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ABC MIÉRCOLES 2 3 2005 Opinión 7 JAIME CAMPMANY Garzón se nos va nueve meses a EE. UU. país que descubrió cuando terminó su investigación de los crímenes contra Polanco LOS CRÍMENES DEL FRANQUISMO P EL RECUADRO ANTONIO BURGOS Así que ellas de tiros largos, de Versace, de Valentino, de Laroche, de Galliano, de Lanvin, un pastón, pidiendo prestadas espaldas para mostrarlas hasta la mismísima pérdida de su nombre, venga lujo, venga pedrerías. Y ellos, de trapillo LA GOYESCA DE LOS OSCAR L O hispano está de moda en los Estados Unidos. Hispano es como llamamos vergonzantemente a lo español cuando se trata de nuestra lengua o cultura en Estados Unidos. Hispano es a español como Estado Español es a España (y perdón por lo de España) Y como lo español está de moda en Estados Unidos, golpe a golpe, verso a verso, Almodóvar a Almodóvar, Amenábar a Amenábar, estamos haciendo goyesca la entrega de los Oscar. La Habana es Cádiz con más negritos y Los Angeles es Madrid con más trajecitos negritos y más corbatitas negritas. ¡Si aquello parecía el entierro de Ramón Sampedro, tanto traje y corbata negros! Ha sido adoptado como uniforme oficial de los Oscar el atuendo de los chicos del coro, del coro del no a la guerra Degenerando, degenerando, como el banderillero de Belmonte, los Oscar han llegado a parecerse totalmente a los Goya. Han hecho goyesca, goyesca de premios Goya, la ceremonia. Hay ya dos goyescas importantes: la goyesca de Ronda, con Rivera Ordóñez y dos más, y la goyesca de Hollywood, con Amenábar y dos más, que pueden ser Almodóvar y Bardem. Más que Al otro lado del río de Jorge Drexler, tenía que haber sonado Goyescas de Granados, en la película de Benito Perojo con Imperio Argentina. Antonio Banderas y Santana hubieran bordado este óle catapún en el que Goya ha hecho pasar al Oscar por el Arco de Cuchilleros, y óle, catapún, pun, pun. Así que ellas de tiros largos, de Versace, de Valentino, de Laroche, de Galliano, de Lanvin, un pastón, pidiendo prestadas espaldas para mostrarlas hasta la mismísima pérdida de su nombre, venga lujo, venga pedrerías. Y ellos, de trapillo. De trapillo negro, pero trapillo. Goya ha hecho que los Oscar también manden el esmoquin a mejor vida. Vas de esmoquin a los Oscar y lo más probable es que, salvo que te llames Clint Eastwood, no te entreguen una estatuilla, sino que te pidan un güisqui con soda, porquete confundan con un camarero del cáterin, del Katheri- ne Hepburn naturalmente. Eso mismo es lo que pasaba aquí en los Goya: ellas de Oscar, de Oscar de la Renta, para arriba, y ellos de camisetilla negra guarra y sudada bajo la chupa de cuero. En Hollywood han aceptado el goyesco trapillo masculino junto al glamur femenino. Iban todos algo así como de palmeros de Peret o del que toca el cajón flamenco con José Mercé. Las jóvenes promesas han jubilado la corbata de lazo y la camisa con cuello de pajarita y pechera dura, almidonada. Hollywood copia a los Goya y se llevan el premio de lo que le ocurre al que la copia. Mariano Rajoy me comentaba un día su perplejidad en esto de la etiqueta de las galas cinematográficas. Cuando era ministro de Cultura, tuvo que presidir la entrega de los Goya. Como la invitación ponía que la etiqueta era esmoquin para los caballeros y traje largo para las señoras, Rajoy se vistió de esmoquin y Viri, su mujer, de largo. Y cuál no sería su sorpresa cuando llegaron al acto y vieron que allí cada uno iba de su padre y de su madre, hasta con chalecos de punto modelo Mar adentro Así subieron por sus estatuillas los artistas y directores premiados y se contaban con los dedos de una mano los esmóquines y las corbatas de lazo. Pero he aquí que semanas más tarde hubo una película española entre las