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58 Cultura LAS CENIZAS DE CABRERA INFANTE REGRESARÁN A UNA CUBA LIBRE MIÉRCOLES 23 2 2005 ABC Un habano no faltaba nunca en la mano del genial escritor cubano JORDI ROMEU EL ESCRITOR Y EL TIRANO VALENTÍ PUIG CAÍN EN MI MEMORIA CÉSAR LEANTE Escritor cubano a alta cotización de los libros de Guillermo Cabrera Infante en el mercado negro cubano- -en doce latas de leche condensada, por ejemplo- -hace de la literatura el cuerpo más apetitoso, como península erótica de la libertad. El tráfico de la ciudad de Londres discurría mansamente por Gloucester Road para que Cabrera Infante viviera allí un tan largo exilio que consistía en ser conciencia moral aunque sus lectores más melindrosos sólo viesen el retruécano que funda el lenguaje o la invención que da forma a la forma. No necesitaba de atrezzo para disfrazarse de detective Charlie Chan y reescribir el jeroglífico de un ala de mariposa con la fortaleza ética y la independencia crítica de una disidencia que, a diferencia de lo ocurrido en Berlín, no ve caer el muro que atenaza Cuba. Desde Londres contemplaba los amaneceres en el trópico mientras en el gulag caribeño sólo triunfaba la mentira. Mea Cuba fue la anatomía de un totalitarismo. En Londres, vieja patria de exilados, la isla fue isla. Una de las abyecciones del siglo XX ha sido que a alguien pudiera L echársele en cara su pasión por la libertad. Para tantos que se vieron más a gusto con la boina del Che Guevara que con el prosaico Estado de derecho, la literatura de Cabrera Infante parecía estar gafada por su instinto indoblegable de libertad. Le relegaron, le acusaron, le negaban incluso la razón de ser de su escribir. Quedan algunos, mientras sus lectores se dejan llevar como por un caudal que desde Tres Tristes Tigres es inmensa dinamo de poderes verbales. En el ímpetu de la misma corriente pasa la vida, pasa la noche. Ella cantaba boleros, toda una noche sin callar, de lo que era y no pudo ser, de los cuerpos divinos. Que en los libros de Cabrera Infante la pasión le pueda al olvido es un triunfo del ser humano. Para sus lectores cuesta imaginar mayor infelicidad que verle irse cuando aún sojuzga Cuba el Tirannosaurus Rex, fundador de la miseria de su gente y de la brutalidad del exilio. La gran diferencia es que Castro habrá tiranizado una isla, mientras que Guillermo Cabrera Infante tiene plaza perpetua en el continente libre de la gran literatura. D ecir que Guillermo Cabrera Infante es (era, ¡ay! hasta ayer) el mejor escritor cubano vivo (pues es muy difícil asimilar su muerte) resulta casi una tautología. Y cuando digo cubano quiero decir de dentro (se sea castrista o no) y de fuera (esto es, del exilio, ídem se sea exiliado o no, ya que hay exiliados que verídicamente no lo son) Mas marginando la política, luego de Alejo Carpentier en la novela y Lino Novás Calvo (tal vez este nombre por desgracia le diga poco al lector español) en el cuento, Guillermo (permítanme que lo tutee, pues fui bastante amigo de él) es el mejor escritor de la segunda mitad del XX. En Cuba, Tres Tristes Tigres y La Habana para un infante difunto son, de otras maneras, cumbres literarias como Los pasos perdidos y El siglo de las luces en la novela y La noche de Ramón Yencía de Lino, en el cuento. Nadie ha descrito La Habana nocturna como él, su Habana de los cabarets, empezando por el Tropicana y siguiendo con La Red, el Pico Blanco y los cabaretuchos de la playa de Marianao, El Chori y El Niche; ni reavivado avenidas como La Rampa, Ele, Veintitrés... En fin, La Habana de noche es su Habana- -tanto que, ya es inconcebible sin los Tres... con su creación lingüística del cubano, un idioma que si no estuviera en la realidad de Cuba- -puede que mejor de La Habana- -sería una invención suya (bueno, en parte él fue su hacedor) cual lo es en alguna medida el mundo de la clase media- -con cuentos como En el gran Ecbó Josefina atiende a los señores Un rato de tenmeallá Y es que quizá la gloria de Tres... y La Habana para... han oscurecido un poco el estupendo cuentista que Guillermo fue. Mas por suerte el lomo en que reúne sus relatos cortos, Así en la paz como en la guerra incluyendo sus magníficas viñetas de la lucha contra Batista, que no sé por qué ningún editor español, que yo sepa, ha publicado aquí. Parece mentira, pero otro que entierra Castro escribe José María Pozuelo Yvancos (con todas sus letras, Guillermo no aguantaría la tentación de agregar, como parodiaba al Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos) en su muy bien hecha, muy bien escrita y atinada nota de ayer sobre Cabrera Infante, Tristes Trópicos Físicamente, sí, es verdad; pero espiritual, moral, intelectual- -en fin, en todos los órdenes que no estén dentro del orden de la Bestia- el que enterró a Castro hace muchos, pero muchos años, fue Guillermo con su sensibilidad, con sus escritos, con su ética, en suma con su inteligencia.