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ABC LUNES 21 2 2005 Opinión 5 La paja y la viga Empeñado en destacar el alto índice de votos negativos de algunos barrios madrileños proclives al PP, el portavoz socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, olvidó ayer que los principales resultados del no los cosecharon los territorios donde sus socios de gobierno, nacionalistas y separatistas, son más influyentes. Curiosa forma de ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio. Manos libres Frente al comprensible malestar de muchos simpatizantes y militantes del PP contra el Gobierno, el partido de Mariano Rajoy efectuó ayer un ejercicio de responsabilidad al conseguir que la mayoría de sus seguidores apoyasen el Tratado europeo. Con las manos libres, Rajoy pudo hablar de fracaso gubernamental por la manifiesta falta de motivación ciudadana. Deberes hechos La ausencia de incidentes y un rápido recuento de votos permiten al ministro del Interior, José Antonio Alonso, presentarse como uno de los escasos triunfadores de una jornada electoral que pocos motivos ofreció al Gobierno para sacar pecho. Alonso hizo bien sus deberes, y los presentó con sobriedad y eficacia. También los ciudadanos contribuyeron a la normalidad del día. POOL Cita democrática. Hoy os han quitado de dormir bromeó Don Juan Carlos ante los miembros de la mesa electoral a la que, junto a Doña Sofía, acudió ayer a emitir su voto. Sólo quince minutos llevaban abiertas las urnas cuando la presidenta de una de las mesas del colegio público madrileño Monte del Pardo pronunció un nombre inusual en un centro de votación: Juan Carlos de Borbón y Borbón. Como en anteriores referendos, Sus Majestades volvieron a votar, en esta ocasión para protagonizar una curiosa anécdota, ya que Doña Sofía (en la imagen, cerrando el sobre con su papeleta) olvidó su voto en el Palacio de la Zarzuela y tuvo que recurrir a los impresos del colegio electoral. LOS MÁS MADRUGADORES SANTIAGO CASTELO A imagen madrugadora de los Reyes votando fue el acicate de la mañana. A nadie se le oculta que en el ambiente había un aire de desgana, de cierta indolencia, una especie de para qué... que desalentaba. Yo creo que los partidarios batalladores del voto, los enemigos de la abstención, soltaron un suspiro de alivio y esperanza al conocer la noticia a tan temprana hora, nueve y cuarto de la L mañana. Ya había imagen y comentario para abrir los informativos, para mover a los votantes. Y la verdad es que la noticia era, como siempre, tan sencilla como cercana. Ahí estaban los Reyes cumpliendo puntualmente con su deber. Como en el 76, Dios mío, qué lejos en el tiempo el referéndum de la reforma política; como en el 78, cuando nuestra Constitución; como en el 86, aquel de la polémica perma- nencia en la OTAN. Los años han ido pasando. Todos hemos cambiado. Pero la presencia de los Reyes es algo que tranquiliza y sosiega: la estabilidad de la Corona encarnando la Historia y el propio ser de España, velando por sus libertades, supone esa seguridad y esa confianza de saber que la vida política sigue funcionando con sus grandezas y sus miserias, que la democracia goza de buena salud y que España, amparada por esa Monarquía multisecular y de todos, sigue siendo señora de sus destinos. Luego, en el Colegio Monte del Pardo vinieron las anécdotas. La Reina recordándole a Don Juan Carlos que tenía que enseñar el carné de identidad; Doña Sofía que se había dejado el voto en casa y salió del aula para coger otra papeleta y, luego, esta imagen de la Reina cerrando el sobre humedeciendo la solapa como en las viejas cartas; la cordialidad de los Reyes con los miembros de la mesa por el madrugón que se habían dado... En fin, detalles para la pequeña historia. Lo cierto es que esa imagen mañanera, tan poco habitual, estaba escribiendo, una vez más, la otra página de la Historia, esta vez con mayúsculas.