finalistas de los Oscar. Y vio entonces el ministro de Cultura en la entrega de los Oscar cómo aquellos mismos premiados artistas españoles que con sus camisetas negras le habían hecho sentirse ridículo con su esmoquin en los Goya, iban en cambio perfectamente vestidos tal como exigía la etiqueta de Hollywood. Eso: exigía. Ahora también han triunfado allí los trapillos goyescos. Se ha impuesto la goyesca etiqueta de Caiga quien caiga El esmoquin ha caído como el Imperio Romano en la película de Anthony Mann. Y ha vestido a Amenábar tan de negro riguroso que yo no sabría si felicitarlo o darle el pésame. ¿No sería que le estaba guardando el luto a Ramón Sampedro? UES, nada, ahí es nada, que Baltasar Garzón quiere investigar ahora los crímenes contra la Humanidad cometidos durante el franquismo. Yo creo que antes de tomar unas vacaciones en la Audiencia Nacional y marcharse a Estados Unidos debería dejarse firmada una orden de busca y captura contra el general Franco. Y para eso quiere formar una comisión de la verdad Dios mío, se nos viene encima otra Comisión u otro Comité. Éramos pocos y parió la burra. Ya tenemos la Comisión parlamentaria del 11 de marzo, que no logra el acuerdo para redactar las conclusiones y ahí andan los representantes de los partidos políticos como perros y gatos. Tenemos la Comisión de Salomones, ese ilustre Comité de Sabios que ha elaborado un informe sobre Televisión Española en el cual se deja la situación igual que la que tenemos y las cosas como están, sólo que peor. Contamos con una Comisión de Expertos en Archivos que dictamina la conveniencia de desguazar el de la Guerra Civil de Salamanca para llevarse parte de sus papeles a Cataluña y darle en el gusto a Carod- Rovira. Disponemos del Consejo Escolar del Estado, otra comisión que preside doña Marta Mata y que aprueba con su voto de calidad que los niños españoles no estudien Religión en la escuela pública y que se rompan los acuerdos con la Iglesia Católica en materia de Enseñanza. No podemos olvidar la Comisión unipersonal del Alto Comisionado para el Apoyo de las Víctimas del Terrorismo, que va a terminar como el rosario de la aurora. Estos sociatas nuestros, primero crean el problema y después nombran una Comisión para que lo estudie. Y encima llega Garzón, que está siempre en medio como los jueves y que qué boda sin la tía Juana, y propone una Comisión para investigar los crímenes del franquismo, que a buenas horas, mangas verdes. Tratándose del franquismo, tendríamos que investigar los crímenes de la preguerra, de la guerra y de la posguerra, la participación en ellos del nazismo, el fascismo y el estalinismo, las Brigadas Internacionales, los muertos de unos y otros, desde el paseo a Calvo- Sotelo al garrote vil de Puig Antich, el asesinato de García Lorca o el fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera. Hala, hala, a desenterrar los cadáveres de la Causa general la plaza de toros de Badajoz, los marinos arrojados al mar en Cartagena con el pedrusco al cuello, el bombardeo de Guernica, la lavativa de cemento de los milicianos, la larga procesión hacia el martirologio, los juicios sumarísimos y la matanza de Paracuellos. A este Garzón, con tal de estar en el candelabro de Sofía Mazagatos, le da lo mismo interrogar a Pinochet que al cadáver de Franco en el Valle de los Caídos, y ahora, y ya que no ha interrogado a Fidel Castro ni a Sadam Husein, con esta comisión de la verdad podría interrogar a Líster, al Campesino y a Santiago Carrillo, que a ése lo tiene más a mano. De momento, los vivos y los muertos de la Guerra Civil tienen nueve meses de respiro. Baltasar Garzón pasará un período de gestación en Norteamérica, país que descubrió cuando terminó la investigación de los crímenes contra Polanco.