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62 VIERNES 4 3 2005 ABC Toros Morante: Ha llegado la hora de mi vuelta y quiero que sea especial b Después de un año apartado de los ruedos, reaparece mañana en Olivenza con la ilusión de estar a la altura de la confianza depositada por los aficionados FERNANDO CARRASCO- -Hace un año decidió apartarse de los ruedos por una enfermedad. ¿Cómo se encuentra? -Bien; delante del toro me encuentro a gusto y cada día que pasa me veo mejor y más animado. ¿Ha cambiado mucho Morante de la Puebla? -He pasado mucho y todo influye. Los aficionados me conocen de sobra y saben que mi forma de torear exige un tipo de toro y unas condiciones que ahora mismo, gracias a Dios, se dan. -Reaparece mañana en Olivenza. Será un día especial... -Por supuesto. Después de todo lo que he pasado, ha llegado la hora y espero que sea una tarde especial que se recuerde. ¿Cómo vuelve Morante? -Más o menos como lo dejé. Eso sí, cada día me encuentro con más ganas de torear. -Si Olivenza es el punto de partida, otra plaza clave será Sevilla. ¿Por qué sólo una tarde y no dos? -Al principio no estaba convencido de ir a Sevilla, pero luego pensé que era mejor venir a una sola tarde. -Donde no estará es en San Isidro. -La temporada es muy larga y no descartaría estar. Madrid es una plaza en la que he tenido triunfos muy importantes y donde los aficionados siempre me han esperado. ¿Qué les diría a todos los que esperan su reaparición? -Que ojalá pueda estar a la altura de la confianza y el cariño que han depositado en mí. Voy a poner todo de mi parte. He pasado mucho y no quiero tirarlo todo por la borda. FERIA DE LA MAGDALENA Los enterradores de la Fiesta Plaza de toros de Castellón. Jueves, 3 de marzo de 2005. Quinta corrida. Media entrada. Cuatro toros de La Martelilla y dos con el hierro de Casa de los Toreros, excesivamente desiguales de presentación, el 4 fue indecoroso; carecieron de fuerza y casta, aunque 1 y 6 se dejaron; un sobrero de El Sierro (2 bis) de justo juego. El Cid, de teja y oro. Pinchazo y estocada ladeada (saludos) En el cuarto, pinchazo, estocada rinconera y dos descabellos (silencio) Eduardo Gallo, de verde oliva y oro. Pinchazo y estocada trasera (silencio) En el quinto, pinchazo hondo, pinchazo y estocada. Aviso (silencio) El Capea, de tabaco y oro. Estocada (silencio) En el sexto, tres pinchazos y dos descabellos (silencio) ZABALA DE LA SERNA CASTELLÓN. Desfilaron por el ruedo, antes del paseíllo, unos señores miembros de una peña vestidos de enterradores. Todos de negro, con sus sombreros de copa, como el cochero del Conde Drácula. Premonitorio de lo que sería la corrida de La Martelilla, un funeral de toros descastados y toreros mecánicos y sin alma. Salvo El Cid, que le pone gusto, sal y cintura. Pero los enterradores del tinglado no fueron los graciosos que luego se sentaron en el tendido. Los enterradores reales se visten de taurinos que aman, en teoría, la Fiesta y que después aparecen con una corrida mal presentada, desigual a más no poder. Los que la reseñan, la compran y la embarcan. ¿O es que la casa Chopera y la casa Lozano, que apoderan a Gallo y Capea, carecen de fuerza para hacerse con una corrida bonita, armónica y bien presentada para lo que se requiere en Castellón? En los momentos que atravesamos, cuando se han disparado todas las alarmas, parece una irresponsabilidad sin límites provocar a los públicos. El inválido cuarto, un novillote con una vaina partida, desató las iras del personal, todavía con menos trapío que segundo y tercero, que se tapaban un tanto por la cara. Tan pésima idea resultó esa selección como incluir un zambombo de 632 kilos como el quinto, cuya presentación desbarra tanto como la de su raquítico hermano. El Cid, en un torero muletazo El Cid pagó los platos rotos. Precisamente El Cid que se ha ganado a sangre y fuego su inclusión en carteles estelares de ganaderías de garantías (sic) Mas tampoco acertó su cuadrilla, o quien fuere, al echar por delante al colorado y fuerte primero. Un error. Manuel Jesús presentó pronto la muleta en los medios, en una larga distancia. Y se puso a torear con sentido y temple. El toro se abría mucho, con una nobleza quizá huidiza que acabó siendo víctima de su propia falta de fuelle y transmisión. La faena se desarrolló justa y medida en terrenos, espacios y tiempo. Ligó sobre ambas manos y anduvo convencido de sí mismo, con torería. Pinchó una vez y acudió al tercio a recoger una sonora ovación. Mientras El Cid se ha dejado la piel por los caminos para ser incluido en este tipo de corridas, otros, léase Gallo y El Capea, lo han logrado por la vía rápida de pertenecer a las grandes cuadras del toreo. Del Gallo que se lanzó con la Puerta Grande de novillero en Madrid, poco se vislumbró ayer. ALBERTO DE JESÚS Su cuadrilla descornó contra un burladero al que estrenaba su lote; al sobrero de El Sierro lo castigó en una larga vara en el caballo para, a continuación, mostrarse desinflado y apático. Su enemigo, para más inri, sufrió un durísimo volatín. Se justificó más con el arrimón final- -claramente ahí, en la corta distancia, halla más su sentido del toreo- -ante el noblote mamotreto del quinto, con el que también se curó en salud con dos puyazos. Fue una faena totalmente derechista y adocenada. Capea salió arreado con un farol de rodillas. Su actuación se resume casi a eso. No sirvió el toro, que derrotaba violento en la muleta, y no se dio coba. Ante el sexto, que se movió con sosa bondad, su mecanicismo se conjugó con movimientos deslavazados que terminaron en un trío de pinchazos sin convicción y dos descabellos que evitaron seguir con el mal trago de pasar otros volapiés. Los enterradores peñistas marcharon cargados de ginebra; los otros, los de verdad, que clamen y lloren menos y trabajen más.