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58 Cultura MUERE EL GRAN ESCRITOR DEL EXILIO CUBANO MARTES 22 2 2005 ABC A continuación reproducimos el hermoso discurso que Guillermo Cabrera Infante pronunció el día que recibió el premio Cervantes. En él, el genial escritor mantiene una conversación imaginaria con el autor del Quijote, con quien comparte mesa y mantel Cervantes, mi contemporáneo POR GUILLERMO CABRERA INFANTE In memóriam Octavio Paz H ay un juego literario que es, como la literatura, un salto mortal sin red. Consiste en preguntarle al otro: ¿con quién famoso te gustaría cenar esta noche? Me propusieron ese árbitro de elegancias que dormía de día y celebraba la noche. Pero yo no sé latín y no creo que pueda aprenderlo para esta noche. Me nombraron a Shakespeare, pero entre su inglés y el mío hay distancia de olvido. Por último me susurraron el nombre de Cervantes. Ahora estamos sentados a la mesa en medio del comedor. La misma mesa y todos los muebles son lo que se vendría a conocer como Renacimiento español: muebles macizos, muebles sólidos. -Para mí- -le dije- todos sus libros son un libro: único, real y maravilloso y el mejor que se ha escrito en nuestro idioma. -Si no fuera por mis años y el sol de estas Castillas que me han curtido, me sonrojaría. -Ya sé que usted no ha padecido nunca de vanidad ni de envidia literaria. -Nunca- -dijo Cervantes. En algún lugar de la casa alguien tañía una vihuela y una voz de mujer cantaba. Reconocí la melodía. Era Guárdame las vacas, la tonada que originó las variaciones de Cabezón. -Me parece que le gusta la música. -Mucho. -A mí también. Cultivo varias melodías en mis escritos. Su nombre me es familiar. Uno de mis personajes del Quijote se llamaba así. -Fue uno que murió de amor al ver morir a su mujer. -Así es. ¿De dónde viene su nombre? -Alemán de origen. ¿Es usted alemán? -Oh, no. Vengo de América. -Allá quise ir varias veces. -Si hubiera ido nunca habría escrito el Quijote. -Pero habría escrito otras aventuras. Realistas unas, mágicas las otras. Como hicieron Bernal Díaz y Cabeza de Vaca. -Pero son memorias, no invenciones. No puedo evitar pensar que si los reaccionarios que ocuparon el lugar de los adelantados le hubieran dado permiso para emigrar a lo que ya se llamaba América, su gran libro hubiera sido escrito no en España, sino en la Nueva España ¿Qué les parece Don Quijote de las Indias? ¿Qué tal Sancho Pampa? No habría habido molinos, pero habría vientos. ¿Es una fantasía americana? Cervantes, en la segunda parte del Quijote, hace elogio y alabanza de Hernán Cortés y lo muestra como un caballero ejemplar. Ni más ni menos su par impar. ¿Es el Quijote una alegoría de su vida? No lo pensó mucho para decir: -Es la parodia de una alegoría. Cabrera Infante, el día que recibió el Cervantes, con Mario Vargas Llosa ABC -En todo caso es un libro maravilloso. -Es muy amable con mi libro. Cervantes tendría mi edad exactamente ahora, pero era obvio que estaba en el invierno de nuestro contento: Cervantes por su Don Quijote, yo por mi Cervantes. -Eso es inevitabilidad- -dije. -Es una palabra larga- -dijo Cervantes. -Es una palabra demasiado larga- -dije- pero inevitable. El mobiliario del comedor se hizo contemporáneo, las bujías se hicieron bombillas, el banquete se vuelve una última cena. Pronto se disolverá el autor, pero antes de que desaparezca el maestro desaparecerá el aprendiz de Cervantes. ¿Qué es morir sino una forma de organizarse? ¿Lo dijo Cervantes? ¿O fue mi otro maestro, Martí mártir? Cervantes dejaba de ser un mero mortal para pasar a la inmortalidad. Aquí debe acabar mi discurso. Pero permítanme una palabra o dos antes de irme. Por mi casa de Londres han pasado varias generaciones de escritores españoles, algunos bisoños, otros veteranos. Muchos de los jóvenes escritores han devenido una generación que escribe los libros mejores que se escriben en español. Grande ha sido mi contento de que así sea. Quiero destacar a mi agente, la formidable Carmen Balcells, porque fue ella quien me dio la noticia de haber ganado el premio por teléfono. Su alborozo fue más grande que el mío porque a pesar de las voces de Carmen siempre he sido un tanto escéptico. Todavía lo soy ahora. A todos, empezando por Miguel de Cervantes Saavedra, ¡muchas gracias! LA MUERTE DE UN LITERATO RESISTENTE FERNANDO RODRÍGUEZ LAFUENTE a inmensa obra literaria de Guillermo Cabrera Infante es la metáfora de un literato resistente. Como la mítica película de John Huston, en Halcón Maltés su obra está construida con la materia de la que están hechos los sueños. La melancólica ironía, tan cervantina, el juego verbal, el sereno escepticimismo ante los avatares y el tráfago de las industrias y andanzas de la vida, componen la extraña sinfonía de la vida a favor de la libertad. El humor, y siempre el cine contemporáneo, constitu- L yen ese formidable daguerrotipo del siglo XX que es la obra de Guillermo Cabrera Infante. Y, al fondo, como el escenario de todas la cosas, todos los ambientes, todos los personajes, la ciudad de La Habana, inundándolo todo de luz, de nostalgia, de desasosiego. Se ha escrito que pocos escritores han sido capaces de escribir una mitología de la ciudad con tanta fuerza y color como el cubano Guillermo Cabrera Infante. Tres tristes tigres y La Habana para un infante difunto representan dos referencias esenciales de esa mitología literaria, de ese viaje y descenso al fin de la noche, de ese viaje para descubrir y describir los ritmos tropicales, la sensualidad, el periodismo, la bohemia, la cinematografía de una ciudad que fue todas las ciudades. Cabrera Infante es el viaje de la melancolía cervantina al humor queve- desco, el escritor que ha recorrido los pasos justos y medidos de una mirada profundamente irónica de la realidad contemporánea, de una mirada profundamente americana. La mirada que pocos supieron aceptar: la mirada de la libertad. No fue su obra ni la chanza ocasional, ni la grosera carcajada, sino una forma de desmontar el mundo tal y como aparece al común de los mortales. Y lo hizo con una lengua literaria que permitía mostrar, al lado del disparate brutal y convulso, el anhelo radicalmente romántico de contar una realidad mítica y vivida. Narró literariamente la vida como si en eso le fuera el empeño de su propia vida. El empeño de la libertad. Como otros no vio la tierra arrebatada y prometida. Pero su obra queda como el testimonio de que la libertad para Cuba no sólo es posible, sino insoslayablemente urgente.