Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC LUNES 28 2 2005 Opinión 7 JAIME CAMPMANY Los nacionalistas radicales quieren preguntar al pueblo vasco cuál es el futuro que desea. Pues que pregunten a todos. A ver quién gana LA DIÁSPORA VASCA C JUAN MANUEL DE PRADA Sorprende que un edificio que esconde tantos misterios vaya a ser demolido por la vía de urgencia, sepultando entre sus escombros un misterio que exige elucidación. ¿O es que alguien se traga a estas alturas el rollo del cortocircuito? LOS MISTERIOS DEL WINDSOR E L decano del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, Ricardo Aroca, tras visitar las ruinas del edificio Windsor, asegura que su estructura de hormigón se halla en mejor estado de lo que esperaba y que las posibilidades de derrumbamiento son prácticamente nulas Sólo la chatarra y los escombros hacinados en precario equilibrio sobre la planta que ejerció de cortafuegos, procedentes de los desprendimientos de pisos superiores, exigen a su juicio una retirada inmediata. Pero el dictamen del arquitecto no parece haber inmutado las ansias demoledoras del Ayuntamiento de Madrid, dispuesto a remover cuanto antes del horizonte madrileño un rascacielos que debe antojársele una especie de monumento funerario erigido en honor a la difunta candidatura olímpica de la ciudad. Para añadir mayor embrollo al asunto, los propietarios del edificio han solicitado al juez instructor una orden que difiera la demolición, empeñados en impulsar una investigación privada que complemente la oficial. Desde el Ayuntamiento, la petición de los propietarios se contempla como una iniciativa obstruccionista, concebida para diferir el pago de la demolición. Pero, en honor a la verdad, hemos de reconocer que también las premuras municipales desprenden un inequívoco olor a chamusquina; pues la demolición del edificio acarreará, indefectiblemente, la destrucción de posibles pruebas. La hipótesis que se apuntaba la noche del siniestro- -el famoso cortocircuito- -resulta a estas alturas de una inverosimilitud grotesca (a algunos nos lo pareció desde la misma noche del siniestro) pese a ello, los investigadores, según nos informaba ayer este periódico, siguen profundizando en esta vía E incluso aventuran- -burlándose de nuestra credulidad- -que las siluetas que se paseaban por el rascacielos, muchas horas después de su desalojo, pudieran ser proyecciones de las sombras de los bomberos que vigilaban el incendio desde un edificio próximo; sinceramente, la hipótesis de que dichas sombras fueran en realidad ánimas en pena o emanaciones ectoplásmicas se me antoja menos rocambolesca. Se ha aducido desde instancias oficiales, para refutar la presencia de esas fantasmagóricas siluetas, que el rascacielos se había convertido para entonces en un horno crematorio; pero se olvida que entre esas siluetas y el foco del incendio mediaba una planta que hacía las veces de cortafuegos. No se nos ha explicado, en cambio, de forma medianamente convincente cómo es que el fuego, contrariando su natural vocación, se propagó hacia los pisos inferiores, saltándose a la torera el mencionado cortafuegos. Tampoco se nos ha aclarado la naturaleza de algunas llamaradas que veíamos asomar a las ventanas del edificio, de un color rabiosamente azul, más propias de la combustión de una sustancia altamente inflamable que de la natural propagación de un incendio. Y, en fin, todavía esperamos que alguien nos aclare las razones por las que los sistemas de alarma y seguridad del edificio se declararon unánimemente en huelga la noche del siniestro. Sorprende, en cambio, que el incendio se declarara justamente un día y a una hora en que el edificio se hallaba desierto, garantizándose así que nadie perecería en el mismo, pero también que la intervención de los bomberos fuese tardía e inútil. Sorprende que las empresas damnificadas se hayan conjurado en un silencio hermético, seguramente preocupadas de que cunda el pánico entre sus respectivas clientelas, sin que los medios se hayan molestado demasiado en sonsacar a sus responsables. Sorprende, en fin, que un edificio que esconde tantos misterios vaya a ser demolido por la vía de urgencia, sepultando entre sus escombros un misterio que exige elucidación. ¿O es que alguien se traga a estas alturas el rollo del cortocircuito? ON el auge del terrorismo en Vasconia comenzó el éxodo de muchos vascos, que huían del tiro en la nuca, el atentado contra sus empresas o sus viviendas, el secuestro y el chantaje a cambio de su liberación. Es lamentable y triste, pero el pueblo vasco vive hoy bajo la amenaza y la presión de la violencia o en el destierro, alejados a la fuerza de la tierra que les vio nacer para conservar su vida y lo que sea posible de hacienda. Los vascos viven hoy divididos en dos grupos: los que permanecen en su patria Euskal Herría y los que viven dispersos por distintos lugares de España en una diáspora dolorosa. Los que permanecen en Vasconia también andan divididos en dos grupos: los que militan en el nacionalismo y los que, si pueden, tienen que llevar escolta. La militancia nacionalista y el pago puntual del impuesto revolucionario son un seguro contra el ataque del terrorismo. No hay nacionalistas asesinados, y si alguno hubo sería por resistencia a pagar el tributo a los terroristas. Cuando Ibarreche anuncia con insolencia difícilmente soportable que va a convocar una consulta o a celebrar un referéndum entre el pueblo vasco, comete una cruel falsedad: deja fuera de la consideración de pueblo vasco a los miles de vascones, naturales y habitantes de aquella tierra, que se han visto obligados a elegir entre el destierro o la muerte. Está confeccionado el censo de los vascos que viven en aquel país y de los maketos que allí aguantan. Lo que tendríamos que elaborar ahora es el censo de los vascos del éxodo, el censo de la diáspora. ¿Se han preguntado Ibarreche y sus cómplices qué o cómo votarían esos vascos de la diáspora ante el Plan soberanista o secesionista del lendakari? Porque esos vascos se vieron forzados a abandonar su tierra sin que el nacionalismo gobernante hiciera algo eficaz para asegurarles la vida, la libertad y el patrimonio, es decir, para vencer y aplastar el terrorismo. Lejos de eso, y tal y como dijo el nefasto pro nazi Javier Arzallus, esperaban que los etarras agitaran el árbol para recoger las nueces. O dicho de otro modo, también suyo: esperaban que los terroristas arrearan para proponer una negociación con la pistola sobre la mesa o la bomba fabricada. No parece difícil imaginar lo que responderían esos vascos de la diáspora a esos nacionalistas radicales y separatistas, Arzallus, Ibarreche, Atucha y compañía, que intentan aprovecharse de la violencia terrorista para dar lecciones de amor a la patria vasca a los acosados, a los extorsionados, a los enlutados por algún crimen cometido en su familia, por el método del tiro por la espalda o la bomba hecha estallar a distancia. Intentan aprovecharse desde el gobierno, es decir, desde la institución que tiene como primer deber ineludible el de asegurar la vida de los ciudadanos y su integridad física, la protección de sus libertades y la paz en el trabajo y en el disfrute de sus bienes. Bueno, pues si esos señores quieren preguntar al pueblo vasco cuál es el futuro que desean, que pregunten a todos, también a los del éxodo. Y a ver quién gana.