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70 Cultura DOMINGO 20 2 2005 ABC Con motivo del centenario de su muerte, ven la luz decenas de reediciones de sus obras y tienen lugar numerosos homenajes internacionales y grandes coloquios en Europa y Estados Unidos. Patriarca fundador de la ciencia ficción, lo anticipa casi todo: el teléfono, el viaje a la luna, la exploración submarina... Paraísos e infiernos en los últimos confines de nuestro planeta Julio Verne, el utopista subversivo TEXTO: JUAN PEDRO QUIÑONERO, CORRESPONSAL FOTOS: ABC PARÍS. El centenario de Julio Verne (1828- 1905) va mucho más allá de las fronteras de todos los géneros literarios, porque la seducción que ha ejercido su obra durante todo un siglo ha sembrado la imaginación de científicos, ingenieros, urbanistas, viajeros, cineastas, hombres de negocios, astrónomos, marinos, revolucionarios, visionarios de todas las especies, encantados desde niños por una obra de 22.000 páginas, 62 novelas, 18 cuentos, con más de 5.000 legendarias ilustraciones. En su primera juventud, Verne soñaba con ser autor de teatro de bulevar, siguiendo la influencia de su amigo Alejandro Dumas (hijo) A los 22 años estrenaba en los bulevares parisinos su primera pieza. El joven arribista nacido en Nantes en el seno de una familia burguesa quería triunfar muy rápido. Y ganar dinero. Tras un primer intento fallido, Verne había llegado a París en 1848. Y consiguió ser secretario general del Teatro Lírico. Pero su matrimonio con una joven viuda, Honorine Deviane, le obliga a unas responsabilidades familiares incompatibles con la incertidumbre del autor dramático. Verne cambiará de vida: trabajará como agente de cambio. En vano. El demonio de la literatura le persigue. Tras el éxito fulminante de las Cinco semanas en globo siguió una larga serie de medio centenar de novelas celebérrimas: De la tierra a la luna (1865) Los hijos del capitán Grant (1867) 20.000 leguas de viaje submarino (1869) La vuelta al mundo en 80 días (1872) La isla misteriosa (1874) Miguel Strogoff (1876) Un capitán de quince años (1878) Los quinientos millones de la Bégum (1879) etc. etc. etc. Se ha repetido hasta la saciedad. Verne lo anticipa casi todo: el teléfono, el viaje a la luna, la exploración submarina, descubrimientos científicos, descubrimientos terrestres, paraísos e infiernos en los últimos confines de nuestro atribulado planeta. Sin embargo, esa condición muy sólida de patriarca fundador de la ciencia ficción quizá sea menos decisiva que su condición de utopista subversivo, creador y semilla de los creadores de nuevos mundos. El trance de Rimbaud Arthur Rimbaud confesó que había comenzado a escribir poesía tras caer en trance leyendo el más misterioso e inquietante de los libros de Verne, las 20.000 leguas de viaje submarino la epopeya del Nautilus y el capitán Nemo. Alfred Jarry comparaba al Verne del Viaje al centro de la tierra con el Nietzsche de Así habló Zaratustra Proust escribía: Nada más asombroso que la luz encantada que ilumina el rostro de un niño que lee por vez primera un libro de Julio Verne El último de sus grandes biógrafos, Jean- Paul Dekiss, se atreve a sentenciar: Verne quizá sea el escritor que más ha influenciado la imaginación de los creadores del siglo XX Influencia que va mucho más allá de la historia literaria. Orson Wells adaptó a Verne ¡al teatro! Kirk Douglas produjo un in- Viajes extraordinarios El desencanto de la vida literaria parisina tardaría casi diez años en llegar. Ya cruzada la treintena, Verne todavía no ha encontrado su camino. Pero su descubrimiento de las Aventuras de Arthur Gordon Pym le pone en una nueva pista: el relato fantástico. Sin embargo, su editor, Hetzel, rechaza de mala manera su primera novela, París en el siglo XX que no podría publicarse hasta 1994. El primer rechazo de Hetzel se dobla con un amago de acuerdo: el proyecto de escribir una gran serie de Viajes Extraordinarios El primer libro de esa serie será Cinco semanas en globo (1863) Un éxito de ventas. Hetzel, un negociante avispado, le propone un contrato que hoy nos parecería leonino. Vendiendo de 30.000 a 40.000 ejemplares por libro, Verne tenía apenas asegurados unos 4.000 euros de nuestro tiempo. Verne ¡no cobraba un céntimo por los primeros 20.000 ejemplares de sus libros! Los derechos de autor sólo comenzaban a contar a partir de esa cifra. Hacia el final de su carrera, Verne vendía una media superior a los 100.000 ejemplares por título. A pesar de ganar mucho dinero, prefirió vivir siempre en una ciudad de provincias, Amiens, con una casa en la playa del Crotoy, muy cerca de la diminuta ciudad de Eu, donde la escritora Rosa Chacel y su esposo, el pintor Timoteo Pérez Rubio, desembarcaron algunos años después de la muerte de Verne. Julio Verne, en una imagen de madurez Censura, retoques y manipulaciones de sus obras Apenas comenzamos a saber con vaga precisión hasta qué punto una parte sensible de la obra de Julio Verne fue censurada, retocada y manipulada por su editor (Hetzel) y su familia, para darle una corrección y respetabilidad política ajena a la sensibilidad real y proscrita de su autor. Uno de los casos más llamativos de manipulación de una novela célebre quizá sea el del capitán Nemo, el legendario patrón del Nautilus, un héroe sombrío, inquietante. Hemos tardado casi cien años en descubrir que, en verdad, Hetzel le impuso a Verne muchos cambios, cuando no retocó por su cuenta el texto definitivo entregado a la imprenta. En un momento decisivo de 20.000 leguas de viaje submarino el Nemo de Verne grita, definitivamente solo: ¡Independencia y libertad... Proclama libertaria de un antiguo maharadjah embarcado en una lucha sin fin contra el colonialismo británico. Herzel tachó la frase original del novelista, sustituyéndola por esta: ¡Patria y Dios! Proclama nacionalista y conservadora, que no estaba en el manuscrito de Verne. Otro caso célebre de manipulación es el de la novela póstuma En Malleganie (1897- 98) Autor célebre, vendedor excepcional, Verne no llegó a publicar en vida ese libro, que cuenta la historia de un falansterio utópico, protagonizado por un anarquista más o menos seguidor de Fourier y Kropotkin, con una colonia de unas 900 personas, en Tierra de Fuego (de ahí lo de Malleganía) El libro no se publicó hasta 1909. Un hijo de Verne reescribió el texto original, lo mutiló, lo arregló, lo hizo presentable, para transformarlo en otra cosa, muchas veces reeditado incluso con otro título, Los náufragos del Jonhâthan