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ABC DOMINGO 27 2 2005 Los domingos 57 Mejor actor protagonista Don Cheadle Hotel Rwanda Johnny Depp Descubriendo Nunca Jamás Leonardo Di Caprio El aviador Clint Eastwood Million Dolar Baby Jamie Foxx Ray Jamie Foxx Mejor actriz protagonista Annette Benning Conociendo a Julia Imelda Staunton Vera Drake Catalina Sandino Moreno María llena eres de gracia Kate Winslet Olvídate de mí Hilary Swank Million Dollar Baby Hilary Swank terpretación, el montaje y otras disciplinas, con el deseo de interesar y conmover a públicos distantes, es el que acaso puede darle al cine un pasaporte al porvenir. Un cine como el que Eastwood sigue empeñado en hacer a sus 74 años. Aunque los votantes de la Academia no reconozcan esta tarde su arte como director, es seguro que su talento y su espíritu no se van a batir en retirada. A pesar de que en cinco ocasiones a lo largo de los últimos doce años Eastwood consiguió que Warner Brothers, el estudio al que permanece fiel desde hace cinco lustros, cosechara candidaturas a los Oscar (la Warner no es famosa porque sus vitrinas atesoren muchas estatuillas doradas) y a pesar de que ha producido, dirigido o interpretado treinta filmes para ellos, y de que pese al escepticismo inicial de sus ejecutivos logró que su anterior largometraje, Mystic River recaudara 150 millones de dólares, Eastwood se encontró con caras largas y escaso entusiasmo cuando puso sobre la mesa el proyecto de Million dollar baby El público está cansado de películas sobre el mundo del boxeo le dijeron. El incombustible cineasta replicó que no era una de boxeo sino una historia de amor, aunque el viejo y fibroso pino rojo del oeste tuvo la delicadeza de evitar colar de tapadillo ninguna historia de amor al uso en su durísimo filme que no hace concesiones y para alarma de Hollywood termina mal. Finalmente, gracias a que una firma ajena, Lakeshore Entertainment, accedió a compartir los costes, los jefazos de la Warner dieron la luz verde y ahora todo son sonrisas y parabienes ante una ceremonia de los Oscar en la que la aureola de Eastwood es celebrada por colegas, viejos y nuevos cineastas. Si John Huston rodó El honor de los Prizzi a los 79 años, Akira Kurosawa tenía 75 cuando filmó Ran Mike Nichols ha situado con 73 años su Clo- Quizá ellos no lo deseaban, pero habrá un duelo entre Scorsese y Eastwood, dos pesos pesados, que arrinconan todos los tópicos ser (devastadora incursión en los amores y traiciones contemporáneos) con aspiraciones a Oscar para los mejores secundarios (Clive Owen y Natalie Portman) y el portugués Manoel de Oliveira acaba de presentar, con sus 97 años acaso la mejor película sobre los estragos del 11 de septiembre, Eastwood parece perfeccionar su técnica y su sabiduría con cada nueva entrada. Así lo ve Steven Spielberg, que producirá la nueva película de Eastwood, y que comentó al New York Times Si echas un vistazo a los últimos ocho años, tienes que decir que la vejez ha hecho que su trabajo mejore. A su edad, cuenta todavía con la habilidad de sorprender, en parte porque sus gustos son tan eclécticos. Nos ha deslumbrado a todos con el extraordinario trabajo que ha hecho en sus dos últimas películas John Calley, ex director ejecutivo de Sony Pictures, confiesa al mismo periódico que Clint es distinto a los otros cineastas. Él es un verdadero artista. Aunque nunca se presenta a sí mismo como tal, nunca deja de insistir en lo que pretende conseguir Pero sin duda los más sentidos y más cálidos elogios suelen proceder de sus compañeros de reparto, que encomian la atmósfera de camaradería y confianza que con su presencia, su actitud y su arte como director e intérprete es capaz de insuflar. El actor Kevin Bacon se animó a dirigir después de haber estado a sus órdenes en Mystic River Francamente, es una inspiración ver a alguien jugando con sus propias normas Hilary Swank, que hoy puede añadir un Oscar al que ya consiguió por Los niños no lloran admite que se quedó muda ante su presencia gigantesca, pero en cuanto se sentaron enseguida hizo que se sintiera cómoda: Es un actor asombrosamente bueno Clint Eastwood es una inspiración para los jóvenes cineastas porque sigue empeñado en contar historias sin vender su alma a los estudios, sin poner en peligro su integridad artística y moral, y ofreciéndole gratis a las grandes corporaciones la solución para un mal que parece no tener fin y que, como observaba Louis Menand recientemente en The New Yorker acaso esté matando al cine: la búsqueda desaforada del taquillazo a cualquier precio. La apuesta de Eastwood, y la de muchos jóvenes y no tan jóvenes cineastas, es tan vieja como la tragedia griega: contar buenas historias de la manera más elocuente y conmovedora- -o fría- -posible. No es de extrañar que los premios Spirit al cine independiente- -que ayer se entregaron en la playa de Santa Mónica- -atraigan cada vez a más medios y a más público: porque siguen celebrando el antiguo espíritu del cine, el que Eastwood alienta. Hasta el punto de que, como el festival de cine independiente de Sundance, se haya convertido en territorio de caza y captura de estudios, agentes y distribuidoras, ansiosas de encontrar la cinta que devuelva a los cines a los espectadores que huyen. En 1946, acudían cada semana al cine cien millones de estadounidenses. Entonces la población era de 141 millones de almas y las pantallas 19.000. En nuestros días- -recordaba Menand- son 36.000 el número de pantallas disponibles para una población de 295 millones de seres, y los que se dejan persuadir por las películas cada semana rondan los 25 millones. Buena parte de los costes de las películas que se hacen hoy día se la llevan los apartados de publicidad y promoción. Si en 1975 un gran estudio se gastaba dos millones de dólares en promocionar una de sus películas, en el año 2003 la cifra había llegado a unos estratosféricos 39 millones de dólares. Formidables campañas en las que se busca desesperadamente atraer a un (Pasa a la página siguiente)