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56 Espectáculos LUNES 21 2 2005 ABC TOROS Sergio Marín se reencuentra con el temple y triunfa en Vistalegre ROSARIO PÉREZ MADRID. Cómo disfrutó Sergio Marín y cómo hizo gozar al público de Vistalegre... Era la segunda novillada del recién reaparecido torero después de un año inactivo por una dura lesión de rodilla. Y Marín se reencontró con el temple y dibujó lances y muletazos a cámara lenta. Movió el capote con suavidad en su primero, enganchándolo por delante. Evidenció su valor y su personalidad en el inicio sobre la diestra, pero fue al natural cuando elevó el listón. Coronó la obra con un espadazo, aunque el toro tardó en caer y hubo de recurrir al descabello. Fue premiado con una oreja. Dos más obtuvo el de Coslada con el excelente quinto, en el que de nuevo se volcó en la estocada y meció las manos a la verónica. Estupendo el prólogo por bajo. Ofreció distancia en la primera ronda a derechas y ligó muletazos notables. El animal tenía que torear y había que dejarle la muleta puesta. Y Marín lo hizo. Cambió a la zurda y la templanza emanó de las telas. El epílogo, de impecable temple y singular belleza, deleitó a los cerca de cuatro mil espectadores que acudieron a Carabanchel. Oyó un aviso con cada novillo de El Cahoso- -que lidió un encierro bien presentado y, en conjunto, apto para el éxito- pero eso fue lo de menos. Abandonó a hombros la plaza. Ismael López entusiasmó en un ceñido quite por gaoneras y enseñó sus buenas maneras durante la faena, en la que bordó los de pecho. En las manoletinas últimas sufrió una voltereta, pero volvió a la cara del enemigo con firmeza. Un pinchazo precedió a una estocada en todo lo alto. Paseó una oreja. El cuarto tuvo una lidia pésima y lo acusó durante el trasteo. El de Torrejón lo intentó, pero el novillo no humillaba ni por equivocación. Saludó. Alberto Aguilar, bullidor, logró un trofeo en el sexto y perdió otro en el tercero por su fallo a espadas. FLAMENCO Festival Caja de Madrid Cante: Esperanza Fernández. Piano: Dorantes. Guitarra: Tomatito. Lugar: Teatro Albéniz. Fecha: 19- 02- 05 CLÁSICA Liceo Cámara Músicadhoy Obras de Berg y Schubert. Int. Cuarteto Alban Berg. Músicadhoy. Obra para piano de Cristóbal Halffter. Int. Alberto Rosado y Juan Carlos Garbayo, pianos. Lugar: Auditorio Nacional. Madrid. UNA VELADA EVOLUCIONISTA MANUEL RÍOS RUIZ A POR TODAS ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE n el arte flamenco se está últimamente denotando cierto interés por progresar en su tratamiento estilístico e instrumental. Una prueba de ello ha sido la función de clausura del festival madrileño, que resultó ser la de menor entidad de todas. En primer lugar, porque la primera parte estuvo dedicada al piano como protagonista, tanto supeditado al acompañamiento del cante o de la canción como acompañado de otros instrumentos. Con su piano, Dorantes lleva tiempo, años ya, buscando una evolución del género. Y ahora lo hace apoyándose en una de las cantaoras más significativas del momento, Esperanza Fernández, que se ha prestado al experimento, en detrimento de su lucimiento personal, dado que, pese a su gran profesionalidad, el programa a seguir no es el idóneo, lo mismo en su contenido que en su planteamiento, para expresar en toda su dimensión su capacidad y valía artística, aunque es tan buena intérprete que siempre salva el brete airosamente. Todo esto no quiere decir que la primera parte del espectáculo no tuviera ninguna importancia, sino sencillamente que el perseguido evolucionismo no resultó lo convincente que debiera. E D Tomatito ABC En la segunda parte, Tomatito, en compañía de un grupo muy amplio- -una especie de orquesta de cámara a veces sin la debida sincronía- -y del bailaor Juan de Juan- -cuyo alarde físico se le aplaudió fuerte y largamente- ofreció un concierto muy prieto y extenso, para dejar constancia de su intensidad interpretativa, sonando siempre su guitarra muy flamenca. Una guitarra que, tal vez, luciría más con menos instrumentos alrededor. O sea, con menos deseos de alcanzar a ultranza el mayor evolucionismo posible. CLÁSICA Ciclo Complutense Obras de J. Adams, E. Lalo y S. Rachmaninov. Int. Orq. Filarmónica de Estrasburgo. Dir. K. Karabite. Solista: