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22 SÁBADO 26 2 2005 ABC Internacional Una joven israelí conmocionada por la explosión es auxiliada en el lugar del atentado AFP Heridos por la explosión aguardan a ser atendidos por el personal sanitario Un atentado en Tel Aviv rompe la tregua y devuelve a Oriente Próximo a su realidad Israel ve la mano de Hizbolá tras el ataque reivindicado por varios grupos palestinos b Un terrorista suicida causa al menos cuatro muertos y decenas de heridos entre los jóvenes que hacían cola para entrar en una conocida discoteca JUAN CIERCO. CORRESPONSAL JERUSALÉN. Las esperanzas de paz a corto plazo saltaron a las 11 horas y 15 minutos de la noche de ayer descuartizadas junto a la discoteca The Stage (El Escenario) de Tel Aviv. A pocos metros de la playa y del abarrotado paseo marítimo; en viernes noche, cuando los jóvenes israelíes se lanzan a la calle a disfrutar de las muchas discotecas, clubes, bares y restaurantes de la zona. Un suicida palestino se acercó a la treintena de personas que hacían cola junto a uno de los locales de moda de la ciudad, que acababa de abrir sus puertas, y se volaba en mil pedazos con toda la asesina intención del mundo. Dos personas sospechosas, que podrían haber ayudado al suicida, fueron avistadas huyendo del lugar de los hechos poco después. La explosión causó la muerte de al menos cuatro personas y decenas de heridos. La discoteca atacada, vigilada por cuatro guardias de seguridad que nada pudieron hacer, quedó muy dañada. La fachada se vino abajo. Muchos coches aparcados en la calle resultaron afectados, como también varios edificios y locales colindantes. Tel Aviv viajó entonces a un pasado todavía demasiado cercano. Revivió la noche del 1 de junio de 2001, cuando un suicida palestino se inmoló junto a la cola de la discoteca Dolphinarium y mató a una veintena de jóvenes y adolescentes. O la del 29 de abril de 2003, cuando en el cercano bar Mike s Place otro suicida asesinó a tres personas e hirió a muchas más. Pero lo acontecido ayer, muy parecido a lo sucedido entonces, tenía connotaciones muy distintas que pueden provocar duras consecuencias. Yaser Arafat ya está muerto y enterrado. Palestina había celebrado elecciones presidenciales. Mahmud Abbas (alias Abu Mazen) el hombre que enarbola la bandera contra la Intifada violenta, había salido triunfador con notable legitimi- dad. Además, hacía poco menos de dos semanas que Ariel Sharón y Abbas se habían reunido en Sharm el- Sheij para anunciar a bombo y platillo el fin de la violencia, lo que muchos interpretaron como el fin de la Segunda Intifada, la de Al Aqsa. Los grupos radicales palestinos, instados por el presidente Abbas, se habían comprometido, a su vez, si no a mantener una tregua en toda la extensión de la palabra, sí al menos a respetar un periodo de calma y a no lanzar ataques contra Israel. Fin del estado de euforia La región vivía, pues, un estado de euforia contenida en la que unos y otros hablaban y no paraban de la nueva oportunidad para la paz de esa ven- El Gobierno israelí acusó anoche a Mahmud Abbas de no luchar de verdad contra el terrorismo tana que se abría de par en par a la paz Hasta ayer, en que se rompía esa tregua ficticia y se ponía fin a 4 meses sin atentados. El último, también en un mercado de Tel Aviv, el pasado 1 de noviembre, con 3 muertos. Poco después de cometerse el atentado en la calle Herbert Samuel, cercana a la Embajada de Estados Unidos, el Yihad Islámico saltaba a la palestra para reivindicarlo. Minutos más tarde, en una llamada a la agencia de noticias France Presse desde Yenín, se apuntan el macabro tanto las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa. Ambos grupos radicales recitaban los mismos motivos como justificación injustificable: Israel no ha dado nada a cambio de la tregua; apenas ha liberado a un puñado de prisioneros; no ha cedido el control de nuestras ciudades; no ha levantado los checkpoints militares... No podemos seguir comprometidos a un alto el fuego que sólo aplicamos nosotros mientras el Ejército israelí sigue matando y deteniendo a los nuestros Una decena de palestinos habría muerto desde la cumbre de Sharm el- Sheij.