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ABC DOMINGO 27 2 2005 Los domingos 59 Mejor guión original El aviador Olvídate de mí Hotel Rwanda Los Increíbles Vera Drake Jim Carrey, en Olvídate de mí Mejor película de habla no inglesa As It Is in Heaven Suecia Los chicos del coro Francia El hundimiento Alemania Mar adentro España Yesterday Sudáfrica Barden y Rueda, Mar adentro LA ESPALDA DEL OSCAR E. RODRÍGUEZ MARCHANTE Con acento hispano JULIÁN DE DOMINGO En esta edición, unos cuantos nombres hispanos estarán presentes en la ceremonia de Hollywood. A la candidaturas de Mar adentro como mejor película en habla no inglesa y maquillaje, se suman la candidatura de Nacho Vigalondo- -en la imagen- -con su cortometraje de ficción 7,35 de la mañana y la canción original de Jorge Drexler incluida en la película Diarios de motocicleta (Entrevista con Nacho Vigalondo en las páginas 68 69) Esta vez hay unos cuantos títulos que salvan el honor del cine, confundido a menudo con un medio para vender otros productos Los productores ofrecen a las compañías espacio en la pantalla por la que circulan los héroes hablando cada vez menos. Una de las películas de la marca James Bond, El mañana nunca muere tiene de momento el récord de fotogramas vendidos (es decir, tiempo en pantalla) a firmas como Visa, Avis, BMW, Smirnoff, Heineiken, Omega, Ericsson y L Oréal, una categoría todavía no considerada por los Oscar de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de Hollywood, que a fin de cuentas sigue formada por profesionales de todos los gremios y ramas de la industria. Fieles al espíritu del cine Una Academia que en temporadas recientes se las ha visto y se las ha deseado para seleccionar material con vistas a su gala anual: películas que salven el listón, que no hagan enrojecer de vergüenza ante la dudosa calidad de muchas de las obras de arte y comercio, de belleza e industria, que llegan a la parrilla final, a la noche (más bien tarde en Hollywood, ya que la ceremonia suele comenzar a las cinco de la tarde, las ocho en Nueva York) en que la Academia celebra ese maridaje insólito de dinero y talento que por otra parte recrea el que en épocas pasadas se vivía entre la Iglesia y sus pintores, la burguesía y sus artesanos y artistas, el mecenazgo que permitía al genio librar sus grandes obras, vivir de lo que hace. Una vez más, entre el paquete de producciones y superproducciones de la temporada, las películas más valiosas, que concilian el espectáculo con el arte, la pasión por contar con la del entretenimiento, son las que vienen del mundo independiente, aunque el membrete sea cada vez más dudoso, más difícil de definir, con capitales de origen diverso. En cualquier caso, son películas fieles al espíritu que mantiene vivo a Clint Eastwood y la fuerza de su cine: desde Mar adentro a El hundimiento o Los chicos del coro en la categoría a mejor película extranjera, a Sideways Hotel Rwanda Vera Drak María llena eres de gracia o Closer en las categorías oficiales con las que los Oscar pretenden que el cine siga siendo un arte de nuestra época, rentable y emocionante. Un viejo pino rojo de California llamado Eastwood se ha convertido en símbolo de lo mejor que el cine puede aún ofrecer. unque haya por ahí a quien le cueste creerlo, no todo el mundo ha ganado un Oscar. En realidad, no lo han ganado ni siquiera todos aquellos que se lo merecían. Y una de las listas más absurdas que se pueden hacer es ésa que arracima a todos los que nunca han ganado un Oscar, porque, o se le ponen unos ciertos límites, o no conseguiríamos meterlos ni en media docena de espasas (y digo meterlos por no decir meternos porque, si no me confundo, ni usted ni yo hemos ganado nunca un Oscar, pero no por ello nadie tiene el derecho de meternos en una lista) O sea, que nos pararemos en unos cuantos nombres que, teniéndolo a tiro y mereciéndolo, nunca fueron tenidos en cuenta por la Academia de Hollywood para que vivieran ese placer único de trincar una de esas estatuillas por el pescuezo. Antes de señalar a algunas de esas admiradas y honorables figuras a las que el Oscar les dio la espalda, se puede poner un ejemplo que ilustre el hilillo de nada que separa a veces el hecho de ganarlo del no ganarlo. En 1951, Marlon Brando se quedó a las puertas del Oscar por Un tranvía llamado deseo (lo ganó Humphrey Bogart por La Reina de Africa al año siguiente, en 1952, a punto estuvo de ganarlo Brando por ¡Viva Zapata! (lo ganó Gary Cooper por Solo ante el peligro justo después, en 1953, apenas si le faltó esto a Brando para ganarlo con Julio César (lo ganó William Holden por Traidor en el infierno Y en 1954, cuando Marlon Brando era el candidato más reincidente, tozudo y mosqueado a mejor actor por su papel en La ley del silencio va y lo gana. Paul Newman ganó a la desesperada su Oscar de interpretación en El color del dinero después de habérselo negado en siete ocasiones anteriores. Es decir, así es la Academia de Hollywood: si lo intentas siempre, alguna vez lo consigues. O no. Entre los que siempre estuvieron al acecho del Oscar, pero fueron de los de o no se encuentran algunos de los más grandes nombres de la Historia de este arte, como A por ejemplo Cary Grant o Marlene Dietrich o Greta Garbo. Tampoco consiguieron su Oscar como directores algunos cineastas de los que han marcado época, género y estilo, como Alfred Hitchcock, Ernst Lubitsch o Stanley Kubrick. En cinco ocasiones la Academia de Hollywood nominó al Oscar a Hitchcock y no le dio ninguno, que es como decir que has ido cinco veces a, pongamos, Zalacaín, y las cinco has ido ya cenado de casa. Bueno, misterios del cine de misterio. Y que Lubitsch, el más grande maestro de la comedia, o Kubrick, uno de los cineastas más irrepetibles y pesados, no hayan conseguido materializar en premio ninguna de sus múltiples nominaciones parece algo más propio de la Academia de aquí (tan maniática y tiquismiquis) que de la Academia de allá. A Cary Grant y a Greta Garbo aprovechó la Academia un año selvático para contentarlos con uno de esos magníficos Oscar honoríficos, que te los dan mientras los invitados de la sala se ponen de pie. No es emocionante, pero sí emocional. Nunca ganó un Oscar el gran Edward G. Robinson. En cuatro ocasiones se quedó con la ganas la grandísima actriz Barbara Stanwyck: Tres veces más, o sea en siete, lo intentaron infructuosamente los británicos Richard Burton y Peter O Toole, lo cual probablemente no les impidió a ninguno de ellos agarrarse una curda igual o mayor que si los hubieran ganado. Ni Lillian Gish, ni William Powell, ni Deborah Kerr, ni Carole Lombard, ni John Gardfield... Ninguno ganó ni ganará un Oscar, algo que no se puede decir exactamente de Glenn Close, todavía ayuna en Oscar aunque ha sido nominada en cinco ocasiones, pero en plenas facultades para seguir intentándolo... Bien, ya vemos como no tener un Oscar de Hollywood es bastante habitual. Somos infinitamente más las personas que no lo tenemos que las que lo tienen. No hay ningún mérito, pues, en no haber ganado nunca un Oscar... a no ser que se sea un mito del cine por los siglos de los siglos, como Marilyn Monroe, que nunca tuvo siquiera la posibilidad de perderlo, a pesar de que haya dejado interpretaciones memorables en media docena de películas. Para eso sirven los académicos de Hollywood, para que usted y yo nos parezcamos en algo a Marilyn Monroe o a James Dean.