I. Gringolts (violín) Lugar: Auditorio Nacional. Madrid. MÚSICA EN LA UNIVERSIDAD ANTONIO IGLESIAS xcelentes músicos franceses y rusos concurrieron en el Ciclo Complutense que obtuvieron un merecidísimo éxito, bajo la magnífica dirección de Kirill Karabits y su compatriota y gran violinista Ilya Gringolts, internacionalidad a la que se añadió la del compositor norteamericano John Adams. El programa lo inició este último con su curiosa Lollapalooza palabra de etimología incierta que sugiere un fuera de combate en un asalto de boxeo Su ritmo, al pronunciarla, sirvió a Adams para construir su partitura de un solo de seis minutos de duración que, con un sólido conocimiento de la tímbrica, colorea con suma destreza una única fórmula de carácter sincopado (desprendida del jazz que se recibe de modo E directo y complacidamente. La expuso con brillantez la batuta de Karabits, perfectamente respondida por la centuria de los excelentes profesores galos. A la obra estadounidense siguió la siempre bien recibida Sinfonía española del excelente maestro francés, Edouard Lalo, que no siendo sinfonía ni concierto, exige un violinista solista de gran clase, como resultó ser Ilya Gringolts, vencedor de todas las diabluras violinísticas, diciendo y sintiendo honda y reflexivamente unas ideas que nos recuerdan muy de lejos, en todo caso, de otra manera española si grande como instrumentista, estupendo también como artista y músico. Una perfección absoluta se logró con la segura batuta de Kirill Karabits y los grandes músicos de la Filarmónica francesa. Impecable versión, rubricada con el bis del solista. Lo mismo cabe suscribir en la referencia a la segunda parte del programa, ocupada por las Danzas sinfónicas de Rachmaninov, realizada espléndidamente por la batuta en directa comunicatividad con los componentes de una orquesta con gran plantilla, a la que podría ponerse únicamente el reparo de un exceso de cantidad sonora en el acento de la intensidad, que, por otra parte, siempre responde a una sonoridad propia, compacta y brillante. e la Suite lírica de Alban Berg a la obra para piano de Cristóbal Halffter. Tarde colmada de música en dos conciertos de apariencia heterogénea. Pero sólo de apariencia, pues en ambos se escucharon partituras cargadas de voluntad e intención. Desde luego la obra de Berg esconde mucho: íntimas vivencias disfrazadas en una obra ascética. El Cuarteto Alban Berg, viejo conocido del Liceo de Cámara, ha venido para interpretarla con toda la anchura y el saber que aportan los años. Se les nota en lo físico el paso del tiempo. Quizá también en la pujanza del sonido que ha terminado por moldear la dulzura hacia un cierto tinte rústico. Pero la sabiduría suele encerrarse bajo el traje de la veteranía y el Alban Berg encuentra un intenso equilibrio ante una obra simétrica, el carácter preciso frente a unos movimientos sutilmente adjetivados giovale amoroso estatico y la anchura de miras allí donde todo se encoge. Acompañaron la obra de Berg el cuarteto La muerte y la doncella de Schubert y el público del Liceo, tras trece años de insistir en el virtuosismo de la escucha que dijo Ortega, fue un solo aplauso. También aplaudieron, y mucho, aquellos que asistieron a la escucha de la integral para piano de Cristóbal Halffter. En el escenario estaba el pianista Alberto Rosado revolviéndole las tripas a un impresentable piano que comenzó sonando como si de una lata con teclas se tratase, y que mal y aprisa hubo de remendar el afinador en el descanso. Rosado es capaz de pulsar con una fuerza inusitada y al tiempo proveer de eléctrica vivacidad una música abocada a lo abstracto y lo interiorizado. Incluso ahí donde Halffter adorna la cita El ser humano muere... o donde evoca y recrea resonancias Ecos de una antiguo órgano La música para piano de Halffter muestra el trasfondo de una personalidad combatiente y perseverante. Y así comenzó a dibujarla Rosado, partiendo del impuro neoclasicismo de la Sonata de 1951, y acabando con los Espacios no simultáneos de 1997, en los que, al igual que en las demás obras para dos pianos, participó Juan Carlos Garbayo. Él y Rosado ofrecieron una interpretación nerviosa, precisa y pétrea de esta última obra que alcanzó a alterar el ánimo en una tarde sin reposo musical.