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ABC DOMINGO 27 2 2005 Cultura 73 Se editan unas grabaciones inéditas del joven Camarón b El disco recoge varias interven- TOROS FESTIVAL PADRE ARRUPE Periodo de grandes guerras y epidemias en la Historia Universal Larousse b Mañana, lunes 28 de febrero, ABC ofrece a sus lectores el noveno tomo de esta imprescindible obra de referencia, titulado Ciudades y mercaderes ABC MADRID. Mañana, con ABC, el lector podrá adquirir la siguiente entrega de la enciclopedia Historia Universal Larousse Desde una perspectiva cronológica, totalmente actualizada, en esta ocasión afronta el análisis de la fuerte crisis que se vivió en la Europa del siglo XIV y el posterior resurgir de la siguiente centuria. Desde principios del siglo XIV, se produjo en Europa una decadencia que puso punto final al ciclo de prosperidad vivida en siglos anteriores. La crisis agraria, unida a la llegada de una terrible epidemia de peste negra y las diversas guerras que se sucedieron, fueron las culpables de este retroceso. Entre las guerras destacó la conocida como de los Cien años que enfrentó a Francia e Inglaterra y que contó con la intervención legendaria de Juana de Arco. Por el contrario, el siglo XIV constituyó una recuperación gracias a la desaparición de las grandes epidemias y a la relativa estabilidad imperante. A principios, el reino inca de América del Sur inició su trayectoria hacia el imperio. En mayo de 1453, se produjo la caída de Constantinopla a manos de los turcos, dirigidos por Mehmet II. Este acontecimiento es considerado como el fin de la Edad Media e inicio de la Moderna. De gran formato, todo ello está ilustrado profusamente a todo color. En este tomo, titulado Ciudades y mercaderes han colaborado algunos de los más importantes historiadores contemporáneos, como Joseph Pérez, catedrático emérito de Historia Moderna de la Universidad de Burdeos III; o Theodore Zeldin, profesor émerito y antiguo decano del Saint Anthony s College de la Universidad de Oxford. ciones del cantaor, que contaba entonces con sólo 17 años, en la legendaria Venta de Vargas de San Fernando (Cádiz) ABC MADRID. Después de más de treinta años escondidas, se editan ahora en un compacto unas grabaciones realizadas por Camarón de la Isla cuando aún no tenía dieciocho años en la Venta de Vargas de la localidad gaditana de San Fernando. Según explican Ricardo Pachón y Enrique Montiel, responsables de la edición de este disco, a finales de los sesenta, la Venta de Vargas era mucho más que un referente de la geografía flamenca, era un hito. Porque desde finales de los años treinta por allí pasó la flor y nata del cante. O sea, todos. Todos como entonces discurría el flamenco: señoritos y fiestas. Pero también era la parada obligatoria de todas las compañías que actuaban en el vecino y más que centenario Teatro de las Cortes. Las paredes del establecimiento guardan y exponen todo un tesoro de imágenes, desde Manolete y Concha Piquer, Caracol y Lola Flores, hasta Sara Baras y Niña Pastori Aquél era el lugar donde el niño José Monge Cruz, a quien ya llamaban Camarón por su tez blanca y su pelo rubio, se acercaba junto con sus compañeros. Les pillaba de paso, según explican Pachón y Montiel, de camino al caño de Sancti Petri, donde se bañaban; en la Venta de Vargas, además, se buscaba la vida Manuel, el hermano mayor de Camarón. En la Venta, donde aprendió el futuro cantaor a tocar en una vieja guitarra, pudo ver a grandes figuras del flamenco, comenzando por Manuel Ortega, Caracol. Camarón era, según el testimonio de quienes paraban allí, el más aficionado de todos los niños. El disco Venta de Vargas (Universal) incluye diez cantes grabados en un magnetófono por el dueño del establecimiento en el verano de 1967. Los cuatro primeros (bulerías, un fandango, unas seguiriyas y unos tangos extremeños) refieren Pachón y Montiel, se grabaron al aire libre, en la puerta de la venta y desde un mostrador que daba a la cocina. El sonido es transparente y capta, sin ecos, los matices de la voz y la guitarra de Camarón dicen los editores del disco. Los otros seis cantes (fandangos, bulerías y