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52 Cultura VIERNES 25 2 2005 ABC Hallan en un baúl cartas de Shelley en las que plasma la raíz de su ateísmo b Escritas entre diciembre de RECUERDO Y HOMENAJE: ADIÓS, JAVIER CARLOS SECO SERRANO de la Real Academia de la Historia 1810 y febrero de 1811 cuando era un estudiante, las misivas fueron encontradas por la dueña de una casa en el sureste de Londres EFE LONDRES. Unas cartas inéditas en las que el poeta británico Percy Bysshe Shelley plasmó las raíces de su ateísmo cuando todavía era estudiante han aparecido en el baúl de una casa del sureste de Londres. Las cartas fueron escritas por Shelley, uno de los máximos exponentes del romanticismo inglés, entre diciembre de 1810 y febrero de 1811 cuando estudiaba en el Colegio Universitario de Oxford, del que fue expulsado junto a su mejor amigo por distribuir un panfleto ateo. En esos escritos, encontrados por la actual dueña de la casa londinense, el poeta, fallecido a los 30 años de edad en 1822, describe de manera apasionada sus teorías sobre la creación y el origen de una deidad. En una de ellas, Shelley niega la existencia de Cristo. Las cartas, cuyo valor se calcula que supera los cuarenta mil euros, serán subastadas el próximo 8 de junio por la casa Christie s de Londres junto a otros documentos de valor, como un ejemplar del Siderius Nuncius de Galileo. Descubren el Palacio de Rómulo, fundador de Roma JUAN VICENTE BOO CORRESPONSAL ROMA. Excavando en el Foro romano, a los pies de la colina del Palatino, Andrea Carandini dice que ha descubierto el Palacio de Rómulo, mítico fundador de la ciudad el 21 de abril del 753 a. C. la fecha ab Urbe condita que era punto de partida del calendario romano. El palacio fue una construcción cuadrada, de 10 por 10 metros, con un patio y un ingreso monumental hasta sumar 345 metros cuadrados. Aunque sean dimensiones modestas, aquel edificio resultaba grandioso frente a las cabañas ovales del Palatino, y Carandini, que lleva veinte años excavando esos lugares, afirma: Sólo puede ser el Palacio de Rómulo, y es del año 753, confirmando la fecha de fundación de Roma, que algunos consideraban una leyenda La aldea del Palatino nació en el siglo X, doscientos años antes de la fecha del legendario Rómulo, que, naturalmente, era hijo de Marte, dios de la guerra, y de Rea Silvia, una de las vestales. IEMPRE que puedo hago una escapada a Barcelona: para asistir a alguna sesión de su benemérita Real Academia de Buenas Letras; para visitar a mis muchos amigos allá- -casi todos, antiguos discípulos- -o simplemente para disfrutar de nuevo de sus viejos barrios y de sus espléndidos paseos (ya advertí en alguna ocasión que por muchas razones me siento tan toledano y madrileño como barcelonés) Pero esta vez existía una razón distinta y fundamental para mi presencia en Barcelona: encontrarme con Javier Tusell, al que sólo había podido ver en una ocasión desde que, hace tres años, se inició la terrible serie de sus dolencias (septicemia, leucemia, neumonía... Cierto que de cuando en cuando conversábamos telefónicamente, pero aunque lo intenté de nuevo durante una reciente estancia mía en la ciudad condal, la situación clínica de Javier no nos había permitido un encuentro personal. En esta última ocasión habíamos quedado, por fin, en vernos el miércoles, 9, a la una de la tarde, en su domicilio de la avenida de Roma (muy próximo a la Clínica de la que prácticamente dependía) Por desgracia, la noche antes, me aguardaban en el Hotel dos mensajes telefónicos sucesivos; el primero, de la hija de Javier, advirtiéndome que no podríamos celebrar la entrevista concertada porque un súbito empeoramiento de la situación de su padre había obligado a reingresarle en la Clínica. El segundo mensaje- -que me remitió la profesora María Teresa Martínez de Sas- -me informaba de que la televisión acababa de dar la noticia del fallecimiento del histo- S riador Javier Tusell. Vi, por fin, a Javier: pero en un tanatorio, y de cuerpo presente. Confieso que no pude soportar