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4 Opinión MIÉRCOLES 23 2 2005 ABC Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA PRESIDENTE DE HONOR: DIRECTOR: Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Ignacio Sanz IGNACIO CAMACHO BUSH, EUROPA Y ESPAÑA E S indudable que los EE. UU. han decidido poner en marcha una nueva forma de política exterior. Con este giro sacan a relucir la flexibilidad consustancial a sus instituciones liberales y a su propia tradición política. Conscientes del valor de la experiencia, han extraído sus propias conclusiones de la crisis provocada hace dos años tras su intervención sobre Irak. No es que estemos ante una enmienda del horizonte estratégico provocado por el 11- S, sino ante una reformulación de las formas y de su desarrollo procesal. Las declaraciones de Condolezza Rice antes de su toma de posesión como secretaria de Estado fueron claras, indicando por dónde irían los nuevos derroteros de la política exterior norteamericana. Su anuncio de que sería la hora del diálogo, al articular estrategias de seguridad que sumaran y no restaran apoyos, adelantó las coordenadas de una nueva forma de actuación internacional por parte de unos EE. UU. que siguen dispuestos a liderar la lucha de las sociedades abiertas contra el totalitarismo islamista. Dentro de este replanteamiento parecía claro que el principal destinatario de este nuevo estilo tendría que ser Europa. Y concretamente la Europa que se descolgó de la alianza que derrotó a Sadam Husein y que tuvo a Francia y Alemania como responsables de un desencuentro trasatlántico que comprometió gravemente una relación que había sido vital durante los difíciles años de la Guerra Fría. Transcurrido el tiempo y evaluados los daños, los norteamericanos han demostrado su pragmatismo acercando las orillas del Atlántico. Primero, con el viaje de Condolezza Rice, y ahora, con la primera gira exterior de un presidente Bush que ha elegido Europa con la intención de restañar las heridas abiertas por la crisis de Irak. La cena privada de los presidentes Chirac y Bush ha sellado definitivamente el desencuentro trasatlántico y ha puesto en evidencia que Francia estará dispuesta a colaborar con los EE. UU. en su redefinición del diseño estratégico que trata de poner en marcha en el convulso Oriente Próximo. La advertencia lanzada sobre Siria ha sido clara. La comunidad internacional no seguirá tolerando la intromisión que este país ejerce sobre su vecino Líbano y, menos aún, permitiendo maniobras terroristas que comprometan su ya de por sí mermada soberanía debido a su presencia en el valle de la Bekaa y a la tutela que ejerce sobre el Gobierno libanés. Pero la mano tendida por el presidente Bush hacia Francia y Alemania no debe quedarse ahí. Su encuentro de hoy con el canciller Schröder en Maguncia incidirá de nuevo en la necesidad de comenzar una nueva era de unidad trasatlántica, unidad de la que nadie debería quedar excluido. Aquí, precisamente, la situación de España merece una especial mención. Es cierto que los errores del presidente Rodríguez Zapatero han sido notorios. Su apuesta por Kerry, la ofensa innecesaria a la bandera norteamericana, su precipitada salida de Irak y sus declaraciones en Túnez han comprometido seriamente la imagen de nuestro país como un socio trasatlántico fiable. Pero esta circunstancia no puede dañar los intereses generales de España y comprometer aún más las ya de por sí debilitadas relaciones bilaterales entre dos países amigos. Para cualquiera con un mínimo de patriotismo esta situación comienza a ir más allá del malestar razonable que deben exhibir los EE. UU. hacia un Gobierno socialista que no ha hecho bien las cosas. España no se lo merece. Más allá de las discrepancias surgidas en los últimos meses, es posible y necesaria una aproximación leal entre los dos países. Es mucho más lo que nos une que lo que nos separa. ATUTXA Y EL FISCAL L CAMBIO PORTUGUÉS ORTUGAL ha dadoun fuerte revolcón electoral al hasta ahora gobernante Partido Socialdemócrata (PSD) De hecho, los socialistas han obtenido una abultada victoria sobre sus rivales en el Gobierno, lo que les permitirá gobernar a solas. A pesar de la apatía electoral, lo cierto es que el electorado portugués ha castigado duramente al PSP del primer ministro Pedro Santana. La