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ABC DOMINGO 20 2 2005 Los domingos 63 Carlos Fernández- Casadevante, amenazado por ETA, tuvo que dejar a su mujer y sus cinco hijos en San Sebastián CHEMA BARROSO Conozco todo el mundo y ni en el país más tercermundista y bananero he visto que sea la policía la que tiene que llevar la cara tapada DAIEL LÓPEZ tu familia. Así que de algún modo acabas pensando bueno, al fin y al cabo parece lógico y justo lo de acercar a los presos Es una manera de esquivar la mala conciencia y la sensación de cobardía. Es humano Enrique Zubiaga: Vuelo a la libertad Del histórico dirigente de Euskadiko Ezkerra Juan María Bandrés se recuerda una frase ilustrativa del ensimismamiento de un amplio sector de la sociedad vasca: Fue en Bruselas donde comprendí que Euskadi no era el ombligo del mundo expresión alternativa de esa otra más conocida de el nacionalismo se cura viajando Algo de esta naturaleza le podría haber ocurrido a otro vizcaíno, Quique Zubiaga, experimentado piloto de líneas aéreas. Pero no. No había nada de qué curarse, en mi caso, aunque cumplo todos los requisitos del nacionalismo étnico, en función de mis apellidos, casi todos euskaldunes, y de mi rh, por supuesto negativo. Según esos baremos, soy un pata negra Zubiaga explica que, en vez de erigirse en adalid de las esencias aranistas, más bien encarno a un amplio y difuso grupo de vascos hartos, pero hastiados de una manera si- lenciosa. Miles de personas que nunca hemos recibido amenazas pero que no estamos dispuestos a tragar con lo que está sucediendo Cuando me hice piloto- -comenta- -me marché por el trabajo, sí. Pero podría haber vuelto, porque soy un absoluto enamorado de mi tierra, y no he regresado. He sopesado y he preferido evitar que mis hijos se educaran en un ambiente podrido. Si tienen que oír, como hemos escuchado, que Eguíbar diga que los vascos que no aceptan el plan Ibarretxe no son vascos que lo digieran desde una saludable distancia Por eso optó por pedir como destino Mallorca nada menos que durante trece años y aún se considera afortunado porque en mi familia no existe la dolorosísima escisión que se sufre en otras. En muchas, no se puede hablar de política en la mesa, en las clásicas e inevitables reuniones navideñas, por ejemplo. Mira que he viajado y jamás, ni en los países más tercermundistas y bananeros, he visto que sean los policías y no los delincuentes los que tienen que llevar la cara tapada. Esto lo dice ya todo, por mucho que Ibarretxte nos venda su égloga pastoril de los vascos y las vascas Su impresión, con el paso de los años, es que vamos a peor. Se les ha consentido reinventar la historia e inculcar el odio a la palabra España. ¿Cómo luchar ahora contra eso? La situación puede resultar menos espesa en las grandes ciudades, pero los pueblos pequeños son puro fango. Y entre quienes nos hemos ido, es difícil contar con los que más han sufrido. Hace poco coincidí con un amigo y al hablarle de la necesidad de plantar cara se vino abajo. Su padre fue asesinado hace años y me dijo: Mira, lo siento mucho, pero me duele tanto remover aquello que no puedo hacer nada En un orden de cosas más prosaico recuerda a otro conocido que tuvo que renunciar a las oposiciones a socorrista de piscina por no tener un nivel alto de euskera. Así y de otras muchas maneras, unas salvajes y otras más sutiles, se hace la criba La desidia del Estado en relación con el nacionalismo a lo largo de las últimas décadas la sintetiza muy gráficamente: Se optó por darle al niño todo lo que pidiera para que no llorase, cuando a los niños enrabietados hay que ponerles unos límites Diego García Borreguero: El emigrante disconforme Se han ido porque han querido Es una de las afirmaciones supuestamente categóricas de Xabier Arzalluz cuando de diáspora vasca se habla. Y es cierto que la violencia ha abierto tal brecha en la sociedad que una parte importante de quienes han renunciado a sus raíces tiene dudas a la hora de reconocerse como un exiliado. El doctor Diego García- Borreguero, neurólogo, pone sobre la mesa sus consideraciones personales: Me marché joven. Evidentemente, no me gustaba el ambiente, porque mi familia sufrió amenazas. Pero si te argumentan que del mismo modo a un gallego puede no gustarle su tierra, o sentirse limitado en ella, ciertamente puedes admitir que también ha habido factores de aspiraciones profesionales o de otro tipo en tu decisión. En resumen, eres más un emigrante que un exiliado en sentido estricto. Ahora bien, de lo que no tengo dudas es de cómo ha cambiado mi ciudad, Bilbao, y de lo nefasta que ha sido esa transformación. Yo viví en mi niñez y adolescencia un ambiente urbano, abierto y tolerante, de clases medias, en el que el colegio era una mezcla absoluta de apellidos de todos los orígenes sin que a nadie se le ocurriera poner en solfa la clasificación de vasco o no vasco Con el tiempo se han ido creando exclusiones absolutamente artificiosas por las que los nombres de pila se han euskaldunizado, sí, pero los apellidos son los que son Las razones- -aduce- -para no que yo no tenga hoy mi casa allí no son comparables con las de tantos que han estado verdaderamente expuestos a la extorsión y la amenaza. Y eso quizá ha restado fuerza a la voz de quienes están en situación parecida a la mía. Pero somos muchos y algunos estamos dispuestos a decir en alto que nos sentimos vascos y españoles y que no nos gusta ese etnicismo impuesto Carlos Fernández- Casadevante: La quiebra familiar La década negra a caballo entre los setenta y los ochenta fue determinante en la quiebra de la sociedad vasca pero ni mucho menos marcó el fin de un proceso tan doloroso como silenciado. El goteo sigue. Al profesor Carlos Fernández- Casadevante, decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid le preguntamos cuándo se marchó y contesta: Hace ya mucho Seis