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56 MARTES 22 2 2005 ABC Cultura y espectáculos Muere en el exilio el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante, malabarista de la palabra Autor de Tres tristes tigres y La Habana para un infante difunto ganó el Cervantes en 1997 b El escritor falleció anoche en el hospital Chelsea and Westminster de Londres a los 75 años a causa de una septicemia derivada de sus problemas de salud ABC LONDRES. Las letras hispanas están de luto. Cabrera Infante fue ingresado hace una semana en el hospital Chelsea and Westminster de Londres después de romperse la cadera al caerse de forma accidental en su domicilio de la capital londinense. Miriam Gómez, esposa del escritor, manifestó entonces que Cabrera Infante padecía diabetes y que estaba siendo tratado en el hospital de una neumonía, al margen de la fractura de cadera. En agosto, el ganador del Cervantes 1997 fue sometido en Londres a una operación de bypass que le obligó a una convalecencia de varias semanas. Ayer fallecía a causa de una septicemia. Guillermo Cabrera Infante nació el 22 de abril de 1929 en la ciudad cubana de Gibara, en el seno de una familia de campesinos adinerados. La destacada actividad política de su padre, fundador del Partido Comunista Cubano, determinó su encarcelamiento y la consiguiente ruina de la familia. En 1941 se trasladó con su familia a La Habana y allí comenzó su pasión por la escritura, abandonando sus estudios de Medicina para empezar a trabajar en diversos oficios. La capital cubana le abre las puertas de un mundo completamente diferente repleto de salas de cine. En 1950 ingresó en la Escuelade Periodismo de Cuba. Don Juan Carlos felicita a Cabrera Infante en la entrega del Premio Cervantes de 1997 Desde 1954, y con el pseudónimo de G. Caín, comenzó a dedicarse a la crítica de cine en el semanario Carteles del que tres años más tarde, en 1957, alcanzaría el cargo de redactor- jefe. En 1951 fundó la Cinemateca de Cuba, que dirigió hasta 1956. Poco después fue director del magazín cultural cubano Lunes de revolución desde su fundación hasta su clausura en 1961. EFE EL CINE NO COME SARDINAS E. RODRÍGUEZ MARCHANTE Tras el derrocamiento de Batista y la llegada al poder del dictador Fidel Castro, Cabrera Infante fue agregado cultural de Cuba en Bruselas, desde 1962 hasta 1965. El escritor califica este destino como una especie de Siberia que aceptó porque no aguantaba estar en La Habana, no soportaba verme convertido en un apestado, un no persona jalá pudiera ser esto un prólogo, y que lo fuera, incluso, a lo Belerofonte No será ni siquiera epílogo. La sola escritura de su nombre anima, de entrada, a su juego preferido de doblar las palabras hasta que chillaran: Beldad y mentira de Marilyn Monroe Sic Transit Gloria Grahame El viejo y el mal Pero hay que escribirlo y sin que empiece el juego. Guillermo Cabrera Infante. El hombre que le hizo sentir al cine el pudor de ser mirado. Leer a Guillermo Cabrera Infante es como saltar en una cama elástica: se O va sin control de página en página, se vuelve, otra vuelta, se pierde el equilibrio, se recupera, te cansas, te diviertes. Hay páginas de Guillermo Cabrera Infante que se suben a la cabeza, que parecen hechas para ser tomadas en infusión, que las ha escrito un ambidiestro. Hay páginas de Guillermo Cabrera Infante que se salen por los bordes y que no caben en un solo libro. Hay páginas de Cabrera Infante que sólo las sabe leer Miriam Gómez. Tal y como confesó de palabra y obra, siempre prefirió el cine a la sardina, en lo que era algo así como una metáfora del hambre y de las ganas de comer, y ello lo condujo por el carril más complicado de la literatura: grandes y grandísimas películas encerradas en un par de párrafos y tres regates. Se inventó un oficio del siglo veinte, oficio y siglo en el que aún andamos atascados; se inventó un modo de vivir reflejado en su pantalla; no bajó la guardia ni aún cuando le contaron diez, ni cambió su impresionante expresión de cachondo malhumorado de hombre de ceño en ristre, en chiste. Se lo decía Guillermo Cabrera Infante al precipitado Caín en el prólogo de un libro viejo, cuando dudaba de si la muerte de uno llevara implícita la del otro: Es verdad, nunca se sabe. Y ahora, doble veneno, a tu trabajo Como tantas veces en él, la cuestión es cuestión de comas Lo pone en Un oficio del siglo veinte en una desvencijada edición hecha en La Habana en la que él mismo lanceó una dedicatoria: Para que guarda las ediciones momias En fin, ahora la isla es suya. Asilo político en Inglaterra Sus discordancias con el Gobierno de Castro llegaron a su punto máximo en 1968, cuando concedió una entrevista a la revista argentina Primera Plana en la que criticaba el régimen del dictador. Esto provocó una fuerte reacción en Cuba, que le llevó a abandonar su cargo diplomático para pedir asilo político en Inglaterra. Se nacionalizó entonces británico y fijó su residencia en Londres. Así en la paz como en la guerra (1960) fue escrito bajo la dictadura de Batista, pero no se publicó en Cuba hasta dos años después de haber triunfado la revolución. Los libros de Cabrera Infante están prohibidos en Cuba, pero circulan clandestinamente. Así ocurre con La Habana para un infante difunto o Cuerpos divinos ambos netamente autobiográficos. En