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ABC MIÉRCOLES 23 2 2005 Opinión 7 JAIME CAMPMANY Debo pagarle a Polanco este bar que me ha puesto en mi casa. Tal vez deba ocuparme en poner un merendero o similar en la suya POLANCO ME PONE UN BAR UFRO estos días una divertida tribulación televisiva y monopolística. Les relataré la historia. El sábado pasado (19 de febrero) quise entretener mi convalecencia de la gripe viendo por televisión el partido Real Madrid- Athletic de Bilbao, uno de los clásicos más emocionantes de nuestro fútbol y de más imprevisible resultado. Como mi salud no me permitía acudir al Bernabéu ni mi inclinación a la comodidad me lo aconsejaba, decidí comprar la visión del partido en Canal Plus. Hice las operaciones necesarias, pero una vez y otra aparecía en la pantalla una ventana que me informaba de que no habían podido cumplir mi encargo. Inténtelo de nuevo más tarde me indicaban. Así lo hice, siempre con la misma negativa, hasta que un cartelito me avisó: Su tarjeta de usuario ha sido invalidada Y me daban un número de teléfono al que podría llamar como remedio. Llamé obedientemente al teléfono. Era uno de esos números de operadora mecánica inasequible a la conversación. Si se trata de un problema técnico, marque el 1. Si se trata de compra de taquilla, marque el 2 etc. Obedecí de nuevo. La voz de la máquina me ordenaba marcar los catorce números de mi tarjeta de usuario. Lo hice. Me ordenó repetir la operación. La repetí, y la voz impersonal me comunicó que no era posible atender mi encargo y me facilitaba otro número de teléfono. Este nuevo teléfono, tan mecánico como el anterior, después de pedirme de nuevo los catorce números de mi tarjeta, me informó de que tenía que llamar a otro teléfono, que resultó ser el mismo al que había llamado antes. Desistí de mi deseo de ver el partido. El monopolio de Polanco me tenía en la tarde del sábado fatigado, aburrido, cabreado y dado a todos los demonios. Al día siguiente, logré establecer comunicación telefónica en Canal Plus con una voz humana que escuchaba e incluso respondía. La voz solicitó el número de mi carné de identidad y el de mi tarjeta de usuario, y a la señorita del teléfono le aparecieron en su pantalla mi nombre y mi domicilio, ambos correctos. La voz del teléfono informó gentilmente que yo no podía efectuar ninguna compra de taquilla porque mi televisor estaba instalado en un bar y yo no pagaba el sobreprecio exigido para ello. No me dijeron si tengo en mi casa un bar de copas, una bodega de degustación o un bar de alterne. Argumenté que era un usuario particular desde el primer momento, tanto de Canal Plus como de Canal Satélite Digital, y que así sigo. Añadí que parece inusual tener un bar en el noveno piso de un edificio de la Castellana. Concluí que mi nombre es algo conocido, y es público que no me gano la vida tirando cerveza ni sirviendo whisky en un bar sino firmando en los periódicos. Nada. Todo inútil. El estilo prepotentey chulángano delGrupo Prisase imponía a cualquier razón. Antes de reponerme un servicio que estoy pagando, tenía que venir a mi casa un inspector de Canal Plus. No sé cómo corresponder al obsequio de este bar que Polanco me ha puesto en mi domicilio. Tal vez deba ocuparme en poner un merendero (llamémosle merendero) en el suyo. O a lo mejor, ya lo tiene. S EL RECUADRO ANTONIO BURGOS Como el colesterol bueno y el colesterol malo, hay un no bueno y un no malo. El no separatista de Cataluna, el no castrista- leninista de Marinaleda, no es lo mismo que el no de La Moraleja, donde viven como marqueses los progres latisueldistas EL SEXADOR DE NOES C OMO un homenaje a Miguel Mihura, hay palabras que parece que usan sombrero. Por ejemplo, la que más hemos oído en estos