seguiriyas) corresponden a una fiesta que se celebró en un salón interior de la venta, y según Pachón y Montiel, ha habido que realizar un arduo trabajo de masterización para sofocar el ruido y el exceso de eco que tenía la grabación original. Natural de Joselito, que cortó dos orejas BOTÁN La izquierda dorada de Joselito deleita en Vistalegre Palacio Vistalegre. Sábado, 26 de febrero de 2004. Lleno. Un toro para rejones de Campos Peña- -manso y distraído- -y siete de Zalduendo- -destacaron 2 y 5 Andy Cartagena, rejón trasero (oreja) Espartaco, pinchazo y estocada caída (oreja) Joselito, estocada corta (dos orejas) Enrique Ponce, dos pinchazos, uno hondo y descabello. Aviso (vuelta al ruedo) Rivera Ordóñez, pinchazo y estocada (saludos) En el de regalo- -que lidiaron entre todos- estocada (oreja) El Fandi, media y dos descabellos (oreja) El Pela, dos estocadas que hacen guardia y dos descabellos (oreja) Joselito, se rindió a su toreo y la plaza se convirtió en una nube blanca. Paseó las dos orejas. Y si la izquierda de José Miguel Arroyo cotizó al alza, también lo hizo la derecha de Ponce. Había prologado el de Chiva con poderosos doblones para sacar al toro a los medios. Allí enjaretó una serie eterna en redondo. Cambió a la zurda y bordó el de pecho. Se templó de nuevo a derechas y se adornó con un pase de las flores que dio paso a otra tanda diestra. El cambio de mano fue superior. Pero en la hora final, después de cuadrar a su oponente con suma elegancia, falló a espadas. Dio una vuelta al ruedo en medio de una gran ovación. Claro que para aplausos, mayúsculos fueron los que se llevó El Fandi tras un estupendo tercio de banderillas. ¡Vaya manera de parar al toro andándole hacia atrás después del último par al violín! Menudo lío formó. La antigua Chata parecía un volcán en erupción. Con la flámula no terminó de hallar el sitio preciso frente a un rival con motor y repetidor. El diestro granadino volvió a lucirse con los palos con el sexto novillo, que correspondió a El Pela. Román Marcos invitó a El Fandi a colocar un par, y ambos- -cada cual a su manera- -entusiasmaron. El novillero ganador del certamen de La Oportunidad se mostró muy entregado y, pese a su desacierto con el acero, obtuvo una oreja. Un trofeo se había llevado también Espartaco con el primer toro de lidia ordinaria. El de Espartinas estuvo por encima de su enemigo y, ayudado de su técnica y tesón, conectó enseguida con el público. Peor suerte corrió Rivera Ordóñez, que pechó con un astado poco propicio para el lucimiento. Pero se redimió en el de regalo, al que muleteó entonado y en el que participaron todos los actuantes. Abrió cartel Andy Cartagena con un animal que buscaba las tablas y huía como un fugitivo. Pero logró encelarlo y, a lomos de Quito y Brujo causó gran algarabía en quiebros y banderillas. ROSARIO PÉREZ MADRID. Los tendidos de Vistalegre presentaban un ambiente de gala. Madrid se volcó con el festival Padre Arrupe, organizado con el máximo cariño y esmero por Espartaco. El espectáculo empezó con unos minutos de retraso e incluso Enrique Ponce no llegó a tiempo para hacer el paseíllo con sus compañeros, pero eso fue lo de menos: al final, y después de tres horas de festejo, toreros y público salieron la mar de felices del Palacio carabanchelero. Todos hablaban de la izquierda de Joselito. Enalteció el natural en dos series, en las que desgranó uno por uno muletazos a pies juntos aderezados de toques preciosistas. El toro, con un excelente pitón zurdo, se entregó al rojo cálido de su muleta. Y nacieron los naturales macizos, hermoseados por centelleos de inspiración. Hubo lentitud y armonía, dominio y profundidad, belleza y torería. Dos rondas bastaron para conquistar el corazón de los aficionados, aunque la plaza estaba rendida ya desde que paró el tiempo a la verónica. Capote de seda y una media de remate que fue pura orfebrería. Principió luego la faena rodilla en tierra y surgieron algunos enganchones en los inicios. Pero su izquierda dorada guardaba un postre para paladares exquisitos... La afición de Madrid, que adora a El Rey Carlos VII y Juana de Arco. Siglo XV. Biblioteca de El Escorial.