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ABC MARTES 22 2 2005 Cultura 59 Acaba con su vida Hunter S. Thompson, icono de la contracultura en EE. UU. Plasmó su carácter inestable en obras como Miedo y asco en Las Vegas b Creador de un peculiar estilo de GONZO! GONZO! GONZO! JOSÉ MANUEL COSTA periodismo tan neurótico como egocéntrico, el periodista y escritor terminó con su vida de un disparo en la cabeza PEDRO RODRÍGUEZ. CORRESPONSAL WASHINGTON. Hunter S. Thompson ha confirmado el carácter deprimente de las tardes de domingo. Al final de este fin de semana, uno de los últimos iconos literarios de la contracultura en Estados Unidos se ha quitado la vida disparándose en la cabeza con una de las armas acumuladas en su residencia a las afueras de Aspen, Colorado. En torno a las seis de la tarde, el sheriff del condado recibía noticia del violento final auto- infligido por este creador de un estilo de periodismo tan neurótico como egocéntrico. La noticia, confirmada por su hijo Juan Thompson, ha sorprendido a vecinos y amigos, aunque todo el mundo conociera de sobra su carácter inestable y volátil plasmado en volúmenes como Miedo y asco en Las Vegas (1972) El fundador y arquetipo de lo que él mismo bautizó como periodismo gonzo venía sufriendo de dolores crónicos producidos por su espalda y cadera especial. Y en un reciente viaje a Hawai se había roto una pierna en un accidente que él mismo había descrito como producto de hacer piruetas sobre el mini- bar de su hotel. H Arsenal doméstico de armas de fuego Thompson, reconocido maestro del reportage disponía de todo arsenal doméstico de armas de fuego y gustaba de realizar frecuentes prácticas de tiro en su propiedad. Hace cinco años, hirió levemente a un asistente al intentar disparar contra un oso. Y los visitantes sin permiso que intentaban llegar a su casa fortificada también corrían el riesgo de ser recibidos por este admirador de Mark Twain y Ernest Hemingway con un cóctel de pólvora y plomo. Nacido el 18 de julio de 1937 en Louisville, Kentucky, este conflictivo hijo de un agente de seguros estudió periodismo en la neoyorquina Universidad de Columbia y empezó su carrera en términos convencionales, llegando a trabajar como corresponsal en el Caribe e Iberoamérica para prestigiosos medios como el diario New York Herald Tribune y el semanario Time Pero su reputación contracultural sería acuñada a través de colaboraciones en la revista Rolling Stone Si la renovación periodística registrada en Estados Unidos durante los años sesenta y setenta fuera una moneda, las dos caras estarían ocupadas por Hunter S. Thompson y Tom Wolfe. Los dos se establecieron como figuras centrales en el movimiento de periodismo literario dispuesto a romper Hunter S. Thompson, en una imagen tomada en Las Vegas en junio de 2003 toda clase de reglas para capturar el espíritu del momento. Según el consenso de los críticos, mientras el formal Wolfe cultivó la imagen de observador neutro y elegante, Thompson se consagró como un impredecible amo del caos, siempre con gafas de sol, gorra de béisbol y un cigarrillo encendido. Hunter S. Thompson, autor de una docena de libros o crónicas largas, describía su peculiar estilo de periodismo como una partida radical de las reglas clásicas de la profesión, convir- AFP Hunter S. Thompson fue fundador y arquetipo de lo que él mismo bautizó como periodismo gonzo tiéndose en protagonista de sus historias y sin afán alguno de objetividad. Insistiendo en que la fidelidad a la hechos no siempre conduce a la verdad. Él mismo reconocía que el uso de extraños productos químicos, alcohol, violencia o locura siempre ha funcionado para mí Aunque las historiadas alucinaciones de Hunter S. Thompson no tenían sitio en periódicos convencionales, sí que han generado seguidores incondicionales e imitadores. Además de una irónica presencia en las tiras cómicas de los principales diarios de Estados Unidos. Durante décadas, la popular saga de viñetas Doonesbury de Garry Trudeau ha incluido un personaje mercenario claramente inspirado en el realismo alucinógeno de Thomspson, que en los últimos años había experimentado una especie de renacimiento en su siempre polémica fama literaria. unter S. Thompson era un héroe. Un héroe pintoresco, que estas figuras no suelen ganar su fama viajando por el desierto de Nevada a bordo de un Cadillac blanco cargado de un Vademecum de drogas legales e ilegales rumbo a una convención antidroga de policías de condado. No es raro que, a la altura de Barstow, al borde del desierto Hunter Thompson comenzara a ver el cielo lleno de lo que parecían enormes murciélagos negros que revoloteaban alrededor del coche Lo raro es que pudiera contarlo. Thompson era un periodista como ni lo hay ni lo ha habido y también un disparatado narrador de batallas personales. Es fácil imaginar un fin de semana en su compañía con final de mandíbula y nervios desencajados por la risa y la tensión. En periodismo se han intentado todo tipo de técnicas, la mayor parte, incluso las del nuevo periodismo de los años sesenta, basadas en la transparencia del autor del texto. El cambio radical se produce cuando el periodista, el narrador, se sitúa a sí mismo en una situación extrema, en protagonista demenciado de la historia, el espejo imposible donde se reflejan únicamente los rasgos más delirantes del ambiente en que se mueve, sea una carrera de motos, la pesca del tiburón o la convención demócrata de 1972. El encuentro entre un periodista politoxicómano en plena subida (LSD, éter, adrenocromo, ibogaína, maría juana... y los policías antidroga, revela cómo lo único delirante allí no es el drogado, sino también quienes aceptan como buena su descripción de cómo, en su ciudad, a los consumidores de droga se les cortan los pulgares o cosas peores. El viaje de Thompson es un viaje por la estupidez humana y ése es un trayecto largo y difícil de resistir si no es en un estado anímico especial, bien de estoicismo budista, bien de exaltación dopada. Sin embargo, todo esto no son sólo risas. En el fondo de sus escritos lo que late es una profunda melancolía. Es haber comprendido que el sueño americano se había convertido en una pesadila. Tal vez es que ese sueño nunca existió, pero Hunter S. Thompson creía en él.