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ABC MARTES 1 3 2005 Opinión 7 JAIME CAMPMANY No rectificar, como hace Zapatero con Peces- Barba, será cosa de necios. Los tontos persisten siempre. Pues eso. Y ¡Gregorio, dimisión! EL IRRISORIO COMISIONADO P IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA Se diría que los artistas e intelectuales comprometidos se han tomado unas vacaciones después de las agotadoras horas extraordinarias del final de la pasada legislatura LA ATRACCIÓN DEL ABISMO N O es España la que camina hacia el abismo; son algunos de sus dirigentes menos responsables quienes la conducen a él, hacia una especie de suicidio anunciado y ritual. Basta repasar algunas de las noticias más recientes para confirmar el diagnóstico. Las primeras proceden de Cataluña. El paradigma de la pretendida modernidad deviene apoteosis del más barojiano de los cutre- casticismos. La nómina casi exime del comentario. El desprecio a las víctimas del barrio del Carmelo ha venido acompañado de las maneras desinformativas propias de las dictaduras. Por lo demás, se diría que los artistas e intelectuales comprometidos se han tomado unas vacaciones después de las agotadoras horas extraordinarias del final de la pasada legislatura. El presidente de la Generalidad acusa a los anteriores gobiernos de Convergencia de robar (resistamos, en lo posible, a la tentación eufemística) Ante la amenaza de los nacionalistas (de los otros nacionalistas, para ser exactos) de romper el consenso para la elaboración del nuevo Estatuto, exhibe su jardielesco corazón denunciante con freno y marcha atrás. Difícil situación moral para Maragall: o mintió en la denuncia o encubre ahora, por interés político, el delito. Y, mientras tanto, en un alarde de esperpéntica coherencia, el Valle de Arán reclama su secesión de Cataluña y apela a un estatuto de territorio libre asociado. El nacionalismo recibe su propia medicina. Y digo coherente (aunque esperpéntico) porque la lógica separatista o autonomista radical lleva al cantonalismo cartagenero. Si Cataluña no ha de soportar el peso del desequilibrio entre los pueblos y regiones de España (en el más que dudoso caso de que su desarrollo pueda ser imputable a méritos propios y no al trabajo de los españoles, catalanes incluidos) no es difícil entender que el próspero Valle turístico no quiera hacerse cargo de los servicios sociales de los trabajadores del resto de Cataluña, muchos ni siquiera catalanes. La insolidaridad y el egoísmo producen más de lo mismo. Y el bien común corre, mientras tanto, la misma suerte incierta que España. Pero, eso sí, los gastos del Carmelo deben ser pagados por el Estado, esa ficción que nos suple, entre otros millones de españoles, a usted, amabilísmo lector, y a mí, seamos o no catalanes. Y a las Vascongadas, mejor ni mirar. El PNV y EA, asumiendo el programa máximo de ETA, reclaman la república vasco- navarra. Poco importa que cientos de miles de vascos se hayan tenido que exiliar de su país. O allí no hay democracia, o España innova exhibiendo el primer caso universal de democracia que genera exilio. Tampoco cabe olvidar a esos profesores vascos represaliados laboralmente por no ajustarse al perfil lingüístico Y el presidente del Gobierno, en su Arcadia inesperada y feliz, anuncia sonriente la apertura del proceso de reforma constitucional. Tal vez sería buena ocasión para que los millones de españoles hartos del atentado secesionista a la unidad de España y al bien común, que incluye sobre todo el de los más pobres y marginados, se planteen la posibilidad de defender una reforma de la Constitución a favor de la unidad nacional y de la solidaridad con los más pobres y en contra del separatismo y de la insolidaridad entre las regiones, es decir, una reforma que, contrariando los designios hispanicidas, reivindique el fortalecimiento del Estado y del bien común. Y, de paso, también una reforma de la ley electoral, pues no es bueno que la legislación recompense traiciones. El espectáculo es casi propio del infierno dantesco: ¿se hará finalmente el harakiri una de las naciones más viejas y prósperas de Europa? La verdad es que ninguna estupidez es inocua, pero hay algunas que matan. El abismo, al parecer, atrae. OCO tacto, poco acierto, escasa discreción y ni siquiera un asomo de espíritu de justicia ha mostrado Gregorio PecesBarba en el estreno de ese su inventado cargo de tan rimbombante título: Alto Comisionado para el Apoyo de las Víctimas del Terrorismo, y de tan alto cayó. A las pocas semanas o a los pocos días de su nombramiento, empezó a hacer desaguisados y a meter patas con tal entusiasmo y empecinamiento que las Víctimas han terminado por informar a su creador, hacedor y protector, el dedócrata Rodríguez Zapatero, que ahí te quedas, mundo amargo, y han roto toda relación con su Protector oficial. No nos proteja tanto, Presidente. No nos mande más jamones le habrán dicho las Víctimas al creador del Comisionado. Imaginen ustedes cómo estará ese patio para que las Víctimas hayan manifestado que prefieren a un ministro. En un decir ¡Jesús! el Alto Comisionado dejó a las Víctimas partidas de gala en dos, o sea, como el rubí de los labios de la bella en palabras del poeta, y puso a un lado las víctimas del terrorismo etarra y a otro lado las víctimas del 11- M, logró enfrentar sus opiniones y consiguió ponerlas en levitación con la insinuación de plantear un indulto o perdón a los terroristas sin delitos de sangre. En definitiva, el Rector Magnífico se ha exhibido en un magnífico batacazo. Y ha sido el suyo un batacazo tan rápido y tan cercano al nombramiento que ha superado a la ministra de cuota comisionada para el Apoyo de la Cultura, Carmen Calvo. Forman una pareja de baile en el fracaso de su comisión política. Por cierto, que ese título tan empinado y ostentóreo que luce Peces- Barba tiene que haberse cocido en el caletre del propio don Gregorio. Ese título no se le ocurre a nadie que no sea o haya sido rector de una Universidad, presidente del Congreso de los Diputados, padre de la Constitución y además soltero. Eso no se le ocurre a un casado. Si yo llego un día a casa diciendo que me han hecho Alto Comisionado de Apoyo a cualquier cosa, mi mujer agarra un rebote de padre y muy señor mío y empieza a registrarme clandestinamente los bolsillos del traje. Tenga Dios de su divina mano a las Víctimas, que después de ser víctimas del terrorismo tienen que soportar el hecho de ser también víctimas de Peces- Barba. Y de paso, o mejor dicho, de retruque, tienen que ser víctimas de Rodríguez Zapatero, que se ha equivocado con ellas dos veces por su costumbre de mantenella y no enmendalla, o lo que es lo mismo por su manía de seguir erre que erre. Primero erró en el nombramiento, y en vez de poner al frente de las Víctimas del Terrorismo a un comisionado de hierro, les facilitó el apoyo de un milhombres de materia blanda y moluscular Ahora, Zapatero se ha equivocado por segunda vez al desoír el clamor de las Víctimas para que les quiten de encima el edredón rectoral de Peces- Barba. Pase el primer error, pero no tiene perdón el segundo, porque se ve muy clara la razón que tienen los que se quejan. Dicen que rectificar es de sabios, y si eso es así, el no rectificar será de necios. Los tontos suelen persistir en sus tonterías. Pues, eso. Y ¡Gregorio, dimisión!