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18 Nacional NUEVA TRAGEDIA EN LAS COSTAS GALLEGAS JUEVES 24 2 2005 ABC Cuatro décadas dedicadas al mar Gerardo Taboada Pardo encontró en el mar su modo de vida y logró hacer del sector pesquero de Burela un referente. Armador competente y ejemplar, el patrón del desafortunado Siempre Casina llevaba cuatro décadas en el oficio. El trágico hundimiento del pesquero marcó el final de su exitosa trayectoria. Su propio hijo vio cómo saltaba al vacío y desaparecía ante sus ojos. Toda una vida entre fogones Camilo Montes, casado y con una hija, era el cocinero del barco. Pese a ser originario de Burela, al igual que los otros tres gallegos de la tripulación, residía en el municipio de Foz, donde su mujer regenta una conocida cafetería. Con 32 años, dedicó prácticamente toda su vida a una profesión a la que muchos deciden renunciar por su dureza. Gozaba del cariño de todos sus compañeros. En busca de un mañana mejor Souleymane Faye llegó a España desde su Senegal natal en busca de mejor fortuna. Se empadronó en Ondarroa pero no tardó mucho en cambiar el País Vasco por Asturias, al enrolarse en un buque con base en Gijón. Sólo hacía tres meses que había dejado esa ciudad para incorporarse a la dotación del buque hundido. Tenía treinta años y llevaba en Galicia apenas noventa días. Trágico destino para dos amigos Mousa Npong, senegalés, llegó a Burela hace tres meses. Con Souleymane Faye compartió muchos días de faena en un buque de Ondarroa. Sus destinos caminaron siempre a la par. Los dos llegaron al tiempo a Galicia, procedentes de Gijón, para formar parte de la tripulación del Siempre Casina Uno de sus amigos fue el encargado de contarle a su hermano la terrible noticia. Yo lo único que sé es que sentí un topetazo, que me tiré al mar y que subí a una de las balsas El superviviente del naufragio del Siempre Casina iba despierto cuando el barco se hundió llegará hoy a mediodía a Viveiro y, una vez allí, los buzos iniciarán la inspección para tratar de localizar a los ocho tripulantes desaparecidos ANA MARTÍNEZ LUGO. Son ya media docena los barcos de Burela que se han hundido desde aquel lejano 1973, cuando desaparecieron el Reina Victoria y el López Sueiras Las causas de este último naufragio, el del Siempre Casina todavía están sin determinar. Golpe de mar y vía de agua son las opciones que se barajan con más fuerza. Sin embargo, experimentados marineros de Burela manejan sus propios supuestos. Unos creen que un corrimiento de pesos a bordo provocó que el barco se diese la vuelta. Otros opinan que, si por algún motivo la puerta de popa quedó abierta, pudo entrar agua y provocar la inestabilidad del buque. Pero, en el fondo, todas son hipótesis. Tan sólo Gerardo Taboada Fernández, el único superviviente de una tragedia que conmocionó a toda España, puede contar lo ocurrido. Pero habrá que esperar. Pese a que ya ha recibido el alta médica, tras ingresar en el hospital aquejado de una hipotermia leve y de un cuadro de shock nervioso, sigue siendo incapaz de articular palabra. No resulta extraño, máxime al ser él precisamente el único que estaba b El pesquero despierto cuando se inició la pesadilla. Iba de guardia en el puente de mando y, muy cerca, en una estancia anexa, descansaba su padre. Los demás dormían en los camarotes donde se presume que puedan continuar. Yo lo que sé es que sentí un topetazo, que me arrojé al mar y que me subí a una de las balsas salvavidas alcanzó a decir el joven pero cualificado marino, de 24 años, que nunca borrará de su mente la imagen de su padre lanzándose al vacío. Lo vi, a dos metros, pero no pude hacer nada Es la frase que repite. Heredero de una estirpe nacida por y para la pesca, es incapaz de entender cómo el mar se ha tragado