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10 MARTES 1 3 2005 ABC Nacional Pujol irrumpe en la crisis para encabezar la ruptura total de CiU con el gobierno catalán Mas no acudirá a la segunda convocatoria de Maragall, quien ha pedido calma en privado a Piqué b El ex presidente de la Generalitat acusa al líder socialista de provocar una ruptura profunda en el país para sacarse la presión que supone la crisis del Carmelo MARÍA JESÚS CAÑIZARES BARCELONA. Los teléfonos dejaron de sonar el pasado viernes. Ni Pasqual Maragall ni Artur Mas parecen estar dispuestos, al menos de momento, a levantar el pie del acelerador de una crisis sin precedentes en el panorama político catalán, consecuencia de las acusaciones de corrupción lanzadas por el presidente de la Generalitat en sede parlamentaria contra el gobierno de CiU. El dirigente socialista se niega a rectificar, mientras que la federación nacionalista insiste en señalarle como el principal responsable de la ruptura profunda del país según el ex presidente autonómico, Jordi Pujol. El histórico dirigente de CiU regresó ayer a la política activa para hacer una declaración en la que alude a la gravedad que supone que para sacarse de encima su presión, el president provoque una ruptura profunda en el país, produzca el descrédito de la clase política, dañe la credibilidad de la Generalitat y perjudique gravemente la imagen de Cataluña EFE Carod, el pacificador El presidente de ERC, Josep Lluís Carod- Rovira, aseguró ayer que Maragall se equivocó al lanzar las acusaciones de corrupción contra CiU en sede parlamentaria, y anunció que enviará una carta al dirigente catalán y a Artur Mas en la que les instará a recuperar el diálogo. Reencuentro con el fiscal Jordi Pujol, que siempre ha hecho gala de un talante conciliador, bendecía de esta forma la decisión de su delfín de romper cualquier tipo de diálogo con la Generalitat, al tiempo que aprovechaba su intervención para asegurar que no le tiene miedo ni a la comisión parlamentaria ni al fiscal jefe de Cataluña, José María Mena, que ha abierto una investigación sobre las acusaciones, lanzadas por Maragall, sobre el supuesto cobro del 3 en la adjudicación de obras públicas durante el gobierno de CiU. Se da la circunstancia de que Mena fue el fiscal que, hace más de veinte años, quiso procesar a Pujol por el caso Banca catalana Esto, añadió el veterano político, no da miedo a CiU ni a mí mismo, máximo responsable de la obra hecha por el gobierno durante estos años Pese a esta judicialización política, tanto Maragall como Mas desean salir de este callejón sin salida- -fuentes de la federación reconocían a ABC que una querella por calumias contra el dirigente socialista, que podría presentarse en las próximas horas, es la peor salida- pero ninguno quiere ser el primero en asumir errores. Y un error, en opinión de algunos, ha sido la decisión de CiU de utilizar la reforma El otro socio de gobierno, ICV, también cuestionó la actuación del presidente de la Generalitat a través de Joan Saura, consejero de Relaciones Institucionales del gobierno catalán, quien aludió a los excesos verbales del líder socialista y pidió que la solución del problema del Carmelo sea la prioridad LA EXCUSA EDUARDO SAN MARTÍN lo largo de los últimos meses, el secretario general de CiU, Josep Antoni Duran, había repetido en público y en privado su íntima convicción de que las negociaciones para un nuevo estatuto catalán no iban a prosperar. La más reciente, durante una entrevista difundida este fin de semana por una cadena de televisión. Si me pregunta lo que yo pienso, no habrá nuevo Estatuto La conversación había sido grabada antes del rifirrafe del Parlament. El de la ruptura de las negociaciones era, en efecto, un escenario con el que trabajaba hace tiempo la cúpula de CiU, si bien es cierto que con un guión distinto. En su análisis, ERC y el PSC A serían incapaces de acordar un texto que pudiera ser asumido por la dirección federal del PSOE. Y, si lo fuera, la propia CiU explotaría en su beneficio una hipotética actitud entreguista por parte de la familia independentista del nacionalismo catalán y elevaría sus propias exigencias al límite. Hace apenas un mes, algún destacado miembro de la Ejecutiva del PSOE compartía la primera parte del análisis. El hilo de tal razonamiento conducía, como conclusión inevitable, al adelantamiento de las elecciones, una hipótesis que maneja la dirección de CiU desde antes de las Navidades. Ello permitiría, en la visión de CiU, un nuevo reparto de cartas dentro del nacionalismo después del castigo que le infligió el electorado en los comicios de 2003. Los convergentes no pensaban, sin embargo, romper unilateralmente la baraja de la negociación en la medida en que tal decisión no sería entendida por una mayoría del electorado catalán a quien se ha vendido la idea del nuevo Estatuto como una panacea universal. Salvo que se les proporcionara una excusa suficientemente sólida. En cuyo caso, harían embarrancar el proceso en nombre del interés general, o de la dignidad herida. La deplorable representación parlamentaria puesta en escena a propósito de la crisis del Carmelo bien podría ofrecer esa coartada, tal como adelantó el propio Artur Mas en ese mismo debate. No es seguro sin embargo, a pesar de las apariencias de las últimas horas, que se haya llegado al punto de una ruptura irreversible. En cualquier caso, y en función del horizonte político por el que apuesta CiU, Maragall no debe esperar que la coalición le haga grandes rebajas a la hora de negociar la reparación del entuerto.