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ABC MARTES 1 3 2005 Cultura OSCAR 2005 CLINT EASTWOOD, RUMBO A LA GLORIA 57 MILLION DOLLAR BABY Nacionalidad: EE. UU. 2004 Duración: 132 min. Género: Drama Dirección: Clint Eastwood Guión: Paul Haggis y F. X. Toole Intérpretes: Morgan Freeman, Jay Baruchel, Clint Eastwood y Mejor Película: Million Dollar Baby Hilary Swank Mejor Director: Clint Eastwood Música: Clint Eastwood Mejor Actriz: Hilary Swank Mejor Actor de Reparto: Morgan Freeman Fotografía: Tom Stern RAY Nacionalidad: EE. UU. 2004 Duración: 152 min. Género: Drama Dirección: Taylor Hackford Guión: James L. White Intérpretes: Jamie Foxx, Kerry Mejor Actor: Jamie Washington, Clifton Powell, Harry Foxx; Mejor Sonido: Lennix y Terrence Dashon Howard Scott Millan, Greg Orloff, Bob Beemer y Música: Craig Armstrong Steve Cantamessa Fotografía: Pawell Edelman Cate Blanchett, Morgan Freeman, Hilary Swank y Jamie Foxx (de izquierda a derecha) sostienen sus respectivas estatuillas efecto colateral un fulano sospechoso, un reaccionario y sin compromiso Pero el cambio y la consideración le llegó con Sin perdón obra maestra en la que el protagonista, el asesino Munny, despacha sin piedad, o, al menos, sin juicio, a los que se cruzan con su código ético... tal y como hacía entre dentelladas progres aquel Harry el Sucio, que fue la cara y la cruz de Eastwood. También la tuvo John Ford, al que hoy veneran, y la tiene Mel Gibson, al que venerarán en su momento. Bien, está dicho, Eastwood no es un actor, no sabe fingir, pero por eso mismo es incapaz de construir una carcasa para Frankie Dunn: nos lo pone delante en carne y hueso. El personaje que es Eastwood en Million Dollar Baby está cargado de sí mismo y de todos los interpretados antes por él; ese viejo entrenador acabado es sin duda alguien completo, complejo, que arrastra el pasado atroz de Munny, el vacío de Kincaid, la estela mítica o alegórica de El jinete pálido los miedos y fantasmas que pueblan Mystic River Es alguien que se desgañita en silencio, que sabe que la cuerda que rodea el ring puede ser la misma que la que cuelga de la horca, que conoce cada una de sus deudas y no está dispuesto a irse sin pagarlas, un tipo que ya no busca y que a pesar de ello aún le quedan restos de duda... Frankie Dunn y Clint Eastwood son en eso iguales, y ninguno se arriesgará ya nunca a tirar tarde la toalla al ring. No darles un Oscar era fácil, lo difícil es sacárselos de encima. EPA COMPARACIONES ODIOSAS (Y OCIOSAS) EDUARDO TORRES- DULCE LIFANTE a Academia hollywoodiense nos ha regalado por primera vez en muchos años un Oscar como es debido a quienes seguimos pensando y viendo el cine en términos clásicos, esto es, como quería el maestro Hitchcock, como el arte de crear emociones, un delicado pero poderoso instrumento para narrar historias sobre seres humanos, una manera de entretener a la tribu reunida nuevamente en la oscuridad y alrededor de una hoguera. Clint Eastwood viene siendo desde hace años el único cineasta, quizás con Woody Allen, capaz de rodar sus películas bajo esos principios clásicos, sin concesiones a estéticas de videoclips o funambulismos de temas políticamente correctos, por no hablar de megaproyectos escuálidos en personajes o situaciones y maximizados en efectos especiales de naturaleza digital. El jinete pálido Sin perdón Un mundo perfecto Los puentes de Madison Deuda de sangre o Mystic River nos restituyen un universo en el que la naturaleza humana es contemplada con una mezcla de dureza y romanticismo, de individualismo feroz, de pesimismo teñido L de fe en los valores morales que un sacrificio sin aparente sentido parece negar. En sus puestas en escena, Eastwood, que rueda muy rápido y sin concesiones de ningún tipo, relumbra un estilo muy sobrio pero no menos sofisticado en sus mecanismos visuales; el espectador debe ver para comprender. Million Dollar Baby es una obra maestra y el tiempo, ese juez implacable para con los artistas, no hará sino profundizar en el juicio favorable. Merced a un escalofriante guión de Paul Haggis, esa voz dolorosamente evocadora de Morgan Freeman deletrea una carta a un fantasma que es a la vez una elegía para el amigo que se ha ido y una fe de vida sobre el dolor de vivir, la amistad, la muerte o el desamor. Million Dollar Baby no trata sobre el boxeo o la eutanasia, aunque el primero sea el leit motiv que impulsa el relato y la segunda sea el dilema moral y religioso al que se enfrenta Eastwood; Million Dollar Baby trata sobre la soledad, sobre cuán caros pagamos los errores que cometemos en la vida, sobre las dudas religiosas, sobre la amistad, la entereza moral, la familia, la paternidad. Eastwood tiene que decidir sobre la vida de una persona; religiosamente pide consejo y humanamente se enfrenta a una decisión que le religa a un pasado con una hija desvanecida en el silencio y a una vida de códigos profesionales y morales construidos sobre la protección y la supervivencia. Million Dollar Baby puede suscitar dudas o rechazos, pero es muy coherente, nada oportunista y muy sincera y ese final, en el que la voz de Freeman y el recuerdo fantasmal de Eastwood y su hija se funden en un cafetucho de carretera en el que una vez atisbaron pequeñas pizcas de paraíso, nos permite evaluar el desgarramiento de la decisión del baqueteado preparador de boxeadores. Felicidades para Amenábar y Mar adentro que se une a una nómina que inició Garci, al que siguieron Trueba y Almodóvar, pero no comparemos la muy discreta película española con la de Eastwood. El tema de la eutanasia es central en Mar adentro aunque yo creo que es más una película sobre el suicidio, y se trata con unas perspectivas más suaves, más lineales y menos comprometidas que en Million Dollar Baby en la que no es el tema central sino la culminación narrativa de una mirada profunda y compleja sobre la manera de vivir. La decisión de Eastwood no se adopta sino en medio de una profunda turbación moral en la que la hondura de sus convicciones y dudas religiosas se expresa con limpieza y honradez expositiva y no de modo esperpéntico, como desgraciadamente hace Mar adentro Personalmente, Million Dollar Baby me emociona en grado sumo y con su final abierto me permite una libertad que me niega Mar adentro