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ABC LUNES 21 2 2005 Economía 83 JUAN VELARDE FUERTES HACIA EUROPA CON SOSIEGO U na de las mayores transformaciones ocurridas en la economía mundial en el último medio siglo, ha sido la creación no sólo de la Unión Europea, sino de toda una pléyade de satélites, desde el Espacio Económico Europeo al grupo ACP (de África, Caribe, Pacífico) desde la puesta en marcha de acuerdos preferenciales con naciones del área mediterránea hasta el camino abierto en la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) que comenzó a aclarar las relaciones entre la Unión Europea Occidental (UEO) y la OTAN. Algo tan impresionante y con tantísimas facetas no se puede explicar por una sola causa. En esa obra de espléndida investigación histórica que es la de Ramón Tamames, Formación y desarrollo del Mercado Común Europeo (Iber- Amer, 1965) se observan para la Unión Europea tres raíces. La primera, la convicción, nada más concluida la II Guerra Mundial, de la necesidad de eliminar toda una serie de planteamientos románticos, y por ello nacionalistas, donde se exacerbaban las diferencias que siempre existieron entre los súbditos de los nietos de Carlomagno e hijos de Ludovico Pio, Luis el Germánico y Carlos el Calvo. Algo supranacional, íntimamente sentido, se deseaba que pudiese retrotraernos a aquellos viejos tiempos del Emperador de la barba florida con soberanía conjunta sobre alemanes y franceses. En segundo lugar, estaba la necesidad de lograr un fuerte desarrollo económico, y esto sólo podía conseguirse, de acuerdo con las que pueden denominarse estipulaciones Smith- YoungMyrdal, con mercados más amplios que los nacionales. Monnet se convirtió en un paladín de esto. Él es el que fue, como indicó Achille Albonetti en 1963, en Préhistoire des Etats- Unis d Europe el gran inspirador del Plan Schuman, asesorado por Pierre Uri y Etienne Hirsch. Era, a la sazón, Comisario del Plan de Modernización de Francia. El tercer motivo es importante. Se albergaba en esos proyectos la idea de colaborar en mejores condiciones con los Estados Unidos en cuanto aliados en la Guerra Fría. Hasta 1956 y el conflicto de Suez, esa alianza fue, prácticamente, sin fisuras. Impedir guerras europeas intestinas, mejorar los niveles de renta y ayudar a Norteamérica en la Guerra Fría, fueron los gerrios que hicieron que la Europa unida comenzase a dar los primeros pasos, con la firma del Tratado de Roma el 25 de marzo de 1957, tras la realidad previa de la Organización Europea de Cooperación Económica (OECE) A partir de ahí comenzó un proceso de integración sucesiva de naciones que llevaría desde las seis fundadoras Ahora lo que se ha pretendido es acelerar la unión política con una aún muy incipiente unión monetaria Da la impresión de que algunos países... incapaces de capitanear esa unión monetaria, han decidido huir hacia delante El Tratado de Roma se debió al deseo de crear un contrapoder mundial frente a los Estados Unidos a las veinticinco actuales, que se convertirán muy pronto en veintisiete. Esta integración y posterior ampliación no se hizo sin alteraciones respecto al espíritu inicial. El Tratado de Roma, como captó sagazmente el profesor López Cuesta, se debió al deseo de crear un contrapoder mundial frente a los Estados Unidos. Por otro lado, con de Gaulle, Francia vetó el ingreso de Gran Bretaña y más adelante, al caer el Muro de Berlín y ampliarse el mundo comunitario con la Alemania oriental, la bastante equivocada política monetaria del Canciller Köhl, condujo a una salida de la libra esterlina del Sistema Monetario Europeo. O bien, en estos mismos momentos, el debate sobre si debe plantearse, o no, la incorporación a la Unión Europea de Turquía, tiene extraordinaria viveza. Pero aun con todas esas tensiones y vacilaciones, el elefante europeo se puso en marcha. Los fundadores expresaron, por la pluma de Hallstein, el primer presidente de la Comisión- -o sea, del Ejecutivo comunitario- en 1964, y en su trabajo NATO and the European Community incluido en la obra dirigida por Laurence B. Krause The Common Market progress and controversy que la construcción de una Europa unida debería hacerse en tres fases sucesivas: primero, unión aduanera; después, unión financiera y monetaria; en tercer lugar, unión política. No era el primer caso de empleo de estas tres fases, aunque sólo había sido, aproximadamente, éste el orden. La constitución de una Alemania unida en el siglo XIX requirió, efectivamente, tres etapas sucesivas. La primera fue la puesta en marcha, con el nombre de Zollverein, e inspirada por Federico List, de una unión aduanera. La segunda fue una parcial unión monetaria, porque un bloque de Estados alemanes pasó a tener como moneda el florín, y otro, el tálero. La culminación en 1871, con el marco y el Banco de Prusia convertido en el Reichsbank, fue posterior a la unión política, creada en 1870, en la Galería de los Espejo del Palacio de Versalles, cuando fue proclamado Emperador de Alemania Guillermo I, por cierto muy a regañadientes y sólo por la decisión de un triunfante Bismarck. Dejemos a un lado la anécdota irrelevante de lo sucedido ayer, aunque por motivos políticos interiores se haya querido dar a esta consulta trascendencia especial. Ahora, lo que se ha pretendido es acelerar la unión política con una aun muy incipiente unión monetaria. Da la impresión de que algunos países- -concretamente, Alemania y Francia- incapaces de capitanear esa unión monetaria, como consecuencia de su fuerte déficit presupuestario, de sus retrocesos tecnológicos y, finalmente, de sus rigideces estructurales, han decidido huir hacia delante. Basta repasar los titulares significativos que de la realidad de estos dos países se ofrece en el Informe Mensual del Servicio de Estudios de La Caixa, de febrero de 2005: Alemania: crecimiento del 1,1 en 2004 Francia: actividad estacionaria en el final de 2004 En The Economist del 12 de febrero de 2005 aparecen los pronósticos que emiten para el año 2005 los principales intermediarios financieros mundiales. Para 2005 Alemania, espera un incremento del PIB del 1,3 y en el caso de Francia, uno del 1,9 Construir Europa no se hace así. Con sosiego es preciso culminar los equilibrios macroeconómicos, cumplir los acuerdos de Lisboa sobre el progreso tecnológico y científico e iniciar una serie de aproximaciones institucionales, sobre todo en el terreno fiscal y en el social. Todo ello, implicando mucho más a Gran Bretaña, y, desde luego, abandonando jactancias heredonacionalistas. Y cuando por ahí se haya avanzado, va a ser mucho más fácil hablar, sin crispación alguna, de una Constitución Europea que no será parecida al galimatías del actual Tratado Constitucional. Las huelgas de Alitalia y Air France pondrán en jaque a los aeropuertos ABC ROMA PARÍS. Hoy lunes se espera una jornada caótica en los aeropuertos europeos, tras las convocatorias de huelga presentadas por trabajadores de Air France, por un lado, y de Alitalia, por otro. La aerolínea Alitalia decidió suspender 90 vuelos previstos para hoy, a causa de la huelga de los asistentes de vuelo para protestar por el empeoramiento de las condiciones de trabajo y exigir mayor seguridad. Ésta es la segunda huelga convocada por el sindicato Sult en los últimos diez días, después de que el pasado 9 de febrero un paro similar obligara a la aerolínea italiana a suspender 141 vuelos. Por su parte, en Air France los trabajadores votaron ayer continuar la huelga que mantienen en el aeropuerto parisino de Orly.