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98 Los sábados de ABC SÁBADO 26 2 2005 ABC ENTREVISTA ALINE GRIFFITH Agente secreta y escritora Un espía nunca se jubila Aline Griffith, condesa de Romanones, se infiltra en La trama marroquí (Ed. Belacqva) último episodio para una saga, al estilo Indiana Jones, que rodará en España la factoría Spielberg TEXTO: VIRGINIA RÓDENAS FOTO: ERNESTO AGUDO Siempre se pone de parte de los hombres, salvo cuando su esposo, el conde de Romanones, le reprochó que los espías estaban mal vistos en España porque aquí espía suena a traición Y le dio la razón, claro, pero también hizo lo que le dio la real gana. Efectivamente- -reconoce Aline pero no enseguida: Tras diez años de casada, sumisa y enamorada, una mujer hace lo quiere con su marido. Para entonces, ¿quién iba a sospechar de una condesa española? Y volví Regresó al mundo de los agentes secretos del que me confiesa, a sus magníficos, bellos y sobre todo admirables 82 años, que nunca, nunca, volvió a salir. -Cuando me hablaron de La trama marroquí pensé que iba del 11- M. -Me lo imaginaba, por la conexión con Marruecos, puesto que los terroristas eran de aquel país. Sospeché desde el primer momento que hubiera algunos árabes metidos en ese desastre porque, aunque pareció a todas luces que tenía que ser ETA, mis estudios sobre cómo trabajan todos juntos los terroristas, porque la ETA y los otros grupos están muy unidos, tanto en su preparación y su entrenamiento como en el trasiego de armas, naturalmente me llevaron a plantearme otras hipótesis que luego resultaron ciertas. ¿Por qué rescata precisamente el atentado contra Hassan II? -Porque era un momento histórico muy importante. Además, se presta mucho al interés humano porque se ve el drama y la trama de que la persona en quien el Rey Hassan tenía puesta la máxima confianza y colocó en los puestos más elevados resultó ser su enemigo y el gran traidor que quiso acabar con él. Una historia donde se mezcla la posibilidad del terrorismo con la his- toria de una traición, un hecho real que pasó en 1971 y del que fui testigo directo. -En su libro narra los entresijos de una conspiración libia contra la monarquía alauita; pero desde entonces las cosas han cambiado mucho y Gadafi es ahora amigo ¿Usted se fía? -Imagínese, éste cambia según le convenga. No me fío, en absoluto. ¡Cómo iba a creerme nada de esto si conozco el tema del terrorismo tan a fondo! Trabajé para la CIA cuarenta años, hasta el año 1986, y ahora formo parte de un grupo constituido por antiguos agentes de los servicios de inteligencia procedentes de doce países, y entre los que yo soy la única señora, y que desde hace mucho tiempo venimos estudiando la cuestión terrorista. Por eso pude escribir mi libro sobre Carlos El Chacal que estuvo trabajando con nombre falso en una compañía de mi marido; pero ésta es otra historia. -Dice que pertenece a un grupo de ex espías, ¿quiénes son y cuál es su misión? -Es un grupo, aunque no descarto que existan otros, donde personas procedentes de una docena de países entre los que están Francia, Alemania, Inglaterra, España y EE. UU. nos reunimos dos veces al año para estudiar y analizar los problemas más graves internacionales de los que hemos tenidos noticias. Con esa información intentamos ayudar e informar a nuestros propios países aportando a los Gobiernos cuestiones de las que nos hayamos podido enterar y que sean de interés. Somos personas que hemos estado toda la vida en centrales de inteligencia y las reuniones, de tres o cuatro días, se celebran en sitios diferentes del mundo, aunque siempre una de ellas es en Washington, y a las que también asisten represen- La condesa de Romanones recuerda el atentado contra Hassan II en 1971, del que fue testigo directo tantes de países árabes. -De manera que un espía no se jubila nunca. -Nunca. ¿No le tienta investigar los tentáculos de Bin Laden en España? -Naturalmente. Pero si lo estuviera haciendo no lo diría. ¿Por qué, al contrario de lo que sucede en EE. UU. en España en no se la toma en serio? -Es algo que está ahí y que no me gusta. Cuando me casé noté que al adquirir un título y ser una señora que va a fiestas con trajes de alta costura te asignan el papel de frívola y tonta. Siempre he tratado de combatir esa imagen que, sin embargo, en América no es así: allí les encantan los títulos nobiliarios, algo que me ha facilitado muchísimo la obtención de información en Francia, Marruecos, Alemania... En América nunca nadie me ha puesto en tela de juicio. Pero le diré que esto no ha afectado ni un ápice mi enorme amor a España. ¿Una cualidad imprescindible para ser espía? -Ofrecer confianza. A mí me vigilaron muchísimo. Me habían entrenado a fondo en la escuela de espías y me ofrecí para realizar tareas que entrañaban peligros sin saber que me iban a pagar doble, lo que al final resultó una sorpresa muy agradable. Hablando de la confianza recuerdo que durante la guerra, en Portugal, una secretaria de la oficina de la OSS, que fue el precursor de la CIA, se había enamorado de un portugués que estaba trabajando para los alemanes; la pobre no sabía que él la estaba