Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
58 Tribuna LUNES 28 2 2005 ABC E l siglo XXI será religioso o no será en absoluto Tradicionalmente se ha atribuído esta premonitoria, y últimamente muy utilizada, cita a André Malraux, el escritor y ministro de cultura francés de los últimos años de gobierno del General De Gaulle. Sin embargo, el propio Malraux negó haberla pronunciado, al menos no con esas palabras. Entrevistado en 1975 manifestaba que lo que él había querido decir es que en la cíclica relación entre hombre y Dios se produciría, en los primeros años del nuevo siglo entonces por venir, una reasunción de lo religioso por el pensamiento humano Y tal afirmación pecaba de no poca temeridad para aquella época, pues en esos tiempos los más reputados sociólogos y filósofos anunciaban que las religiones no lograrían sobrevivir al siglo XX, convirtiéndose en un fenómeno puramente residual, sin relevancia social alguna, perviviendo acaso únicamente en la esfera privada de las personas religiosas y en los lugares de culto, lo que Thomas Luckmann bautizó como religión invisible y que Harvey Cox plasmó en su libro La ciudad secular En la medida que la Modernidad ganaba terreno las religiones lo perdían inevitablemente, pues el progreso de la razón científica y técnica conduciría inevitablemente a la expulsión de la religión... El tiempo, sin embargo, parece haberle dado la razón a Malraux. Desde la segunda mitad de la década de los setenta del siglo pasado asistimos a, en las ya famosas palabras de Gilles Kepel, la revancha de Dios o a lo que otros han bautizado como el retorno de lo divino Desde entonces, como afirma el teólogo Juan José Tamayo, las religiones han resurgido como fuerza social, han cobrado relevancia política, han recuperado el espacio público perdido en los años inmediatamente anteriores y se han convertido en elemento fundamental de identidad cultural y nacional, sobre todo en algunos países donde el factor religioso había sido reprimido o neutralizado. EL DIÁLOGO DE RELIGIONES ENRIQUE OJEDA VILA Diplomático y director de la Fundación Tres Culturas del Mediterráneo Las tres religiones monoteístas procedentes del tronco común de Abraham, judaísmo, cristianismo e islam, ofrecen significativos ejemplos de esta tendencia: la segunda evangelización de Europa lanzada por el Vaticano de Juan Pablo II y que en tanto contribuyó a la caída del comunismo, el espectacular auge del fundamentalismo cristiano en los Estados Unidos y en gran parte de Iberoamérica y Asia (hoy día el movimiento religioso que crece más rápidamente) la reislamización de estados y sociedades en el mundo musulmán tras la revolución iraní de 1979 y los fracasos de los movimientos panarabistas y socialistas y, en el mundo judío, el amplio movimiento de rejudaización, tanto en el propio Israel como en su poderosa diáspora, que ha dejado un tanto fuera de juego a la concepción laica y socializante que había caracterizado al estado hebreo desde su fundación en 1948. Pero este despertar de las religiones viene acompañado de un fantasma que atormenta al mundo en estos primeros años del nuevo milenio, el fantasma del fundamentalismo religioso, término con el que podemos definir a aquellos sectores de cualquier religión caracterizados por querer imponer sus creencias, aún por la fuerza, a toda la comunidad humana en la que está implantada la religión profesada. El fundamentalismo religioso considera como enemigos tanto a la Modernidad y sus valores (secularismo, diálogo, emancipación de la mujer... como a las otras religiones, habiendo desembocado frecuentemente en choques, enfrentamientos y guerras. Esto, que parecía cosa del pasado, de épocas ya pretéritas de las que sólo se te- nía noticia en los libros de historia, parece retornar a nuestro mundo, penetrando nuestra más querida intimidad a través de las pantallas de televisión o del ordenador con una violencia ciega e inusitada tan aterradoramente absoluta que parece obligarnos a todos a tomar partido, a situarnos en un campo u otro de ese, supuestamente ineludible, choque de civilizaciones Pero, ¿es ello así? debemos resignarnos a vivir en un mundo donde el otro es siempre nuestro eventual enemigo? ¿qué papel pueden jugar hoy día las religiones en la búsqueda de la paz y cuál debe ser la relación entre ellas, principalmente entre las tres grandes religiones monoteístas? Citando de nuevo a Juan José Tamayo, las religiones no pueden seguir siendo fuentes de conflicto, ni entre sí ni en la sociedad, sino que deben reconocerse, respetarse y tender puentes de diálogo Así el diálogo interreligioso e intercultural constituye el principal desafío al que deben responder hoy día las religiones si no quieren anquilosarse, ignorarse o destruirse unas a otras, y ello se nos muestra aún mucho más necesario en este mundo de fronteras permeables, migraciones, internet, terrorismo internacional y globalización, fuerzas todas ellas que están contribuyendo de manera desigual a la construcción de unas sociedades asimétricas que reclaman de todos los actores sociales que tengamos alguna mínima capacidad de actuación una respuesta eficaz y contundente en favor de la convivencia de individuos, culturas y religiones diversas. El Papa Juan Pablo II fue plenamente consciente de ello desde su llegada al Vaticano, y ya en su primera encíclica, Redemptor hominis, lla- maba a todos los cristianos al diálogo