. Afortunadamente, la actual fortaleza del euro amortigua parcialmente el impacto inflacionista del precio del crudo y permite al BCE mantener los tipos de interés al nivel actual, lo que supone una importante contribución de la política monetaria al crecimiento europeo. Pero no es suficiente. Como demuestra la experiencia alemana, postergar la resolución de los problemas estructurales hasta que el paro se hace insostenible no es una buena receta, porque la economía tiene mucho de psicología colectiva. No es otra cosa la confianza de consumidores y empresarios, cuya evolución es seguida con avidez por analistas y agentes sociales. Si estos indicadores caen, las necesarias medidas de ajuste tardan más tiempo en generar la recuperación deseada, porque producen inicialmente un considerable impacto contractivo. Por eso los economistas hablan de actuaciones preventivas para referirse a la política económica que requiere una situación como la actual. Eso es lo que pide el BCE. L estudio de la Fundación BBVA sobre los universitarios españoles, basado en una encuesta planteada a 3.000 estudiantes de segundo ciclo, merece una reflexión sosegada. Se trata, como es notorio, del perfil sociológico de una generación que ocupará dentro de pocos años los puestos más relevantes de la vida social y política. La interpretación sistemática del estudio ofrece un panorama complejo, más allá de la apariencia de algunos datos particulares sobre actitudes religiosas o sobre tolerancia hacia determinados comportamientos. Nuestros universitarios optan en su mayoría por declararse de izquierdas aunque siguen a corta distancia los que se califican de centro Es notorio que se trata de una forma peculiar de concebir ese autodenominado progresismo. En efecto, un porcentaje bastante alto aspira a conseguir un puesto de funcionario público y no a trabajar en la empresa privada o a ejercer libremente su profesión. Casi ninguno tiene prisa por abandonar el hogar familiar, lo que demuestra que- -a la hora de la verdad- -la situación económica les preocupa muy seriamente. Está visto que la vieja concepción revolucionaria de la izquierda ha cambiado mucho en los últimos tiempos, porque ahora el objetivo prioritario es la seguridad en todos los ámbitos de la vida. Conviene, por ello, matizar algunas lecturas superficiales de la encuesta, que ciertos sectores han recibido con alborozo como si fuera una segura reserva de votos para el futuro inmediato. Las clases medias españolas disfrutan- -por fortuna- -de un grado razonable de bienestar. Pero la satisfacción que expresan los jóvenes deriva probablemente de que son receptores netos de los beneficios de ese estatus y, salvo excepciones, no comparten las responsabilidades que recaen en sus progenitores. Por eso, cuando se pregunta a los padres, se hace patente un cierto malestar que se ha visto reflejado en otras encuestas. Los partidos deberían ser conscientes de ese fenómeno, que se traduce en la demanda de soluciones a problemas reales (educación, sanidad o vivienda) y en el desinterés por los debates a veces artificiales entre las elites políticas. Es bueno que los jóvenes sean felices, pero es importante que esa satisfacción no sea producto de una visión ficticia y hedonista de la vida. La escasa aceptación de valores en materia de compromiso político y de creencias religiosas puede interpretarse como una consecuencia de esa concepción. En todo caso, no deben caer en saco roto las enseñanzas que se derivan de este interesante macrorretrato de los jóvenes más afortunados de nuestra sociedad.