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4 Opinión VIERNES 25 2 2005 ABC Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA PRESIDENTE DE HONOR: DIRECTOR: Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Ignacio Sanz IGNACIO CAMACHO EL GOBIERNO CONFUNDE A LAS VÍCTIMAS BUSH- PUTIN, MÁS CERCA L AS víctimas del terrorismo están viviendo una crisis de confianza en el Gobierno y ya es urgente que el jefe del Ejecutivo, José Luis Rodríguez Zapatero, se tome en serio este problema. Un gobierno democrático, que está en lucha con el terrorismo etarra y el terrorismo islamista, no debe generar continuamente conflictos con las víctimas. Se da, además, la circunstancia agravantede que hay un cúmulo deerrores, gestos inoportunos y declaraciones impertinentes que sitúan la responsabilidad del Gobierno en tránsito desde la culpa al dolo. La manipulación política de los sentimientosque generó la por otro lado impecable declaración parlamentaria de Pilar Manjón y la torpísima designación de Peces- Barba como Alto Comisionado para las Víctimas del Terrorismo- -quien ayer, en el Congreso, ratificó su inadecuación para el cargo- -dieron la orden de salida a una política de desprestigio de las víctimas de ETA, muy sutil pero explícita, con el objetivo de alinearlas con el PP y con posiciones extremistas. En definitiva, para aminorar la fuerza de un colectivo que se ha erigido en conciencia crítica del Estado y de la sociedad. Con lavarse las manos y hacer llamamientos a la unidad no se evitan las responsabilidades, porque, al mismo tiempo que las víctimas de ETA empezaron a temer que su ciclo está declinando, alguien pensó que había llegado el momento de negociar con el nacionalismo vasco y de despejar el terreno por si llegara el momentode hacerlo con ETA. Probablemente, debió de pensarlo el mismo que vio en las víctimas de ETA un obstáculo para esa estrategia, pero removible si se las despojaba de la autoridad moral que, por fin, después de casi mil muertos, les habían reconocido la sociedad y la clase política. El mayor error fue creer que a tal estrategia le vendría bien la táctica de enfrentar a unas víctimas con otras. El resultado salta a la vista, y basta confrontar el II Congreso Internacional de Víctimas del Terrorismo, celebrado en Bogotá, con, por ejemplo, la comparecencia parlamentaria que ayer protagonizó Peces- Barba. La capital de Colombia recibió el testigo de Madrid, donde el pasado año, en enero, cuando la unidad en torno a las víctimas no era un deseo sino una realidad, se celebró el primer Congreso, inaugurado por el Príncipe de Asturias y al que asistieron el ex presidente Aznar y otros miembros del Gobierno del PP, así como destacados dirigentes del PSOE. Pese a que en Bogotá han estado víctimas de ETA y del 11- M, el Gobierno socialista se declaró en ausencia, al igual que Peces- Barba. Sólo asistió una directora general del Alto Comisionado. El discurso inaugural fue pronunciado por Aznar, a quien le escucharon víctimas españolas, pero también del atentado de Omagh, en Irlanda del Norte, de la Escuela de Beslán, en Osetia, o del Hotel Marriott, en Yakarta. Los compromisos se demuestran con hechos, y los hechos del Gobierno socialista mueven justamente a las víctimas a la confusión y la preocupación. El exceso verbal en torno a una posible negociación con ETA, la hostilidad hacia la asociación mayoritaria de víctimas y el saldo negro de la gestión del Alto Comisionado hacen necesario que el Ejecutivose replantee la situación. Durante los últimos años, PP y PSOE construyeron una estructura legal e institucional para amparar a las víctimas, no sólo con buenos sentimientos y reparaciones materiales, sino también con un determinado sentido de la justicia y de la política antiterrorista, que es el que respalda la inmensa mayoría de los ciudadanos. Que a pocos meses de tomar posesión el Alto Comisionado no cuente con la confianza de la mayoría de las víctimas ni del principal partido de la oposición da la medida del grave error que está cometiendo el Gobierno. E PERITOS, NO MÉDIUMS AS imágenes, evidencias y testimonios recabados alrededor del incendio del edificio Windsor de Madrid