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64 Los domingos DOMINGO 27 2 2005 ABC EL PERFIL DE LA SEMANA EN LA ACERA ESCRIBÍ TU NOMBRE FERNANDO IWASAKI JESÚS CALDERA Ministro de Trabajo Con veinticinco años fue elegido diputado y desde entonces no se ha apeado del escaño. Pero ahora, además de político profesional es ministro y los retos son otros Empadronado en la política ministro de Trabajo no es que el orden de los factores (suma de inmigrantes de una u otra procedencia) le altere el producto, es que no sabe (no sabemos) con qué hace las cuentas, si con algún fundamento o con el ábaco de la imprevisión. Si cuando era portavoz de la oposición al Gobierno de Aznar denunciaba, grandilocuente, el horror de las pateras del aire o aviones cargados de pretendidos turistas que luego se nos quedaban enquistados en la economía sumergida, ahora ha de asumir, como gestor de la cosa, que esa marea de fondo es tan difícil de determinar hoy como hace un par de años. ¿Para quiénes da abasto el bienintencionado proceso de regularización en curso si no sabemos (no sabe) cuántos hay? Mientras desde Bruselas se le mira con el rabillo del ojo, entre recelos, por hacer de su capa de paño de Béjar un sayo de condescendencia poco acompasado con las directrices de los socios europeos, él se aferra a una de esas agotadoras coletillas de moda tolerancia cero ha dicho) para explicar a la opinión pública, ceñudo, lo que hará con los empleadores de ilegales que no pasen por el aro de la supuesta panacea gubernamental. Veremos. De momento, el PP le tacha de irresponsable y las asociaciones de inmigrantes, en vez de jalearle alborozadas, se preguntan si no se está engordando este iceberg indeseable, en vista de los primeros resultados. A saber: el ministro, con optimismo digno de su particular cruzada, estimó que en el plazo establecido para la regularización, hasta mayo, emergerían 800.000 ilegales, a un ritmo ¿en qué ventanilla se calculó esa quimera? de 15.000 al día. De momento, los números no le salen, pues en ninguna jornada se han superado los 8.000 expedientes tramitados: vuelva usted mañana, y empadronado. Suma y sigue, por lo tanto. Si se calcula que hay en España 1.300.000 foráneos en situación irregular y en el saco inicial del Gobierno cabían 800.000, ¿qué pasa con el medio millón restante? Si en vez de esos 800.000 finalmente se legaliza sólo la mitad, ¿qué ocurre con los otros 400.000? Y si a esto le añadimos un número indeterminado y silente de nuevos vecinos por el efecto llamada de los últimos me- LA HABANA DEL MUNDO Redacto estas líneas desoladas desde un cibercafé de Shinjuku, donde he recibido la noticia de la muerte de Guillermo Cabrera Infante. Sé que Guillermo me haría una broma al respecto y que hasta me regalaría uno de sus prodigosos juegos de palabras, pero a mí sólo me consolaría tener ahora mismo cualquiera de sus libros entre las manos. ¿Qué puedo hacer aquí, tan lejos, para honrar la memoria de Guillermo? Buscar La Habana del mundo en Tokio, tal como Cabrera Infante la buscó por todos los rincones del planeta. A uno- -por ser peruano- -le quieren encontrar siempre los parentescos literarios con Vargas Llosa y Bryce Echenique, pero casi nunca me preguntan por las deudas que también tengo con otros escritores hispanoamericanos. Y Guillermo Cabrera es uno de ellos, porque mi manera de entender el humor y de barajar los naipes del lenguaje es absolutamente suya. La Habana para un infante difunto y Tres tristes tigres forman parte de mi aprendizaje verbal y sentimental, y nunca habría escrito Libro de mal amor o El Descubrimiento de España sin el magisterio de Guillermo. Y es que a los que no hemos nacido en La Habana, Cabrera Infante siempre nos preparaba un mojito de su gracia, un fragmento de aquella Habana del mundo que Guillermo recogía igual