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4 Opinión MARTES 1 3 2005 ABC Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA PRESIDENTE DE HONOR: DIRECTOR: Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil IGNACIO CAMACHO EL CINE Y LA VIDA B UENAS noticias para el cine español: el éxito de Mar adentro Oscar a la mejor película en lengua no inglesa, sitúa a Alejandro Amenábar en esa selecta y exclusiva relación de triunfadores en la que sucede al pionero José Luis Garci y a Fernando Trueba y Pedro Almodóvar. Hollywood ha ofrecido un año más al mundo entero su faceta más brillante y universal. Esta vez no hay lugar para la polémica, ante el mérito indiscutible de Clint Eastwood y su Million dollar baby aunque sea a costa de relegar a una película notable, El aviador obra de otro gran director como es Martin Scorsese. Por suerte o por desgracia, no pueden ganar el Oscar todos los que lo merecen. Grandeza y servidumbre del séptimo arte, sin duda la mejor ilustración de la sociedad del espectáculo que define al siglo XX y que ha comenzado el siglo XXI en la plenitud de su expresión artística. Clint Eastwood, norteamericano, consagrado hace tiempo y cercano en política al Partido Republicano, afronta con valentíaun dilema moral que coincide al menos en parte con el planteado por Amenábar, europeo, mucho más joven y adscrito a posturas que se califican a sí mismas como progresistas Los enfoques, sin embargo, son muy diferentes, uno más cercano al sentimiento y al cariño personal y el otro, en cambio, a la razón abstracta e intemporal. Es llamativo en este sentido que los partidarios de una y de otra película no suelen coincidir en sus puntos de vista moral y político. El cine (espejo de la realidad, pero ficción al fin y al cabo) lleva hasta el límite las situaciones más complejas que pueden plantearse a los seres humanos. En este caso, nos pone en presencia de la eutanasia, conflicto supremo entre la vida y la muerte. Un problema complejo en el que inciden principios religiosos, morales y sociales, objeto de un debate que debe ser afrontado con rigor y también con sosiego, sin caer en el dogmatismo ideológico o en ese oportunismo producto de la precipitación que se percibe más de una vez en los proyectos del Gobierno socialista. El proceso de la civilización impone sus propias reglas. Desde el punto de vista moral, la vida humana no puede ser objeto de disposición por el Estado: de ahí la condena sin excepciones que merece la pena de muerte. Tampoco puede quedar en manos de terceros, incluso dando por descontadas las mejores intenciones filantrópicas o humanitarias. Ni siquiera es disponible la propia vida para su titular, mucho menos en situaciones límites en las que- -por la naturaleza de las cosas- -la razón queda obnubilada ante circunstancias que la superan. Sentados los principios, la casuística exige también atender a matices y perspectivas que permitan ilustrar la conciencia personal en las decisiones más delicadas. Una película, como cualquier otra expresión artística, atiende al dato excepcional y no a las pautas sociológicas comunes. Esta última, en cambio, debe ser la preocupación propia del legislador y, en este sentido, la regulación vigente en España goza de un grado razonable de aceptación social y ofrece a los jueces la flexibilidad necesaria para adaptar la norma al caso particular, de acuerdo con los principios capitales del Derecho Penal. Desde otro ángulo, hay muchas personas que desarrollan día a día una conducta ejemplar por su sacrificio personal, por el cuidado de los enfermos o por la lucha contra el deterioro inevitable de la condición humana. Todas ellas merecen un profundo respecto y no conviene olvidar ese modelo de dignidad y espíritu de servicio que no se resigna a dejarse llevar por consideraciones puramente hedonistas. Quienes dan lo mejor de sí mismos al servicio de los demás merecen un reconocimiento que no siempre les otorgan las sociedades, marcadas por la razón utilitaria. En todo caso, es propio de la auténtica obra de arte promover una reflexión profunda sobre los grandes problemas éticos y políticos. Es buena señal que los Oscar de Hollywood, más allá de su elemento frívolo y mundano, contribuyan a un debate que el mundo desarrollado se va a plantear sin remedio a lo largo de los próximos