la impresión, y me derrumbé en el dolor tras abrazar a Veva, la esposa y colaboradora modélica de Javier. De golpe, todos los recuerdos vinculados a nuestra prolongada amistad, se me hicieron presentes, desde los lejanos días en que, como profesor auxiliar, me acompañaba en los cursos de conferencias que durante años impartí en la Escuela Diplomática. A partir de entonces él se consideró discípulo mío- -aunque su maestro, en realidad, lo había sido en las aulas José María Jover- Y nuestra amistad se afianzó en una comunidad de convicciones y de esperanzas, ya en los días inolvidables de la transición democrática. Javier era extraordinariamente inteligente, vivaz, abierto. No siempre coincidíamos en nuestros puntos de vista, y a veces diferíamos de forma radical en la valoración de determinadas personalida- Aparte la visión clara, inteligente, abierta, Tusell tenía una capacidad y vocación de trabajo extraordinarias: era asombrosa su habilidad para detectar y acceder a los más recónditos archivos El historiador Javier Tusell, fallecido a los 59 años JAIME GARCÍA des políticas, pero precisamente una compartida convicción y vocación liberal nos permitía salvar todos los obstáculos. Era una delicia conversar y cambiar impresiones civilizadamente con Tusell, compartiendo mesa en el Club 31 o en La Ancha de la calle Zorrilla: ocasiones en las que solía estar presente, poniendo su nota de vivaz sensibilidad femenina Genoveva, la beldad conyugal como la calificó, con estilo muy propio, el inolvidable Dalmiro de la Válgoma cuando los presenté. Aparte la visión clara, inteligente, abierta, Tusell tenía una capacidad y vocación de trabajo extraordinarias: era asombrosa su habilidad para detectar y acceder a los más recónditos archivos- -por ejemplo, el de Carrero Blanco o el de Arias Navarro- La rapidez con que llevaba a cabo la redacción de sus trabajos, traicionaba a veces una maduración necesaria de los mismos, aunque servía para compensarla la agudeza e intuición de su enfoque; y por otra parte, estuvo siempre atento a todas las novedades metodológicas, a partir de sus iniciales estudios de sociología electoral (pienso en el admirable libro sobre las elecciones del Frente Popular, que yo le prologué) Es muy difícil hacer recuento de sus innumerables contribuciones al desvelamiento objetivo de nuestra historia contemporánea; pero creo que cabe destacar los estudios que dedicó a la historia de la democracia cristiana en España; el excelente trabajo Radiografía de un golpe de Estado, que desmintió documentalmente y de forma definitiva la presunta participación de Alfonso XIII en el golpe de Estado de Primo de Rivera: así como su colaboración- -junto conmigo, y precisamente sobre la Dictadura- -en el tomo XXXVIII de la Historia de España de Menéndez Pidal; trabajos estos últimos que culminarían en su gran biografía de don Antonio Maura y en el libro Alfonso XIII, el Rey polémico (1987) realizado, como casi todos los suyos en colaboración con Veva. Creo, sin embargo, que la máxima vocación de Tusell fue la política; y como director general de Bellas Artes dio muestra de su valía: de cuanto podía esperarse de él en este campo, al lograr la recuperación del Guernica de Picasso para España, y la menos conocida salvación del segundo archivo Narváez, emigrado a Chile medio siglo atrás, y que completó el primero, depositado en la Real Academia de la Historia. Con esta vocación política están relacionados sus espléndidos trabajos sobre figuras de nuestra historia más próxima- -todavía realidad viva- Carrero Blanco, Arias Navarro, el Rey Juan Carlos... ¡Cuánto cabía esperar aún de la actividad historiográfica de Javier Tusell- -actividad que espero se prolongue en el núcleo de sus discípulos y colaboradores- de un Tusell cada vez más asentado, más maduro también para la acción política! Así y todo, lo que nos deja es un legado espléndido. Un legado que- -sin embargo- -no podrá compensar nunca, para quienes fuimos sus amigos y admiradores, la pérdida del hombre cabal que fue Javier Tusell.