que los niños sevillanos recogen la cera durante la Semana Santa. Hace un año Guillermo y Miriam estuvieron a un tris de instalarse en mi pueblo de la vega sevillana, donde les buscamos casa, urólogo y diálisis, pero un estafilococo y más tarde un infarto frustraron su venida. A Miriam y a Guillermo les encantaba la luz de Sevilla porque les recordaba la luz de La Habana, quizás su sol de la infancia como el último verso de Machado. Otra vez La Habana. Me dice Miriam Gómez que las cenizas de Guillermo serán esparcidas por La Habana cuando Cuba sea libre. Y si me molesto en precisar que Cuba no es libre, es porque aquí en España es donde con más contumacia se niega lo evidente. Todos los desterrados tenemos algo en común, aunque el exilio de Cabrera Infante no era voluntario sino forzoso, porque la dictadura lo había borrado de los ficheros de las bibliotecas pero no de los ficheros del ministerio del interior. Por eso en aquel bellísimo libro titulado Las ciudades Guillermo confesaba (cito de memoria) que siempre encontró en otras ciudades el esplendor que fue La Habana Así la reconoció en Bath, Roma, Berlín, San Sebastián o París, y me consta que una noche la intuyó en Sevilla, en el patinillo que se adivinaba a través de un zaguán. Desde su cama de un oscuro hospital de Londres, Guillermo también buscaría aquel esplendor que fue La Habana, y estoy seguro que la encontró en el amor de los ojos de Miriam Gómez, tal como yo la busco ahora en los árboles del Shinjuku- Gyoen, en la honorable decadencia de alguna pagoda antigua o en las gaviotas que se atreven a sobrevolar la ciudad porque saben muy bien dónde está el mar. La Habana del mundo era un territorio literario, memorioso y sentimental creado por Cabrera para un Infante melancólico, y de aquel paraíso nadie lo expulsó jamás. Descansa en paz, Guillermo www. fernandoiwasaki. com Al POR BLANCA TORQUEMADA ses, podemos quedarnos en el mismito punto de partida: más de un millón de indocumentados. Para este viaje no hacían falta las alforjas del eurocabreo Caldera, Calderón o Calderilla. Todas las posibilidades están abiertas ante el balance final de esta aventura resbaladiza. Hasta ahora el ministro se había bandeado en la política con la placidez profesionalizada de quien resultó elegido diputado por primera vez a los 25 años (ahora tiene 47) y no se ha apeado del escaño en siete sucesivas legislaturas. Al menos, eso sí, aporta a la res pública un brillante currículo académico, como licenciado en Políticas, Sociología y Derecho, además del cuajo correoso que ha ido fraguando en tantas sesiones de Cortes. Otra de las virtudes de su trayectoria parlamentaria es un entronque tangible con la circunscripción por la que siempre ha resultado elegido, la de Salamanca. Antítesis del cunero y con porte de tribuno de la plebe, Caldera es un bejarano que ejerce, que tiene casa en su pue- blo y las puertas siempre abiertas, por sus frecuentes visitas, en la agrupación local del PSOE. Pese a que su hermana María Luisa (no hay hoja se servicios perfecta) milita en el PP. Las carambolas de los últimos años (triunfo de su amigo Zapatero en el Congreso federal socialista de 2000 y la del 14- M) han terminado por colocarle en un Ministerio ingrato, en un cargo quizá con poco fuelle para lo que cabía esperar del tándem inseparable que formó en la oposición con su jefe de filas. Ahora es víctima de las rémoras gubernamentales y sólo se ve con fuerzas para defender con la boca chica el Archivo de Salamanca, una de sus causas innegociables de antaño, mientras se bate con el reto monstruoso de la inmigración. Además reparte en Moscú pensiones para los niños de la guerra convive con unas cifras de paro razonables y, cuando puede, se lleva a su mujer y a sus tres hijas de viaje, casi siempre en coche. Carretera y manta, manta de Béjar.