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ABC LUNES 28 2 2005 Sociedad 51 Medio Ambiente Un buzo se aproxima a la superficie tras el estudio de un bosque de laminarias europeas ZOEA Oceana pide la incorporación de los bosques de quelpos en la Directiva Hábitat ñetas, la cabrilla sargacera, el pez quelpo o la señorita. Tampoco resulta extraño divisar entre las pardas algas al tiburón azul o el delfín de flancos blancos del Pacífico. Pero si existe un visitante habitual y a la vez mayor enemigo de estos bosques ese es, sin lugar a dudas, el erizo marino. Este animal encuentra en sus brotes y hojas un magnífico alimento y, convertidos en plagas, pueden acabar con grandes extensiones de estos bosques submarinos. Sobreexplotación de especies Por suerte, el suculento banquete de los erizos consigue frenarse gracias a especies como las estrellas de mar, las nutrias o los peces vieja que se alimentan de erizos, logrando controlar su población y evitando que puedan destruir el ecosistema de quelpos. Pero desde Oceana advierten que la sobreexplotación de especies consumidoras de erizos puede llevar al colapso de los quelpos, al disparar la sobrepoblación de equinodermos como el erizo rojo o púrpura Otra de las amenazas que se ciernen sobre estos bosques es la acuicultura de algas o las aguas de lastre de los buques mercantes que han introducido algunas variedades de quelpos en ecosistemas ajenos, provocando graves problemas que podrían poner en peligro a las especies autóctonas, e incluso afectar a las poblaciones de moluscos. Así, el alga wanake o quelpo japonés (Undaria pinnatifida) originaria del Pacífico Noroeste está considerada como una de las especies más peligrosas. Los quelpos europeos no alcanzan las extraordinarias dimensiones de sus familiares del Pacífico, aunque existen algunas especies que llegan a alturas considerables. Hay algunas como el quelpo enredadera del Atlántico Norte, que puede sobrepasar los 5 metros de altura, o el alga kombu, de más de cuatro metros, en algunas zonas del Mediterráneo explica Aguilar. En el Mediterráneo existe una especie endémica, la Laminaria rodriguezi, que llega a fijarse a sustratos duros que se encuentran hasta a 150 metros de profundidad. Este alga se localiza en España en las costas de Cataluña, Baleares y Valencia, así como en Italia y Francia. En la zona atlántica, las especies más comunes son los quelpos alados, los de azúcar, rugosos u otros como los furbelows. También abundan las algas remo o la enredadera, que pueden encontarse desde Noruega y Galicia hasta el Estrecho de Gibraltar. Muchas de ellas también son frecuentes en las costas del Cantábrico. También en nuestros mares la proliferación de erizos comienza a ser alarmante en algunas zonas del Mediterráneo. Se están introduciendo erizos exóticos y a ello hay que sumar el descenso de algunas especies de peces que controlaban a estos animales comenta el director de investigación y proyectos de Oceana, que señala que en algunos lugares, como Canarias, ya se han convertido en una auténtica plaga Nuevas expediciones Si en el resto del mundo no son muchos los que han oído hablar de bosques de quelpos- -insiste Aguilar- -en Europa son los grandes desconocidos Durante la expedición- -desde el Pacífico al Mediterráneo- -Oceana documentará e investigará otros importantes ecosistemas creados por algas pardas, como algunos fondos de Cystoseira o el Mar de los Sargazos, en su labor de protección de los océnos del mundo. ACTUALIDAD NATURAL MÓNICA FERNÁNDEZ- ACEYTUNO CANTO AL INVIERNO N ERLING SVENSEN o por hacer un experimento sino para adornar una mesa, corté hace una semana varias ramas de un ciruelo que tenía las yemas cerradas, yemas de flor y de madera. Las puse en un jarrón de cristal con agua que dejé en la galería donde, si pudieran, verían estas ramas el árbol del que proceden. También desde aquí se ve ya el sutil desborre de algunos árboles, que es como un desdibujarse del invierno, una suer- te de bruma que parece el alma del árbol y que tiene distintos colores según la especie, verde en los olmos, marrón claro en los castaños, y que no es más que el primer síntoma de actividad de las yemas al que se denomina desborre. Según han ido pasando los días, las yemas de flor del jarrón se abrieron con sus cinco pétalos blancos, hasta cubrir como la sal en una mina todas las ramas. Mientras, afuera, el ciruelo tiene la corteza negruzca de lluvia y de nieve, y sigue con sus mil yemas que no se atreven a abrirse. Algunas se han caído. Y ahora este jarrón florecido e indiferente, parece un pájaro de plumas blancas, encerrado en su jaula, cantando al invierno.