Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC MARTES 22 2 2005 Opinión 7 JAIME CAMPMANY Ahora, a ver lo que pasa en el norte, con el plan Ibarreche, los batasunos, los niñatos de Jarrai y el diálogo a bombas de los etarras EL PUCHERAZO E IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA Hemos asistido a un intento fallido de apropiación indebida del proyecto europeo común. El presidente del Gobierno ha declarado, dejando el sonrojo para los demás, que nos situaba en el corazón de Europa Así, como suena. Ignoro en qué víscera europea nos alojábamos antes EL CORAZÓN DE EUROPA OMOS acaso los españoles hoy más europeos que anteayer? Sólo un necio o un partidista podrían contestar afirmativamente. Lo que estaba en juego el domingo no era el europeísmo español sino, por un lado, la aprobación de un nuevo Tratado de la Unión (es bueno que el sí arrasara al no y, por otro, la suerte de un proceso de apropiación partidista del proyecto europeo por parte del Gobierno, que no dudó en recurrir a las más viejas artes del populismo, sin excluir, si no me equivoco, las agresiones a la verdad (no es malo que la abstención haya sido tan alta) Pues se nos dijo que de no aprobarse el texto, Europa se vendría abajo. Incierto. Además, si tan grande era el riesgo, ¿por qué correrlo cuando bastaba la aprobación parlamentaria y la consulta no era vinculante? ¿Qué habría hecho el Gobierno si hubiera triunfado el no romper Europa o sacrificar su talante democrático? También se nos dijo que España se quedaría fuera de la Unión si prosperaba el no Incierto. Si el Tratado no es ratificado por los veinticinco en el plazo previsto, la vida de la Unión seguirá aunque, sin duda, con un contratiempo. Incluso se ha dicho que el nuevo texto nos pondrá en el camino de la paz perpetua También incierto. O que nos asegura libertades que ya nos garantizan la legislación europea vigente y la Constitución española. No es la abstención, por lo demás la más alta de nuestra democracia, la que deteriora la legitimidad de la consulta, sino estas agresiones a la verdad y a la inteligencia. Si hubiera que medir el europeísmo español por la jornada electoral del domingo, estaría convaleciente. Pero la inmensa mayoría de los españoles, incluidos la mayoría de quienes se abstuvieron, votaron no o lo hicieron en blanco, no son euroescépticos. Nadie, salvo quizá algún representante de la residual derecha radical, dijo en 1978 que en el referéndum consti- ¿S tucional se decidiera a favor o en contra de España, sino sobre un concreto texto constitucional democrático. La valoración de la abstención es compleja, mas toda la que rebase el 25 ó 30 por ciento, en el que se cifra la abstención técnica, es significativa. En cualquier caso, quien se abstiene en un referéndum no hace necesariamente dejación de un derecho, sino que, entre otras cosas, puede rechazar la pregunta por impertinente o aborrecer las circunstancias en las que se plantea. Apañados estaríamos si nuestro europeísmo se limitara a uno de cada tres ciudadanos con derecho de voto. Hemos asistido a un intento fallido de apropiación indebida del proyecto europeo común. El presidente del Gobierno ha declarado, dejando el sonrojo para los demás, que nos situaba en el corazón de Europa Así, como suena. Ignoro en qué víscera europea nos alojábamos antes. Ni el Tratado de Niza es antieuropeo, ni Aznar dejó de hacer una firme política europea, ni es más europeísta quien se somete a los dictados del eje franco- alemán que quien apuesta, con otros europeos, por una relación de amigos y aliados con Estados Unidos. Si pretendía el presidente del Gobierno avalar su política exterior en las urnas y erigirse en el campeón hispano del europeísmo, sólo cabe decir que ha fracasado. Porque decir que el sí del domingo, como el no la papeleta en blanco o la abstención, versaban sobre Europa sin más, y no sobre la aprobación de un determinado Tratado constitucional, en general aceptable aunque no exento de errores, convocado además bajo condiciones populistas y plebiscitarias, es o error o mentira. El descrédito de nuestra política exterior sigue tan firme como nuestro europeísmo. No se trataba de eso. Por lo demás, el corazón de Europa late más fuerte en Roma, síntesis de Atenas y Jerusalén, que en Bruselas. STO del pucherazo será una malevolencia mía, que soy viejo y receloso, además de que llevo vistos unos cuantos y ya conozco el olor a puchero. Pero es que el proceso que sufrieron las cifras de participación a lo largo del día electoral hasta que asomaron los primeros números oficiales ponían en la oreja una mosca irremediable. Cuando al final de la jornada la cifra de participación superó en algún punto el cuarenta por ciento, me dije: Tate (lo de tate es un eufemismo por no decir coño ya han dado el pucherazo para pasar la barrera psicológica del cuarenta Porque menos del cuarenta por ciento ya no sería una cifra de participación desastrosa, sino patética. De cualquier forma, a los socialistas les daba igual lo que estaba saliendo de las urnas. Porque ya Pepiño Blanco recitaba a las seis de la tarde una marcha triunfal, la vicepresidenta María Teresa y el ministro José Antonio Alonso proclamaban después la victoria del sí y finalmente José Luis Rodríguez Zapatero anunciaba solemnemente que el referéndum europeo había entrado en la Historia. Zapatero y su séquito estaban dispuestos a todo trance, ya salieran de las urnas sapos y culebras, a que el 20 de Febrero de 2005 quedase inscrito con letras de oro en los anales del socialismo español. Hay que reconocer que gozaron de un activo acompañamiento. Un colega había escrito en un periódico de internet este titular para la información de las cifras del referéndum: De cada cien españoles, setenta y seis votaron sí Ya me hubiera gustado a mí que en un referéndum bien planteado sobre Europa hubiera salido esa cifra de asentimientos. Pero no es esa la verdad. Hombre, colegui, de eso que usted afirma, nasti, muñeco. Lo cierto, señor matemático, es que de cada cien españoles, cincuenta y ocho no votaron. De modo que de cada cien españoles votaron sí solamente treinta y uno. Y eso si admitimos, que es mucho admitir, una razonable limpieza general en el escrutinio de las mesas y en el manejo de los datos finales desde un Ministerio cuyo titular, al dar cuenta de los resultados que él consideraba negativos, les anteponía la palabra sólo Toda la información sobre este referéndum, desde el principio al fin, ha presentado el aspecto de una engañifa, de un engañabobos. Hubo un momento en que parecía que lo único que interesaba a los socialistas era el voto de los vecinos de La Moraleja. Allí, según los rojelios, residen los peperos de pata negra, los ultraderechistas de la carcundia, y allí salieron noes a manta de Dios, quizá porque cayeran ciertamente en las urnas, quizá porque fueran contabilizados correctamente, vaya usted a saber. En cambio, los noes predicados por los socios del Gobierno eran considerados por los sociatas como noes europeístas tome usted nísperos, doña Erundina, que aligeran el vientre. En fin, hemos salido de ésta, y ahora a esperar a ver lo que se nos viene encima en el País Vasco, con el plan Ibarreche, los soliviantados batasunos, el kale borroka de los niñatos de Jarrai y el diálogo en forma de bombas de los etarras.