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ABC MARTES 22 2 2005 Opinión 5 En familia El presidente de ERC, Josep Lluís Carod- Rovira, volverá este viernes a La Moncloa para entrevistarse con Zapatero. De carácter secreto o discreto, formales o improvisados, de otoño o invierno, los encuentros entre el presidente del Gobierno y el líder republicano se han convertido en argumento principal de esta legislatura. Tras decir no en el referéndum, vuelve el interlocutor de cabecera. Competencia abierta El vicepresidente del Gobierno se dispone a impulsar la productividad de la economía española a través de un decreto que presentará en el próximo Consejo de Ministros y al que seguirá un ambicioso programa de actuaciones para el resto de la legislatura. La propuesta de Pedro Solbes pasa por liberalizar numerosos sectores en busca de una mayor competitividad, iniciativa loable que beneficia a los ciudadanos, pero cuyo alcance habrá que examinar para comprobar a qué empresas afecta y así determinar la medida de un talante liberalizador que no puede admitir excepciones. Nueva era En la primera intervención de su gira europea, George W. Bush quiso ayer escenificar la apertura de una nueva etapa en las relaciones entre Europa y Estados Unidos. Ahora que las viejas discusiones se desvanecen, empecemos una nueva era de la unidad trasatlántica dijo ayer Bush, dispuesto a restablecer un frente exterior que, como tantas otras cosas, disolvió la crisis de Irak. JULIÁN DE DOMINGO De carne y hueso. Una grabación aportó ayer nuevas pruebas a la hipótesis de la presencia de un grupo de desconocidos en el edificio Windsor mientras éste ardía. En una secuencia emitida ayer por Telecinco (que reproducimos sobre estas líneas) se puede apreciar cómo los intrusos llegan a encender la luz en una de las plantas inferiores- -entre la diez y la doce- -del inmueble. Mientras El Corte Inglés anexo al rascacielos y otros establecimientos reabrían ayer sus puertas, la Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas aseguraba que las dos siluetas de la planta 16 del edificio al parecer corresponden a personas humanas (sic) y no a ningún tipo de fantasma, espectro o reflejo LOS FANTASMAS VAN A LA OFICINA FERNANDO R. LAFUENTE A advirtió el exquisito Chesterton que el drama de los principios de siglo es que la gente, propiamente dicha- -en políticamente correcto, la ciudadanía- cuando deja de creer en Dios es capaz de creer en cualquier cosa. Y en ésas estamos. Falta un Nietzsche que remate la faena. La dejó a medias. Pero mientras tanto, exorcistas, vampiros, brujas (en cada autonomía) doctores frankensteins (a man- Y ta) momias (en general) monstruos (preferentemente familiares) legión de hombres (y mujeres) sin alma, hombres (y mujeres) lobos (lobas) mujeres panteras, zombis (de todos los sexos) museos de cera, ladrones de cuerpos, moscas, dráculas, Baby s Janes, pájaros, muertos vivientes, aliens, resplandores, otro hombre lobo esta vez en París, corderos silenciosos, sextos sentidos y los otros (de Aménabar) en gene- ral, viven una primavera de Praga (con su Golem) enaltecida por los fantasmas del Windsor. Como las caras de Bélmez pero en la Castellana. Ahora que el fútbol es los sábados, se queda el domingo para visitar a los fantasmas. Menos mal que los parapsicólogos ¿para qué? preguntaría Groucho Marx) han certificado, con el poder (paranormal) que les da su paraciencia, que no hay fantasmas en el Windsor. Pero, entonces, ¿qué son esas luces? ¿qué esas linternas? ¿cómo pudieron soportar temperaturas cercanas a los cuatrocientos grados centígrados (setecientos cincuenta y dos, farenheit) las madrileñas sombras del Windsor? se preguntaban ayer los cu- riosos entre miradas inquietantes. Sombras, linternas, fantasmas, pasadizos ocultos (por fin ayer clausurados) y toda una cohorte y corte de los milagros oscuros se dan cita en el nuevo circo paranormal. Lástima de una retransmisión en directo de los paras con sus instrumentos en busca de los castizos fantasmas postmodernos, todos de diseño, como Carod- Rovira. Ay, Chesterton. Pero da la impresión de que, para normal, lo que más de uno empieza a sospechar, pasado el sofoco de las linternitas. ¿Y si los fantasmas fueron a la oficina a fantasmear algunos papeles? Buena historia, sin llegar a la de Salamanca; por los papeles, claro, no por los fantasmas.