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16 Nacional LA CRISIS DEL CARMELO LUNES 28 2 2005 ABC La acusación de corrupción lanzada contra CiU por el presidente Maragall en el Parlamento de Cataluña ha llevado a un clima político insostenible. Una nueva crisis en la que ERC toma posiciones para ganar poder dentro y fuera del tripartito El President no ve la luz del túnel POR ÁNGEL GONZÁLEZ ABAD BARCELONA. Mantener el consenso ante la reforma del Estatuto en un ambiente político insostenible. Ese es el objetivo del presidente de la Generalitat de Cataluña, Pasqual Maragall, que ha apostado por el más difícil todavía, por un malabarismo en el que se juega mucho más que su propio futuro. El President quiere reconducir bajo el manto del Estatuto, de un mayor autogobierno, una crisis sin precedentes. Otra cosa es el precio que va a tener que pagar por ello si al final lo logra. El tripartito catalán, en su poco más de un año de andadura, ha vivido en un continuo estado de crisis. Los sobresaltos por las divergencias internas han sido constantes y sonados. Ahora la crisis ha estallado fuera y Maragall es el único responsable. La corrupción, tantas veces utilizada como arma arrojadiza entre socialistas y convergentes, ha mancillado el lugar sagrado del oasis catalán el Parlament, y ya no hay vuelta atrás. Lucha descarnada con CiU y PP Mientras tanto, Esquerra Republicana contempla desde el tendido las maniobras de Maragall para salvar el tipo, consciente de que su papel de llave del Gobierno catalán se acrecienta por momentos. En la situación actual, con el presidente de la Generalitat sumido en una lucha descarnada con CiU y el PP, el apoyo de ERC se convierte en la única alternativa que tienen los socialistas catalanes para mantener el poder. Un reforzamiento que ya ha tenido como consecuencia unos primeros pasos para conseguir aumentar su actual cuota de poder dentro y fuera de Cataluña. El intento de apartar al conseller de Obras Públicas Joaquim Nadal como portavoz del Govern la misma tarde en que finalizó el pleno parlamentario sobre los derrumbes del barrio del Carmel; la tibieza con que los ministración pujolista eran denunciados por los socialistas que veían como desde la federación nacionalista se lanzaban dardos envenenados contra los numerosos escándalos propiciados en los municipios del área metropolitana de Barcelona gobernados por el PSC. La realidad es que la Fiscalía y la Generalitat mantuvieron durante la era Pujol una tensa relación nacida del caso de Banca Catalana. Las denuncias que no prosperaron contra los hijos del que fuera durante 23 años President por supuesto trato de favor de la Administración, el todavía abierto caso Pallerols o el denominado caso Turismo, se contrapesaban con los ataques de CiU al PSC. Hace dos años, Artur Mas, en la precampaña de las autonómicas, definía a Maragall como perteneciente a una generación de socialistas corruptos que tuvieron que salir por piernas del Gobierno en 1996. Lo cierto es que entre acusaciones y amagos, el único condenado por corrupción se encuentra en las filas socialistas. Josep María Sala, ex secretario de organización del PSC, estuvo en prisión por el caso Filesa. Lo demás ha quedado siempre en nada, como si todo estuviera bajo un juego compartido de intereses. Sólo amagos. Tanto es así, que desde la cúpula socialista nunca se había descartado el pacto PSCCiU si Esquerra mantenía sus constantes desafíos tanto dentro del tripartito como a nivel nacional. Cumbre de líderes Ahora, parece que cualquier camino en este sentido esta cerrado, aunque ayer mismo el presidente del PP de Cataluña, Josep Piqué, expresara su temor ante un posible acuerdo subterráneo entre PSC y CiU para tapar el escándalo de las comisiones. Con el caso del Carmelo abierto- -más de mil vecinos en la calle y las causas del derrumbe todavía sin explicar claramente- los niveles de credibilidad del Govern y de la Generalitat por los suelos por el lamentable espectáculo político ofrecido, con una Comisión de Investigación a punto de echar a andar y la Fiscalía con diligencias abiertas sobre las acusaciones de corrupción contra CiU, Maragall no parece ver una salida en la convocatoria de elecciones anticipadas. Necesita tiempo para reordenar todo bajo el manto identitario. Quiere reunir a todos los líderes para una nueva cumbre que siente las bases de la nueva Cataluña. CiU no lo ve, sus socios de Gobierno tampoco. Dentro de su propio partido, los sectores del socialismo catalán menos nacionalista ya comienzan a lanzar voces: Que el Estatut no sirva para tapar las vergüenzas al tiempo que le exigen que presente pruebas que avalen el ya famoso tres por ciento Maragall y Mas durante el enfrentamiento del pasado jueves republicanos han recibido las intenciones de Maragall de convocar a todos los líderes en una nueva cumbre sobre el Estatuto, o las últimas concesiones de Zapatero a Carod- Rovira en la reunión que mantuvieron el pasado viernes cuando la crisis ya había estallado, son claras muestras de ello. Maragall no tiene más remedio que buscar soluciones para salir del callejón en que el que él sólo se metió el jueves cuando acusó en el Parlament a CiU de corrupción, de cobrar el tres por ciento de las obras públicas durante 23 años de pujolismo. Con la amenaza de querella por parte de CiU, rotas las relaciones con el PP- -que ha pedido formalmente su dimisión y elecciones anticipadas- el President ha de aguantar más que nunca su débil gobierno sustentado por ERC. Al fondo ve la tenue luz de mantener el consenso ante la reforma del Estatut haciendo un llamamiento a la responsabilidad de la clase política catalana para YOLANDA CARDO Sectores del socialismo catalán menos nacionalista piden a Maragall que el Estatut no sirva para tapar las vergüenzas al tiempo que le exigen que presente pruebas que avalen el ya famoso tres por ciento devolver las aguas a su cauce. Su anhelo es que el debate identitario- -aquel famoso hacer país de Pujol- -tape como otras veces los trapos sucios. En este contexto, hay que recordar que las acusaciones de corrupción no son nuevas. Las últimas convocatorias electorales han estado salpicadas de fortísimas andanadas entre socialistas y convergentes. Los abusos de la ad-