han generado polémica y dudas respecto a las circunstancias en las que se produjo la calcinación del inmueble, retransmitida en directo por televisión y que, por tal motivo, ha acumulado un elenco de testigos presenciales de dimensiones insólitas en este tipo de catástrofes. A estas alturas parece claro que los espacios en sombra y las incógnitas que rodean al suceso son muchos (visitantes extraños en pleno fuego, butrones, tardanza en dar la alarma... y hacen imprescindible una exhaustiva investigación para determinar las causas del siniestro y para despejar el catálogo de incertidumbres generado. La tranquilidad de la opinión pública y el colosal y complejo cúmulo de intereses económicos que se levantan sobre los restos L de la torre obligan a ese esfuerzo indagatorio por parte de policías y técnicos, quienes, bajo la dirección de la autoridad judicial, habrán de determinar la verdad de lo ocurrido. Pero ese intento, imprescindible, por concretar fidedignamente lo sucedido precisa, al tiempo, de un escenario de sosiego que ayude a no enturbiar el resultado de las pesquisas, sometidas estos días a un sinfín de teorías que van desde lo fantasmagórico hasta lo conspirativo, pasando por el terrorismo o la delincuencia común. La encrucijada no es fácil, pues la investigación debe ser compatible con la demolición del gigante esqueleto de hormigón que aún se levanta sobre las ruinas. Pero parece claro que la verdad de este caso vendrá más de la pericia indagatoria de policías y técnicos que del oficio de médiums, especialistas en conjuras u otros bestselleristas de éxito. L nuevo escenario trasatlántico y sus conexiones estratégicas siguen dibujándose. La visita de Bush va dando progresivamente sus frutos. Sus numerosos encuentros bilaterales articulan un marco de relaciones intenso y fluido que trata de superar el escabroso desencuentro de hace dos años. La cena privada del lunes con el presidente Chirac y las reuniones bilaterales con el canciller Schröder y el presidente Putin han supuesto los hitos más importantes de un proceso que pretende olvidar definitivamente la fractura suscitada por la crisis de Irak. La flexibilidad inteligente de la que están haciendo gala los EE. UU. ha abierto una nueva era de cooperación a varias bandas. Poco a poco las piezas del puzle van encajando con su recomposición. La colaboración con Francia ya ha dado un primer resultado forzando el compromiso de Siria a retirar sus tropas del Líbano. Por otro lado, la presión sobre Irán y los riesgos de derivas islamistas en las repúblicas del Asia Central exigen cauces de interlocución más amplios. Es más, el ambicioso proyecto norteamericano de redefinir estratégicamente el Oriente Próximo requiere sintonizar no sólo la voluntad de actores muy diversos, sino también desactivar al mismo tiempo los variopintos frentes de tensión que, de norte a sur y de este a oeste, recorren tan convulsa región. La colaboración rusa puede ser aquí de extraordinario valor. El ascendiente y los cauces de interlocución que el pasado soviético de Rusia le confieren a esta potencia aminorada en su peso específico después del colapso de la URSS no deben ser despreciados. Como tampoco el interés ruso por un escenario geoestratégico de gran valor para un país que comparte con los EE. UU. un objetivo común de seguridad ante la amenaza islamista que enseña sus dientes en el Cáucaso. La mano tendida a su viejo rival es de gran importancia. Rusia debe tener su papel en el horizonte que se perfila. Primero, porque le confiere un proyecto al que dedicar sus energías. Segundo, porque facilita su estabilidad el hecho de encontrar en ella una colaboradora de Occidente en el Oriente Próximo, en Asía Central y, también, en un área como es el Pacífico, en el que, no lo olvidemos, la emergencia de China como superpotencia y la existencia de una peligrosa anomalía como es Corea del Norte exigen estrategias anticipadoras tanto en su planeamiento como, sobre todo, en la eficacia de su operatividad futura. De este modo, la visita de Bush a Europa revela su significado más profundo: la voluntad de los EE. UU. de seguir liderando la causa de la libertad en el siglo XXI.