salida de José Manuel Durao Barroso tras su elección como presidente de la Comisión Europea auguraba este resultado debido a las escasas simpatías que despertaba su sustituto al frente del Gobierno y, sobre todo, al pésimo panorama que muestra la economía portuguesa. En este sentido, y a pesar de que el candidato socialista José Sócrates tampoco acumulaba apoyos demasiado entusiastas entre el electorado, lo cierto es que han sido los móviles económicos los que han hecho que los portugueses se hayan decantado mayoritariamente por el cambio político, atribuyendo al derrotado primer ministro bue- P na parte de la responsabilidad por la mala situación que exhibe la economía del país vecino. Con la renta per cápita en los niveles más bajos de la zona euro y con una escasa productividad empresarial, es indudable que la economía portuguesa no funciona, tal y como lo confirman las pésimas previsiones de crecimiento para el año 2005. Así las cosas, no es de extrañar que el electorado haya decidido apostar por un nuevo Gobierno que sea capaz de ilusionar a un país sumergido en una situación de pesimismo casi congénito y que agrava la ampliación de la UE. Sobre todo, porque este hecho supone la pérdida de una partede los fondos estructurales que venía obteniendo Portugal como receptor de la política de cohesión y solidaridad europea y porque su economía tendrá que hacer frente a la competencia de los nuevos países miembros y, por tanto, al riesgo de un proceso de deslocalización empresarial que perjudicaría, aún más, la ya de por sí renqueante situación económica lusa. A reapertura del caso Atutxa por decisión del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, es una decisión técnicamente correcta que enmienda el erróneo auto de archivo dictado por la juez Nekane Bolado. Esta instructora sobreseyó el caso alegando que el Tribunal Supremo vulneró las garantías del grupo parlamentario Socialistas Abertzalesy traspasó sus competencias jurisdiccionales. Por eso consideraba que, al ser ilegal la orden de disolución dictada por el TS, Atutxa y los otros dos querellados, Gorka Knörr y Kontxi Bilbao, no incurrieron en desobediencia punible. El nuevo auto, con el que resuelve el recurso de apelación interpuesto por la asociación Manos Limpias pone el proceso en la antesala de la vista oral, lo que implica efectos jurídicos, pero también- -y muy sensibles- -políticos. En un tiempo de seducciones recíprocas entre nacionalistas y socialistas, la probabilidad de ver a Atutxa en el banquillo resulta un contratiempo para la agenda conjunta de PNV y PSOE. Sin embargo, el imperio de la ley tiene estas cosas y alcanza a todos los ciudadanos por igual, incluso a los nacionalistas. En el plano jurídico, la Fiscalía General del Estado ha sufrido una desautorización en toda regla. Conde- Pumpido dio orden de no recurrir el auto de archivo, porque estaba motivado y la instrucción no había aportado pruebas definitivas del delito. El TSJ vasco no elude este cambio de posición del fiscal y le reprocha criterio volátil El éxito del recurso presentado ha puesto en precario esta explicación, de la que tiene que rendir cuentas personalmente Conde- Pumpido, incluso en el Parlamento, comoprometió el PSOE ensu programa electoral sobre Justicia. Ahora, en la nueva fase de la causa penal contra los querellados, CondePumpido, a pesar del varapalo del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, parece decidido a perseverar en su postura y pedirá la absolución de Atutxa, según un comunicado hecho ayer público por la Fiscalía. Más allá del criterio del Ministerio Fiscal, la reapertura del caso deja en muy mala posición a Conde- Pumpido, quien, ante todo, actuó con falta de rigor técnico al ignorar y consentir procesalmente el absurdo razonamiento de la instructora. Careció de profesionalidad, porque la Fiscalía debe proteger sus querellas con mayor celo, no conformándose con que se las despache un instructor sin recurrir en apelación, menos aún en un asunto de esta transcendencia y con argumentos totalmente inadmisibles. Y también fue desleal con el Supremo, cuya causa abandonó frente a la desobediencia contumaz y dolosa de Atutxa, pese a que el Ministerio Fiscal es, por mandato constitucional, garante de la independencia judicial y, por tanto, de su soberanía jurisdiccional.