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4 Opinión LUNES 21 2 2005 ABC Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA PRESIDENTE DE HONOR: DIRECTOR: Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Ignacio Sanz IGNACIO CAMACHO SIN PENA NI GLORIA A primera valoración del resultado del referéndum sobre el Tratado constitucional europeo estaba descontada porque se sabía que iba a reflejar un voto afirmativo mayoritario, incluso abrumador. Los portavoces del PP y el PSOE se ajustaron al guión para mostrar su satisfacción por el respaldo que los electores dieron al que será nuevo Tratado de la Unión Europea, si los restantes Estados que aún quedan por ratificarlo lo hacen en los próximos meses. Ambos partidos habían pedido el sí y pueden sentirse legítimamente coautores de que el refrendo haya superado la prueba, aunque tampoco haya motivos para el entusiasmo, pese a la sensación de alivio que ofreció sin disimulo el Gobierno, ante una participación que finalmente superó el 42 por ciento. L había puesto en los hombros de los españoles una responsabilidad- -la de ser primeros en Europa- -que iba más allá de sus deberes como ciudadanos llamados a una consulta no vinculante, sobre un Tratado que desconocían. Mezquindad en el análisis. Es más, el Ejecutivo socialista debería tener muy claro que si ha salvado los muebles en buena parte se ha debido al comportamiento del electorado popular, que en líneas generales no se ha dejado llevar por la tentación de castigar al Gobierno. Por eso, los reproches velados de Rodríguez Zapatero al PP son, además de injustos, reveladores de una actitud política mezquina. Haría bien el Gobierno en no detenerse tanto en el porcentaje de votos negativos registrado en algunos distritos de Madrid, y detener en cambio su mirada, para una reflexión serena y no partidista, en el comportamiento de ERC y de IU. Un dato que pone de manifiesto lo injusto de las críticas socialistas: el porcentaje del sí en las Comunidades gobernadas por el PP fue del 79,30; en las regidas por el PSOE se situó en el 78,67. Las cifras hablan por sí solas e inhabilitan los argumentos del Gobierno. El enemigo en casa. Sólo colocando los intereses de partido y del Gobierno por encima de los intereses de España y de Europa puede entenderse que el PSOE arremetiera anoche contra el principal partido de la oposición y se mostrara condescendiente hasta la sumisión con los independentistas catalanes, adalides del no al Tratado de la UE. Seguramente, Rodríguez Zapatero habrá reparado también en el alto porcentaje de noes registrado en el País Vasco, donde no parece que el electorado del PNV haya seguido la consigna del partido, tal vez porque vea en la Constitución europea un enemigo peligroso, capaz de hacer frente a los delirios secesionistas del nacionalismo. Que mire alrededor el presidente del Gobierno y entienda, de una vez, que es el PP, y sólo el PP, en quien puede confiar para plantar cara a los que pretenden menoscabar la fuerza del Estado. Como es previsible, las lecturas del resultado servirán a las posiciones de unos y otros y se insertarán en sus argumentos respectivos, pero lo responsable será no refugiarse en interpretaciones parciales o sesgadas. Menos que nadie, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, que Precipitación y abstención. Pues bien, desde esa vocación magistral que el Gobierno quiso dar al referéndum, lo más probable es que los resultados no hagan aumentar los apoyos al Tratado constitucional en Europa, ni mermar el euroescepticismo de amplios sectores sociales de los Estados miembros, algunos de los cuales se enfrentarán a consultas mucho más espinosas que la del 20- F. El aprobado raspado de la consulta tampoco va a suponer para España un refuerzo en el difícil equilibrio comunitario- -más conflictivo tras la ampliación- porque para cualquier observador imparcial un 42 por ciento de participación, con más de un 17 por ciento de voto en contra y un 6 de sufragios en blanco, lo que no deja de ser una forma de abstención activa, representa un modesto aval pa- un dato que ayer tuvo también su imagen nítida. En los asuntos de Estado, por ejemplo, cuando hay que preservar el orden constitucional frente al Plan Ibarretxe, cuando hay que poner a España en el nuevo proyecto europeo que representa el Tratado constitucional, el Gobierno sólo cuenta con el valor seguro del PP y de su dirección actual. Y nuevamente, los aliados de Rodríguez Zapatero se manifestaron en contra de una política que, de forma objetiva, sirve a los intereses nacionales de España. El resultado del referéndum representa un modesto aval para el fogoso europeísmo de Rodríguez Zapatero El Gobierno tendrá que hacer algo más que oficiar de maestro del diálogo para lidiar los porcentajes del no y la abstención en el País Vasco y Cataluña, que acotan fuerzas políticas que están en la agenda del Ejecutivo ra el fogoso europeísmo de Rodríguez Zapatero. Incluso, apurando el análisis, puede decirse que el sí no ha llegado a un tercio del censo electoral. E lo que no cabe duda es de que este resultado allana el camino a la ratificación parlamentaria del Tratado, después de que Rodríguez Zapatero decidiera, a la vista de su nefasta campaña, convertir en vinculante lo que era un referéndum consultivo. Será en el Parlamento donde nuevamente el PSOE se encontrará votando lo mismo que el PP, y viceversa. Y éste es El Gobierno y sus contradicciones. En el río revuelto de una pésima campaña institucional y de unos resultados heterogéneos- -por razón del territorio- -la opción más entusiasmada es el antieuropeísmo de Esquerra Republicana de Cataluña y de Izquierda Unida. Ambos partidos han capitalizado indebidamente la totalidad del voto negativo y se arriman, como hizo días atrás Gaspar Llamazares, a la abstención, pero pueden ufanarse de ser los que con una mano sostienen a Rodríguez Zapatero y con la otra socavan sus principales decisiones políticas. ¿Por cuánto tiempo es sostenible esta situación? El Gobierno tendrá que hacer algo más que oficiar de maestro del diálogo para lidiar los porcentajes del no y la abstención en el País Vasco y Cataluña, que acotan fuerzas políticas que están en la agenda del Ejecutivo para tomar decisiones trascendentales para el futuro de España. La contradicción sólo es llevadera durante un tiempo, pero la doble ética política de Rodríguez Zapatero- -con el PP para unas cosas, y con comunistas e independentistas para otras- -debe tocar a su fin, algo de lo que han de ser conscientes tanto el propio jefe del Ejecutivo como la dirección popular, en aras de mantener su legítimo protagonismo como única oposición al Gobierno socialista. La lealtad del PP. El Partido Popular y su líder, Mariano Rajoy, pueden estar plenamente satisfechos de haber fijado, desde el primer momento, una posición inequívoca a favor del sí al Tratado europeo. Su decisión puede calificarse como estratégica para mantener al centro derecha en coordenadas propias de una opción de gobierno, como es el PP, y gracias a ellas los populares pueden y deben reclamar su aportación decisiva a la aprobación del Tratado constitucional. La sociedad española puede ver en el PP un partido que distingue los intereses de Estado de la estrategia partidista y que ha sabido no confundir la importancia de sus responsabilidades con los beneficios de un desgaste gubernamental en la cita del 20- F. El que también debe verlo es el Gobierno, porque tras Europa viene España, es decir, las reformas constitucionales y estatutarias, para las que el PP no es menos importante ni necesario ni imprescindible que para sacar adelante el torpe referéndum planificado por Rodríguez Zapatero, quien haría bien en no sacar conclusiones equivocadas del resultado de la consulta. D