interreligioso: ...todos los cristianos deben comprometerse a dialogar con los creyentes de todas las religiones, de forma que puedan crecer la comprensión y la colaboración mutuas, para reforzar los valores morales, para que Dios sea alabado en toda la creación... Muestra privilegiada de este necesario diálogo interreligioso lo constituye el Primer Encuentro Mundial de Imanes y Rabinos por la Paz que se ha celebrado en Bruselas del 3 al 6 de enero bajo el patrocinio del Rey de los Belgas y del Rey de Marruecos y con la colaboración de la Fundación Tres Culturas del Mediterráneo. Partiendo de los numerosos puntos en común del judaísmo y el islam, las casi doscientas autoridades religiosas presentes acordaron, tras dos intensos días de agitados, fructíferos, enconados y, a veces, divertidos debates, una declaración común en la que se condena, sin ningún tipo de paliativos, el terrorismo y la violencia en nombre de la religión, pues ofenden el derecho a la vida y a la dignidad humana dado por el Todopoderoso a la humanidad haciendo asimismo un llamamiento a los responsables de las dos religiones para dirigir a sus comunidades, de forma regular, prédicas y sermones que subrayen la importancia del diálogo interreligioso y el respeto a la vida humana. La Fundación Tres Culturas albergará un próximo encuentro de rabinos e imanes por la paz, para el que esperamos contar también con la imprescindible aportación de la religión católica, pues creemos que las religiones están llamadas a desempeñar un papel fundamental en la recomposición cultural y moral que vivimos y en la revisión de los modos de vida actuales. Y es que, utilizando y forzando nuevamente la ya aludida cita de ese comparatista total, hombre y viajero de una cultura universal, que hablaba de lo que veía, contemplaba y describía con inusitada brillantez que en palabras de Rafael Conte, fue André Malraux, el siglo XXI será el siglo del diálogo de religiones o no será en absoluto A vejez es el abandono de las inquietudes Azorín. El pasado 2 de febrero de 2005, a los setenta y cuatro años, ha fallecido el joven periodista Joaquín Aguirre Bellver, si aceptamos como aforismo la idea de Azorín. Sólo una grave enfermedad pudo moderar el afán de investigar, crear y comunicar que animó su vida entera. Nos conocimos en los primeros años de la década de los cincuenta en las aulas de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Complutense. Él había terminado los estudios en la Escuela Oficial de Periodismo y escribía en el Madrid de los Serna, que, años después, sería silenciado por la censura y, finalmente, demolida su sede. Continuaba en la Facultad como muestra de su lucha sorda contra la paradójica idea de que periodismo y creación literaria eran incompatibles, idea que, a la sazón, planeaba sobre la Escuela Oficial, supongo que a sabiendas de su director de que la cabecera del primer periódico editado en España, allá por el año 1737, L JOAQUÍN AGUIRRE BELLVER, IN MEMORIAM JOSÉ GARCÍA TEMPLADO Escritor era Diario de los literatos de España. Joaquín fue cronista ocasional, como también lo fue Pilar Narvión en Pueblo, de nuestras actividades del TEU de Filosofía, un TEU por el que pasaron grandes hombres de teatro como Agustín González, Luis Morris o, el todavía en activo, Fernando Guillén. Pronto sus columnas tuvieron repercusión social y, a su amparo, comenzó su actividad creadora con cuentos y narraciones breves de Literatura Infantil, hasta que, borrados esos límites de la creación, dio a conocer su auténtica sensibilidad en colecciones como Furgón de cola o Cuentos de barro, sin cejar por ello en su pasión profesional de periodista. Me dicen que ha sido en Orihuela, la tierra de Miguel Hernández y Ramón Sijé, donde su corazón se ha detenido. No me hago a la idea de un Joaquín Aguirre paralizado por el dolor, mientras en su cabeza siguen pujando historias que buscan la forma ideal o teorías arriesgadas sobre la creación literaria, como la mnemotecnia rítmica en el desarrollo de El Quijote, de sus últimos ensayos. Me parece imposible que nos haya dejado sin seguir la huellas de alguno de sus personajes. No puede irse sin encontrar la palabra de sol y de luna, de viento y de agua de Mbuna, aunque, como él, haya de vagar a través de la estepa, los prados, la selva y la montaña ni puede subir al Cielo, sin saber hablar por señas, el lenguaje de los sordos. No sé por qué, pero siempre he situado a Damiancillo, El mudito alegre en las altas montañas andinas del Perú, cerca del Machupichu. Allí donde sus once hermanos y los ciento cuarenta vecinos de su pueblo aprendieron a hablar por señas y no volvieron a pronunciar palabra, para que el niño se sintiera integrado en el amor de los suyos. Dios comprendió el grado de caridad- -solidaridad, diríamos ahora- -de todo un pueblo y quiso recompensarlo. Su enviado especial llevaba la potestad de otorgarles el don que quisieran. Sólo pidieron que si otra vez Dios quería comunicarles algo, enviara un ángel que supiera hablar por señas, para que el mudito alegre no se sintiera discriminado. Si yo tuviera el poder y la gloria, haría volver a Joaquín Aguirre para empezar de nuevo. Quizá no pueda hallar a Damiancillo en los aledaños del Machupichu, donde sólo yo lo he situado, pero sabría encontrar y difundir en nuestro pueblo aquellas virtudes que nos hacen libres, aunque tuviera que hurgar para ello en el candor de los sueños.