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ABC SÁBADO 26 2 2005 Opinión 5 Tercera de primera El académico Arturo PérezReverte se estrena hoy en la Tercera de ABC con un texto de eslora cervantina y calado marinero. De la mano de sus dos grandes pasiones, el mar y las letras, llega el escritor cartagenero al hogar periodístico que ha venido acogiendo desde hace un siglo buena parte de la más esmerada prosa y del talento creativo del quehacer literario. Blanca y en botella No hace falta ser un lince para darse cuenta de quién anda realmente detrás de la lista denominada Todas las opciones que ayer se presentó para defender en las elecciones vascas los postulados de Batasuna. Sobre todo si los concurrentes, afines a la causa pero que no han ocupado cargos públicos o internos en la coalición, reconocen que no cuentan con proyecto político ni programa alguno Parece claroque su intención es convertirse en un aliviadero de votos para los batasunos, cuya ilegalización les impide presentarse. La denominada lista blanca abertzale parece lo que es: blanca y en botella. Paso adelante Hollywood vive ya las horas previas a su fiesta anual, la gala de los Oscar. En ella estará por primera vez Alejandro Amenábar, que ha confirmado con Mar adentro su creciente presencia internacional. Gane o no Amenábar en la ceremonia de mañana, el director español ha dado un fundamental paso adelante en su carrera y ha elevado muchos enteros su ya alta cotización. UN EJEMPLO IMPOSIBLE MANUEL ÁNGEL MARTÍN EPA Dimite Monsieur Piso Hervé Gaymard (en la imagen) presentó ayer su dimisión como ministro de Economía y Finanzas de Francia tras ser incapaz de contener la polémica generada por disponer de un suntuoso piso (600 metros cuadrados en el centro de París) como vivienda profesional, inmueble que le costaba 14.000 euros al erario de la República. El quid del escándalo reside en que Gaymard disponía en propiedad de un piso de 200 metros cuadrados en el centro parisino, que alquilaba a razón de 3.200 euros al mes. Además, posee una granja y dos pisos en Saboya y una casa de campo en Bretaña. E quejan algunos politólogos franceses de que los términos governance y accountability no tengan traducción en su hermosa lengua porque consideran que eso del gobierno transparente y controlado, y la responsabilidad y la rendición de cuentas es cosa de libertarios anglosajones obsesionados por defender al individuo frente al Estado y al mercado salvaje, y no de centroeuropeos adoradores del Leviatán público y de la regulación invasora, pero a veces tienen gestos que desmienten tanto pesimismo, al menos si los comparamos con los que se llevan por estos lares. Hervé Gaymard, hasta ayer ministro francés de Economía, disfrutaba de un dúplex compartido con su esposa y sus ocho hijos por el que los contribuyentes franceses pagaban la bonita cifra de 14.000 euros mensuales sin que hubieran tenido conocimiento, ni manifestado su complacencia, ni disfrutado de alguno de los 600 metros cuadrados del lujoso inmueble. Descubierto el pastel y enredado el político en las habituales ocultaciones y disculpas- -entre ellas la inoportuna apelación a su origen humilde- al final se ha visto obligado por la opinión pública a presentar su dimisión a Chirac y Raffarin, que no han puesto ningún inconveniente en aceptarla. Al parecer, nada ilegal hubo en su comportamiento, pero la responsabilidad política ha terminado por ganar el pulso a las razones de Estado, al principio de autoridad, a la cerrazón partidista, al descaro y a la poca vergüenza, que son los argumentos básicos que por aquí utilizamos para no conjugar el verbo dimitir Aquí no pasa nada si un inmenso cráter de incompetencia se traga un barrio o la falta de previsión reduce a cenizas cientos de hectáreas de vegetación, y la consigna es aguantar el chaparrón, no sea que las dimisiones se interpreten como un reconocimiento de culpa y quiten votos. Alcaldes, presidentes de Comunidades Autónomas y altos cargos- -no todos, claro- exhiben exagerados signos de lujo y poder, viajes, tresporcientos residencias y séquitos en los que la necesaria dignidad de la representación pública bordea el duro y puro disfrute personal, el defraudador gozo de unos ilegítimos pagos en especie, algunos de los cuales intentan prolongar más allá de su mandato. Ni la ineficacia, ni la ostentación tienen respuesta ética o política. Su evidencia y su denuncia son inocuas, y la dimisión, un fenómeno insólito, como si siguiera vigente aquel supuesto y poco gracioso anuncio franquista en El Pardo: Desde aquí hasta la ermita, calzonazos- -así es más políticamente correcto- -el que dimita S