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ABC DOMINGO 27 2 2005 La Entrevista 11 -Cuando ellos han recibido la visita de Jordi Sevilla, de algún modo se les ha leído la cartilla. ¿Qué les ha dicho el Gobierno? Que a través de un Estatuto de autonomía no pueden modificar leyes orgánicas que son competencia del Parlamento español; que no pueden blindarse con competencias exclusivas del Estado de ninguna de las maneras; que está haciendo un uso masivo del artículo 150.2 y que eso no es lógico. Inmediatamente, llegaron las respuestas airadas del tripartito, de unos y de otros... Entonces, viene Zapatero y dice lo siguiente, que yo suscribo: el Estatuto tiene que contar con un consenso muy amplio e inscribirse en el pacto constitucional. Eso a mí me tranquiliza aunque inquiete a otros. ¿Las nacionalidades históricas deben tener un reconocimiento distinto respecto de las demás? ¿No hay un peligro de ruptura de la cohesión dadas las exigencias desde Cataluña o el País Vasco? -En la Constitución no hay un solo artículo que autorice que uno sea más que otro. Ellos dicen que tienen hechos diferenciales y sentimientos de pertenencia que les avalan para tener más y pedir más que el resto. Pero el hecho diferencial ¿es la lengua propia? Olé... y que la protejan. ¿Un sentimiento especial de pertenencia? Pues muy bien. Pero ¿hay algo que tengan que esté limitado, que sea ninguneado o que sea asaltado por el Estado? No. Nada de nada. La legislación respeta su singularidad, pero a partir de ahí ¿cómo puede venir nadie a decir y además, dos huevos duros más que el resto -Pero ése es precisamente el éxito del discurso nacionalista ¿no? -Es el discurso por ejemplo de CarodRovira, que me gusta por su transparencia. ¡No me malinterprete... no es que yo coincida en absoluto con el personaje! Él dice que no es nacionalista, sino abiertamente independentista. Pero en su discurso, claro, sale el tema de la financiación, de la cartera. ¿Y qué dicen? Vamos a ponernos de acuerdo el tripartito con el Gobierno de España y eso no es. Ya se les ha dicho que no. ¡Pero fíjese por dónde van! Eso supondría vulnerar los dos principios básicos de la Constitución: la unidad de España y la solidaridad, y no hay otra columna vertebral. Si se rompe, hacemos un pan como unas tortas. El problema de España no es cómo encajar a estas Comunidades porque se quieran segregar, sino el de la cohesión social y económica. El principio de igualdad es el problema de España. Si alguno reclama privilegios y quiere ser más que otros es que no se ha enterado de nada. Apiolarse la Constitución y decir esto es lo que hay como hacen los nacionalistas, sí que es un golpe de Estado. ¿Es discutible para usted el término nación? -La Constitución consagra nacionalidades y regiones. A partir de ahí, cuando alguien dice que nacionalidad y comunidad nacional es prácticamente lo mismo... Pues si es lo mismo, que se quede como está. Por lógica. ¿Para qué cambiarlo? Lo que pasa es que llamar a algunos comunidad nacional tiene un contenido político de alcance, que es lo que no se quiere explicar. Mire, mañana, o dentro de 20 años, puede venir un legislador y decir que por ley se confieren a las comunidades nacionales transferencias del Estado sobre determinadas materias. El resto quedaría excluido y ya tenemos ahí el elemento diferenciador, y tampoco es eso. Nación no hay más que una. España no es un Estado plurinacional, es plural y, en última instancia, si vamos a hablar de historia, suena a broma que algunos digan que tienen más historia que Andalucía. ¿Ve acertada la estrategia del Gobierno ante el plan Ibarretxe? -Soy de los que piensa que cualquier fórmula de rechazo a ese plan desde el punto de vista constitucional y legal es bueno. No voy a entrar en si es mejor lo que dice el PP, o unos y otros. Lo que abunda no daña si es constitucional. Lo que no comparto es que algunos defiendan que se ha acabado con el problema de Euskadi de un plumazo. No se ha acabado. Los nacionalistas irán a ganar y mucho me temo que ganarán. Y me temo también que a las elecciones municipales lleguen con la consulta de la autodeterminación. Se les ha dicho no desde la soberanía nacional, cada uno a su manera, más o menos contundente. Pero el no es no Eso es lo fundamental, lo demás es secundario. -Bien. Y tras el no ¿qué pasa? -Mientras que el niño patalea y grita ¿va a tener recreo? Yo soy de los que dicen que mientras patalee, no hay recreo. Desde ahí, creo que hay inteligencia política para manejar esto. Quien gobierne o quiera gobernar España no puede equivocarse nunca en esto