días: ciudadanía. Ciudadanía es una palabra modelo 1789, que lleva gorro frigio. Y que ha cobrado un significado nuevo en estas europeas calendas de febrero. Aparte del conjunto de los ciudadanos de un pueblo o nación, hay una nueva acepción para la voz ciudadanía, cuya papeleta redactaría así para su entrada triunfal en el DRAE: Apócope del igualitario tópico de ciudadanos y ciudadanas Usase comúnmente por socialistas en sus discursos Si por cada vez que se ha pronunciado la voz ciudadanía en la última semana se hubiera reducido en un euro la deuda de RTVE, no hubiera sido necesario el informe del Comité de Sabios, ese librito papel de fumar que han presentado dentro de un lujosísimo estuche como para guardar el manuscrito del Poema del Cid. -Mucho jipío pá tan poco cante, usted... Evidentemente. Y mucha palabra ciudadanía para arriba y para abajo, para no tener que repetir cien mil veces lo del ciudadanos y ciudadanas. No me extrañaría que Ruiz- Gallardón invente pronto madrileñía para referirse del tirón a los madrileños y madrileñas; que Ibarreche diga vasquía por vascos y vascas; y que Carod rompa en llamar catalanía a los catalanes y catalanas. En cuanto a mi ciudad, no hay que inventar sevillanía para referirse a los sevillanos y sevillanas. Esa voz ya la inventaron Los del Río, precursores del sí, buana, a una Constitución Europea que nadie ha leído. Iba a decir que los que han ganado el referéndum han sido Los del Río, pero no me atrevo sin consultar antes con el sexador de noes. Igual que en las granjas avícolas hay sexadores de pollos, a la hora de traer las gallinas de la aprobación de la Constitución Europea nos ha salido un sexador de noes. Como la misma palabra indica, no es lo mismo todo no. En la Real Academia van a te- ner que echar horas extraordinarias para reformar la Gramática, pues el sexador de noes ha descubierto que hay un no progresista y un no facha. Un no de secano y un no de regadío. Un no privado y un no público. Un no de derechas y un no de izquierdas. Este sexador ha dejado en pañales a don Leandro Fernández de Moratín, quien se quedó en El sí de las niñas Este sexador ha escrito El no de los señores de la calle Serrano El no de las señoras del barrio de Los Remedios y El no va por barrios Es más bien especialista en noes de un determinado signo, pajas del ojo ajeno. De las vigas del no de sus socios de Gobierno, del no de Carod o de Llamazares, no sexa nada. Como el colesterol bueno y el colesterol malo, hay un no bueno y un no malo. El no separatista de Cataluna, el no castrista- leninista de Marinaleda, no es lo mismo que el no de La Moraleja (Alcobendas) donde por cierto viven como marqueses en sus casoplones los progres latisueldistas de la pegatina del otro no, del no a la guerra, que es el no bueno. El sexador de noes se llama José Blanco. Le dicen Pepiño o Pepe Blanco. Para mí no hay más Pepe Blanco que aquel Pepe el taxista, que cantaba con Carmen Morell la oda al cocidito madrileño re... picando en la buhardilla. Cada vez que oigo lo de Pepe Blanco creo que María Antonia Trujillo es Carmen Morell, y que el cocidito madrileño está re... picando en la buhardilla como solución habitacional. Pienso en el cantante Pepe Blanco y en su cocidito madrileño porque miro la cara de este Pepe Blanco con el dedo tieso, sexando noes. O garbanzos del cocidito madrileño del sí de las niñas de la portada del Vogue. No es que yo tenga una imaginación calenturienta si al ver la cara de José Blanco pienso en los garbanzos. ¿En qué cocidito madrileño he visto yo antes un garbanzo con esta misma cara? Somos tan afortunados como el machadiano hombre del casino provinciano que vio a Carancha recibir un día: hemos visto a Caragarbanzo sexar los noes de la ciudadanía.