al hombre que le mostraba la ruta a seguir. Marineros de Cabo Verde esperan noticias de su compatriota do problemas serios. Amaba como nadie su profesión y quería dignificarla. Su tripulación lo admiraba. Y no en vano, porque el jefe siempre les dedicaba amables palabras. Mi equipo es maravilloso. Somos tres de Galicia, tres de Perú, dos de Senegal y uno de Cabo Verde. Los necesitamos mucho porque hace falta personal de fuera. Les estamos muy agradecidos comentaba el patrón del Siempre Casina hace tan sólo unos meses a numerosos medios de comunicación. Pero no sólo él daba su parecer. El peruano José Santos Clavijo, uno de sus empleados, se mostraba feliz por el trato recibido en Galicia. Este no es un trabajo fácil pero aquí las embarcaciones están mejor equipadas y se portan muy bien con nosotros. Peligro sí existe, pero hay que saber llevarlo matizaba, sin imaginar que su camino y el J. PAÑEDA Mi equipo es maravilloso Más allá de la tragedia, el recuerdo de su progenitor, Gerardo Taboada Pardo, permanecerá en la memoria colectiva del pueblo. El armador del desafortunado pesquero se caracterizó toda su vida por su responsabilidad, competencia, cautela y profesionalidad. No reparaba en gastos para tener sus barcos dotados con todos los equipos necesarios de seguridad y nunca había teni- de sus compañeros- -esa población que se había convertido en un ejemplo de integración- -se vería marcado por un suceso trágico. Tren de fondeo Un episodio con numerosas incógnitas sin resolver. El volantero, que está siendo remolcado sin problema a una velocidad de 1,2 nudos, llegará previsiblemente hoy a mediodía a Viveiro. Una vez allí, se realizará un tren de fondeo para amarrar el barco con unas anclas y trabajar desde un remolcador que no estará unido a la estructura. Esta operación, que será rápida, permitirá a los buzos inspeccionar las cabinas interiores. La comprobación se prolongará hasta bien entrada la noche. Mientras, las esperanzas se desvanecen y la desesperación impera en ese ambiente de desgracia incesante. José Santos, uno de los tripulantes peruanos, decía que peligro existe, pero hay que saber llevarlo Un veterano que amaba su oficio José Santos Clavijo, que vino al mundo hace 43 años en la ciudad peruana de Callao, había encontrado en Burela un lugar ideal para vivir. Y como él, dos de sus hermanos, enrolados en dos barcos con base en este puerto. Se enorgullecía de formar parte de esa estirpe nacida por y para el mar. Era todo un veterano y estaba muy a gusto con su trabajo. Nunca se cansaba de decirlo. Había logrado su sueño en Burela Jorge Luis Peña no veía su sitio en Perú, y mucho menos en la pequeña ciudad de Piura, donde había nacido. Por eso, cuando oyó rumores de que en la Comunidad gallega se necesitaba mano de obra para el mar... no tuvo dudas. A los 38 años aterrizó en Burela. Y allí le dio tiempo a cumplir 41. Se asentó en el pueblo con su mujer y sus tres hijos. Había encontrado la tranquilidad. El peruano que sentó raíces Richard Gustavo Manchego Valdés llegó a Galicia en 2001 procedente de Perú. Se instaló en Burela y encontró en el mar una oportunidad de futuro. Tenía 36 años y había sentado raíces en la localidad. Casado con una mujer del pueblo, tenía una hija de 17 meses de edad. Su madre se enteró del suceso por las noticias del canal internacional de Televisión Española. Llegó a la pesca por casualidad Víctor Jorge Corrella era hijo de una de las primeras familias que llegaron a Burela desde Cabo Verde hace 27 años para trabajar en la Alúmina. Tanto él como sus hermanos se integraron rápidamente en la vida de la villa. Encaminó sus pasos a la pesca cuando los armadores comenzaron a notar la escasez de empleados. A pesar de que decía que no era lo suyo, se instruyó rápidamente.