ce- Apiolarse la Constitución y decir esto es lo que hay como hacen los partidos nacionalistas, sí que es un golpe de Estado Que algunos se quieran llamar comunidad nacional tiene un contenido político de alcance que no se quiere explicar Nación no hay más que una. España no es plurinacional, sino plural Si alguna Comunidad reclama privilegios y quiere ser más que otra es que no se ha enterado de nada en veinticinco años Apoyo y apoyaré a José Luis Rodríguez Zapatero, pero nunca apoyaré a Pasqual Maragall. No soy ningún talibán ¿Negociar con ETA? ¿Pero qué tenemos nosotros que negociar con esa gente? Son criminales y no se dialoga con nadie que mata diendo más de lo razonable y poniendo en riesgo la unidad de España. Si ahí te equivocas, te jubilan para siempre. -También es discutida la alternativa socialista de Patxi López al plan Ibarretxe. Hay voces que también lo tildan de inconstitucional... -Muchos creímos que cuatro años atrás iba a ser posible un triunfo de los constitucionalistas, pero aquello fue un fracaso. Cuando ahora se quiere plantear este asunto desde la autonomía de los partidos que defienden la Constitución en Euskadi, me parece acertado y bueno. La estrategia del PSE, con un ámbito autónomo en la política vasca, eso sí, señalando como límite la Constitución, me parece positivo y lo suscribo. Otra cosa es que con quien reclama un Estado libre asociado, aunque sea amablemente, no se puede pactar. No se puede pactar con nadie que se echa al monte. A mí me ha tranquilizado mucho oír a Patxi López decir que el PSE no va a pactar con nadie salvo que se entienda que él sea lendakari. Eso quiere decir muchas cosas para el que las sepa leer. La política del frentismo fue un fracaso y la política de la recuperación de la autonomía en Euskadi puede ser un acierto. ¿Estaría justificada una reforma electoral que restringiese el poder que acumulan en España formaciones con un tres o un cinco por ciento de representación? -Ya es tarde para eso. Se pudo hacer en su día, cuando se planteó si era o no mejor el sistema mayoritario sobre el proporcional... Es difícilmente entendible, chirrían las cuadernas, cuando ves que el 1,8 ó el 2,2 de la población te monta un bochinche. Pero al mismo tiempo, la fortaleza del Estado tiene herramientas suficientes para impedir que lo que son voces se conviertan en hechos. -Pero esas voces son muy altas y crece la preocupación. -Quizá porque ya he visto muchas cosas, estoy tranquilo. He visto el asalto al Estado de algunos financieros que creían que por 70.000 millones se compraba un país y ahora están en la cárcel. He visto cómo algunos dijeron que se quedaban con toda la Costa del Sol, con Ceuta y con Melilla. Y todo, gratis total. Y no fue gratis. He visto, casi ayer, cómo entraba Tejero en el Congreso y parecía que se acababa el mundo. Luego lo he visto en la cárcel. La aparente fragilidad del Estado es su fortaleza. Lo que ocurre es que los tiempos en un Estado democrático no son los que reclaman los sentimientos de los ciudadanos. La máquina del Estado va andando y nada sale gratis. ¿Cree que el Gobierno debe negociar antes con Carod o Ibarretxe que con el Partido Popular? -Pertenezco a la cultura de la transición política y no entiendo que lo que se refiere a la Constitución y a las reformas territoriales no pase por un acuerdo, y no sólo con el PP, sino con todas las formaciones políticas. Si en la transición hicimos una Constitución que pasó por un acuerdo entre los grandes partidos, ahora debe ser igual. No estamos hablando de temas menores, sino de las cosas de comer. -Hay una exigencia del tripartito catalán de hacer públicas las balanzas fiscales para justificar así una reforma de la financiación que les beneficie. ¿Cómo debe ser esa reforma? -El tema del bolsillo... Mire, lo digo muy claro: en esto no vale una negociación a dos bandas dejando al margen a las demás Comunidades. La financiación es un principio de igualdad que salvaguarda la solidaridad. Y la España invertebrada de la que hablaba Ortega no es la de la insolidaridad. -Pero parece que Zapatero escucha y atiende mucho a Maragall, por ejemplo... -Yo no voy a interpretar lo que tiene Zapatero en la cabeza sobre Maragall. Lo que sí digo es que apoyo y seguiré apoyando a Zapatero y no apoyaré nunca a Maragall. ¿Por qué? Le he oído decir que está más de acuerdo con la Constitución europea que con la española. Está en su derecho, pero yo no lo comparto. Yo no soy ningún talibán. Nuestra Constitución fue hecha por todos. No hubo nadie en contra. ¿Qué influencia ejerce Felipe GonPasa a la página siguiente