años. MASACRE EN IRAK A brutalidad terrorista sigue dando dentelladas en Irak. Ayer lo hizo de nuevo, esta vez dejando tras de sí un atroz balance de desolación y muerte: más de un centenar de fallecidos y varios cientos de heridos de distinta consideración. De este modo se confirma que asesinar en Irak sigue siendo relativamente fácil. Sobre todo cuando se actúa de forma indiscriminada, tal y como sucedió ayer con el coche bomba que condujo un terrorista suicida contra cientos de iraquíes que hacían cola para obtener el certificado médico exigido para buscar un puesto de trabajo en la Administración. Otras veces ha sido frente a un hospital, en una panadería... Sin ánimo de aminorar el alcance terrible de la tragedia, con todo, el atentado de ayer revela muchas más cosas que el cruel balance apuntado más arriba. En primer lugar, demuestra la debilidad de los terroristas: golpean cuando y como pueden. Si no pudieron afrontar una masacre de este calado durante una jornada electoral que les ofrecía miles de colas de iraquíes que acudieron masivamente a votar es, sencillamente, porque ya no tienen capacidad para ello. Y, en segundo lugar, pone de manifiesto que la decisión que llevó a los ciudadanos iraquíes a las urnas mayoritariamente es la misma que los moviliza cotidianamente a desafiar la amenaza y el chantaje del terror: su deseo de normalizar su vida y apostar por la tímida esperanza que porta consigo un país que trata de mirar hacia delante de la mano de su progresiva democratización, bien acudiendo a votar, bien sometiéndose- -como sucedía con las víctimas de ayer- -a un chequeo médico que les permita trabajar para su Gobierno. Así las cosas, Irak afronta la dura encrucijada cotidiana de ver cómo va dejando cada vez más atrás lo que significó la tiranía de Sadam Husein. De hecho, la detención de su hermanastro, Sabawi Ibrahim, evidencia que la sociedad iraquí va poco a poco despejando el camino hacia su normalización. Es indudable que el coste en vidas humanas es un lastre difícil de sobrellevar. El hecho de que el atentado de ayer haya sido el más sanguinario desde la caída de Sadam supone un durísimo golpe para la estabilidad del proceso democrático abierto en el país. Especialmente cuando la mayoría de las víctimas son chiíes y se discute sobre quién recaerá la formación de gobierno y cuáles serán los partidos que, en torno a la Alianza Unida Iraquí- -de confesión chií- habrán de sustentar a aquél. Irak se juega su futuro, y éste pasa únicamente por ver consolidada la democracia sin terror ni venganza. L COMISIONADO ¿DE QUIÉN? A falta de sensibilidad del Gobierno con la Asociación Víctimas del Terrorismo se hizo ayer patente durante la reunión de sus representantes con José Luis Rodríguez Zapatero. A la salida, la AVT anunció que rompía sus relaciones con el Alto Comisionado del Gobierno, Gregorio Peces- Barba, y que su comunicación con el Ejecutivo se mantendría, como hasta ahora, a través del Ministerio del Interior y su oficina de atención a este colectivo. La situación actual no tiene precedentes y supone un paso atrás muy grave en el proceso histórico de reparación moral a las víctimas, tras tantos años de silencio. Zapatero rechazó la petición de la AVT de cesar a Peces- Barba, actitud previsible desde el momento en que el Alto Comisionado parece que fue nombrado para misiones distintas a las de favorecer la cohesión de las víctimas y la mejora de su situación material, legal y social. L El jefe del Ejecutivo sabrá cuáles son los motivos por los que la continuidad de Peces- Barba compensa la crisis con la asociación mayoritaria. Cualquier explicación posible es mala, sobre todo porque la elección de Peces- Barba representa la ruptura del consenso político que se fraguó entre PP y PSOE sobre la institucionalización del respaldo a las víctimas, como parte del Acuerdo por las Libertades y contra el terrorismo. Peor aún, su nombre está asociado a una progresiva pérdida de confianza de las víctimas en el Gobierno. Su nombramiento fue partidista y así lo constatan los afectados. Esta crisis es un error que debe reparar urgentemente Zapatero, porque Peces- Barba no es más importante que el valor moral que aquéllas representan para la sociedad española. Un Gobierno que pide unidad frente al terrorismo no puede romper su unidad con las víctimas.