Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
56 Cultura OSCAR 2005 EL DÍA SIGUIENTE MIÉRCOLES 2 3 2005 ABC El cine y el boxeo comparten cuadrilátero y territorio sentimental. Hay al menos media docena de obras maestras entre las películas dedicadas al boxeo, y a ellas se ha sumado ahora Million Dollar Baby Cuando cine y boxeo cruzan guantes TEXTO: E. RODRÍGUEZ MARCHANTE El cine y el deporte pierden al mezclarse, como el whisky de malta y el flamenco puro. El deporte suele sentirse enjaulado en una pantalla de cine, y a una película le cuesta expresarse con naturalidad y sinceridad con el deporte dentro. Tan cierto como esto es que, cuando la combinación entre ambos funciona, ocurre con una fuerza y una potencia expresiva arrolladoras, y con una verdad tan brutal que se quedan pegados hasta tal punto que no hay modo de separarlos. Son casos contados, y salvo alguna rara excepción siempre en lo tocante al boxeo, que es el único deporte que ha encontrado su acomodo perfecto en el cuadrilatero de la pantalla, ese vertical estanque que clavó Manuel Alcántara. Esta mejor capacidad de contenerse el uno al otro entre el cine y el boxeo tiene sus lógicas, una lógica geométrica (la cuadratura les permite el encaje) y una lógica dramática que los hace compartir territorios sentimentales, paisajes y personajes. O dicho de otro modo, el boxeo es un deporte de perdedores y vencidos, aún en el mejor de los casos, aún en la aparente victoria y aunque recorran la senda de los campeones; y la figura del perdedor es una de las que mejor ha exprimido el cine con todo su caudal poético o dramático. Así se miran el cine y el boxeo: con los ojos llenos de la épica del fracaso. El boxeo le ha dado al cine una gran riada narrativa, multitud de historias que contar, cantidad de personajes y situaciones; y el cine le ha dado al boxeo una forma, un estilo, un género- -el negro- -que lo potencia y ensalza hasta que llega a lo máximo de su grandeza y de su miseria. Es cierto que otros géneros del cine han mirado al boxeo, como la comedia, pero es en el Toro salvaje de Scorsese; Gentleman Jim de Walsh; Más dura será la caída y El ídolo de barro de Mark Robson; Cuerpo y alma de Rossen... Títulos con los que está empapelado el techo del Olimpo del cine Para Clint Eastwood, el boxeo no es más que el recipiente en el que recocer el pesimismo de su mirada en Million Dollar Baby Robert de Niro, como Jack La Motta en Toro Salvaje ABC cine negro donde se da la perfecta ecuación entre gloria y desagüe. En el cine de boxeo imperecedero, el combate suele ser una mera excusa, un paréntesis narrativo de la auténtica batalla que es la existencia de sus protagonistas; en una de las mejores películas de boxeo que se han hecho nunca, Fat city de John Huston, las grandes peleas de ese púgil acabado que se llama Billy Tully (Stacy Keach en su mejor estado de desgracia) son contra sí mismo en la barra de un tugurio. Toro salvaje de Martin Scorsese; Gentleman Jim de Raoul Walsh; Más dura será la caída y El ídolo de barro de Mark Robson; Cuerpo y alma de Robert Rossen... Títulos con los que está empapelado el techo del Olimpo del cine. En todos ellos (aunque menos, sin duda, en la de Walsh) la negrura que inunda el ring es sólo una metáfora del manto depresivo y sórdido que se cierne sobre sus personajes, no siempre, o no sólo, boxeadores, sino también los de los alrededores del ring, periodistas, entrenadores, rateros, aprovechados, perdedores de apuestas, masajistas, rubias sin estilo, buscadores de oro... gente. Y rostros, Kirk Douglas, Robert De Niro, Humphrey Bogart, John Garfield... Los títulos de películas de boxeo escritos con letras de oro en la historia del cine son apenas una docena de obras deprimentes, cargadas de drama y de pérdida, húmedas y sucias como el cubo y la esponja que suben y bajan del rincón de los perdedores y de los ganadores. Y, entre ellas, se acaba de colar una enorme, grandísima, tan grande al menos como la más grande, que es Million Dollar Baby en la que media docena de personajes viven las terribles miserias de la vida del boxeo; aunque, para Clint Eastwood, el boxeo no es más que un recipiente en el que recocer el pesimismo de su mirada: la mala suerte, las fidelidades, las dudas, las heridas del combate, los complejos, la obsesión por proteger y protegerse, la ambición, la búsqueda del clavo ardiendo al que agarrarse, la tenacidad sin recompensa, la vida y el éxito sin tiempo para ser paladeados, la muerte sin tiempo para ser paladeada... Pero hay más películas de boxeo, otras, muy distintas y con otros rostros, como los de Bruce Willis (en Pulp fiction Mickey Rourke, Sylvester Stallone, Daniel Day Lewis (en The boxer en cuyo interior también se mezcla el drama con los más sórdidos fracasos personales, como en el caso de Rourke, o la épica con otros sentimientos indescifrables e intangibles, como la redención, que podría ser el caso de ese ex terrorista del IRA que interpreta Day Lewis en la película de Jim Sheridan. Y todavía habría algún hueco para