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48 Sociedad VIERNES 4 3 2005 ABC Ciencia El Hombre de Flores tenía un cerebro inteligente encerrado en un cráneo diminuto Una exploración virtual del fósil craneal detecta indicios de una compleja capacidad cognitiva b Los nuevos análisis demuestran Homo floresiensis Origen. El Hombre de Flores evolucionó a partir de una población de Homo erectus que quedó aislada en la isla de Flores hace cientos de miles de años. Anatomía. Medía sólo un metro de alto y su cerebro era tan pequeño como un pomelo. Los huesos de la pelvis y de la cara eran robustos y primitivos. La forma y la estructura del cráneo eran claramente del género Homo. Capacidad cognitiva. Pese a su pequeño tamaño cerebral, tenía capacidades y comportamientos destacables. Conocía el fuego, fabricaba herramientas de piedra y cazaba en grupo. Hábitat. Vivía en cuevas en las húmedas s elvas de la isla Flores, junto a reptiles gigantes y mamíferos enanos, como el desaparecido elefante Stegodon. Desaparición. Los científicos creen que se extinguió hace 12.000 años, debido a una erupción volcánica nes con cráneos de Homo sapiens, incluyendo los de un pigmeo y un humano moderno con microcefalia. Los resultados de este pormenorizado examen revelaron que la proporción cuerpo cerebro de esa nueva especie era similar a la de los australopitecos que habitaron África hace más de tres millones de años. Sin embargo, la forma y la estructura del cerebro del Hombre de Flores era similar a la de Homo erectus, homínidos que hace dos millones de años salieron de África y comenzaron colonizar Asia hasta Indonesia. Sin embargo, algunas diferencias resultan apreciables, como un lóbulo temporal de mayor tamaño. Ese rasgo distintivo es la clave que permi- que ese homínido enano, cuyos restos se descubrieron en una isla de Indonesia, podía fabricar sofisticadas herramientas de piedra A. AGUIRRE DE CÁRCER MADRID. El diminuto Hombre de Flores la especie humana que vivió hasta hace sólo 12.000 años en una remota isla de Indonesia, tenía el cráneo tan pequeño como el de un chimpancé, pero su cerebro poseía todas las estructuras neurológicas necesarias para poder procesar las funciones cognitivas complejas que se precisan para fabricar herramientas o cazar animales. Así lo demuestra un detallado análisis virtual con tomografía del cráneo de Homo floresiensis, cuyo hallazgo fue presentado el pasado octubre por paleontólogos de Australia e Indonesia en un revolucionario estudio científico publicado por la revista Nature Cuando los científicos descubrieron ese cráneo en una cueva de la isla de Flores, junto a una mandíbula y otros huesos en sedimentos de 18.000 años de antigüedad, encontraron junto a esos fósiles industria lítica que suscitó rápidamente un interrogante: ¿cómo un homínido de sólo un metro de altura y con un cráneo no más grande que un pomelo podía ser autor de útiles que delatan cierta inteligencia? Reconstrucción virtual del cráneo del Hombre de Flores SCIENCE Los investigadores realizaron modelos virtuales del fósil con tomografía en un hospital de Indonesia te aventurar que los diminutos homínidos de la isla de Flores tenían capacidades cognitivas apreciables. El equipo dirigido por Dean Falk, de la Universidad Estatal de Florida, analizó la superficie interna del cráneo, que preserva los rasgos exteriores del cerebro. Como el cráneo era muy frágil, los científicos evitaron utilizar el método habitual en esos casos (conlleva el vertido interno de goma líquida) y optaron por realizar un modelo virtual a partir de exploraciones con tomografía en un hospital de Yakarta. Extraño experimento El hallazgo de estos rasgos cerebrales que delatan capacidad para planificar acciones demuestra que los humanos de Flores pudieron fabricar las herramientas de piedra que fueron encontradas junto a sus huesos. Útiles con ese nivel de sofisticación técnica han sido habitualmente encontrados junto a restos de humanos modernos y sólo muy raramente en los más primitivos Homo erectus. La hipótesis de este equipo científico es que el Homo floresiensis fue un extraño experimento evolutivo que surgió en la isla de Flores, donde habría quedado atrapada una población de Homo erectus. Como otros seres vivos de esa isla indonesia, aquellos homínidos evolucionaron hacia formas de tamaño enano. El aspecto del Hombre de Flores fue bien diferente al nuestro. Y no sólo por estatura y tamaño cerebral. Algunos de sus rasgos anatómicos son más primitivos que los visibles en los Homo erectus más antiguos de Java. Los huesos que rodeaban la nariz y los de la pelvis eran especialmente robustos, casi tan primitivos como los de los australopitecos. Por el contrario, la forma de los dientes, así como el grosor y proporciones del cráneo, es claramente del género Homo. Un desconocido contemporáneo Algunos científicos apuntaron la posibilidad de que, en realidad, el Hombre de Flores Hobbit como cariñosamente le llamaron sus descubridores- -era un sapiens pigmeo que probablemente padecía microcefalia, una malformación congénita caracterizada por el desarrollo de un cerebro diminuto. Ahora, el análisis tridimensional del cráneo viene a demostrar que, en efecto, perteneció a una nueva especie humana, que durante miles de años fue contemporánea de Homo sapiens (nuestra especie) y Homo neanderthalensis en Europa. El equipo científico de Australia e Indonesia, con ayuda de investigadores de las Universidades de Washington y Florida, acometió una reconstrucción virtual del cráneo del Hombre de Flores y la comparó con otras realizadas a cráneos de homínidos más antiguos (Homo erectus, Australopithecus africanus y Paranthropus aethiopecus) También se efectuaron comparacio- Los restos del pequeño homínido, de nuevo a disposición de la Ciencia J. M. N. MADRID. Mientras los científicos celebran sesudos debates sobre las lecciones evolutivas que se derivan del descubrimiento de Homo floresiensis, una dura y amarga batalla por la custodia de sus frágiles restos acaba de terminar. La semana pasada, de hecho, y en contra de lo que suele ser su costumbre, el paleontólogo indonesio Teuku Jacob entregó, en un gesto sin precedentes en toda su carrera, la mayor parte de los restos de los ocho individuos de esta nueva y pequeña especie humana. Los huesos descansan ahora en el Centro Arqueológico de Yakarta, el organismo oficialmente en- cargado de custodiar los tesoros arqueológicos de la región. Jacob, en solitario, llevaba estudiandolos desde noviembre, sin permitir el acceso de ningún otro investigador, hecho que suscitó las más duras críticas de los descubridores, que llegaron a acusarle de secuestrar sus valiosos restos