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26 Internacional BODA DEL PRÍNCIPE DE GALES JUEVES 24 2 2005 ABC Los preparativos de la boda de Carlos y Camilla dañan a la Monarquía británica. No son capaces ni de organizar una boda en un simple Ayuntamiento afirma una biógrafa real. La torre madrileña puede no ser la única afectada por el fuego del escándalo El otro incendio de Windsor TEXTO: EMILI J. BLASCO. CORRESPONSAL LONDRES. Pero, ¿habrá boda? se preguntaban ayer varios participantes en foros de internet. Han sido tantas las complicaciones que han surgido en los preparativos del enlace del 8 de abril entre el Príncipe Carlos de Inglaterra y Camilla Parker Bowles, que ya todo parece verosímil. Que la boda se acabe celebrando en Escocia, donde en 1992 contrajo segundas nupcias la Princesa Ana aprovechando la mayor liberalidad de la Iglesia escocesa en el matrimonio de divorciados, o que incluso la novia acuda embarazada a la cita, como en calidad de rumor apunta el periódico The Sun para encontrar una explicación a la precipitación del enlace. En cualquier caso, los planes de boda en Windsor siguen adelante. Para dejar esto por sentado, el Gobierno se vio obligado ayer a reiterar su apoyo al matrimonio civil del heredero de la Corona y a refrendar su plena legalidad. Buckingham Palace, por su parte, tuvo que salir al paso de la versión de toda la Prensa británica, y negar que la no asistencia de Isabel II a la ceremonia civil constituya un desaire y una humillación hacia el Príncipe de Gales. Si el anuncio del casamiento el pasado 10 de febrero fue acogido con aprobación pero con evidente desinterés por parte de la población británica, el comunicado posterior de Clarence House dando a conocer un cambio de escenario (el interior del Castillo de Windsor por el Ayuntamiento de esa población) causó extrañeza. Los aspectos polémicos El escenario del enlace civil. La Reina estima demasiado vulgar que la boda se celebre en el Ayuntamiento de la población de Windsor, y no en el Castillo, según asegura personal de Buckingham Palace citado por la Prensa. Falta de previsión. Isabel II está furiosa por los fallos de organización de la boda. Cuando se anunció que el enlace civil iba a ser dentro del Castillo de Windsor no se tuvo en cuenta que la ley obligaría a abrirlo durante tres años a quienes deseen casarse civilmente allí. Ceremonia abierta al público. De acuerdo con la legislación, se debe permitir la presencia en bodas civiles de las personas del público que lo soliciten. Número de invitados. La Reina habría pedido al Príncipe Carlos que reduzca el número de 700 invitados, que considera excesivo. En el Ayuntamiento sólo podrán asistir al enlace poco más de cien personas. El anillo de prometida. El anillo que ahora luce Camilla Parker Bowles había pertenecido a la Reina Madre, que lo pasó como herencia a su nieto. Isabel II consideraría poco apropiado que la sortija haya pasado a la prometida, no bien relacionada con la Reina Madre. Dudas sobre la legalidad. Una ley de 1836 prohíbe a la Familia Real casarse en ceremonia civil. Las nuevas disposiciones de 1949 sobre matrimonios civiles indican que no afectan a lo dispuesto para la Familia Real. Buckingham Palace contra Clarence House. Falta de coordinación y enfrentamiento soterrado entre la Casa de la Reina y la del Príncipe de Gales. La Reina Isabel II, acompañada del Príncipe Carlos bre el tejado de una Monarquía que no está como para soportar mucho peso. Las ceremonias reales siempre funcionan como un reloj de precisión. Ahora ni siquiera han sido capaces de AFP Perplejidad Y ahora la comunicación de Buckingham Palace de la ausencia de la madre en la boda del hijo (sí estará en el posterior acto de bendición religiosa y en el convite, ambos dentro del Castillo) ha provocado perplejidad. Y todo junto, lo único que hace es arrojar piedras soorganizar una boda en un simple Ayuntamiento advertía ayer Judy Wade, autora de libros sobre la familia real. Wade insinuaba un proceso de declive de la Monarquía británica. El mismo que, según varios comentaristas, habría querido evitar Isabel II rehusando acudir a una boda real en un lugar tan vulgar como el registro civil de un Ayuntamiento.