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ABC DOMINGO 20 2 2005 Los domingos 61 CONTRA EL MAL DE ALTURA Los auditores de Deloitte, como se sabe, ocupaban gran parte del edificio Windsor. Pero en este esqueleto de hormigón y acero han trabajado y vivido los empleados de muchas otras empresas. Son historias y recuerdos que durante esta semana, aún con el asombro en la retina, han alimentado las conversaciones de las miles de personas que allí pasaron parte de su vida Los otros habitantes del Windsor TEXTO: J. F. ALONSO V. RÓDENAS SIGEFREDO Yolanda Lafalla y Juan Martínez, de Comparex, en una sala improvisada en el paseo Imperial Mariano Ozores produjo una veintena de películas desde la planta 21 del edificio Windsor Los trabajadores de Edelman en una foto de familia, antes de buscarse una nueva sede para su empresa ncendió del Windsor zarandeó sus retinas hace siete días. Algunos, como Mariano Ozores, había pasado allí media vida. Otros estaban a punto de marcharse. Ésta es su historia. Eli ces a la noche del sábado, cuando su pasado ardió por los cuatro costados. Fórmulas para continuar un negocio Los responsables de Comparex, empresa del sector tecnológico con treinta y cinco años de historia, nunca imaginaron que el destino les iba a poner en situación de demostrar en la práctica que los productos que venden a sus clientes funcionan. Comparex ofrece soluciones de continuidad de negocio ante determinadas circunstancias explica Juan Martínez Doreste, director de Desarrollo de Negocio y Marketing. Gestionan mecanismos para recuperar información fuera del edificio y hacen copias de seguridad diarias con líneas ADSL. Dice Martínez Doreste que el lunes a mediodía todavía tenían conexión con el servidor central, en la cuarta planta del Windsor. Juan Martínez y Yolanda Lafalla organizan el futuro en una habitación prestada, en el Paseo Imperial, cerca de la Puerta de Toledo de Madrid. El martes por la mañana recibieron cuarenta y cinco ordenadores portátiles, que ese mismo día fueron a manos de los empleados de la compañía. Mientras tanto, los comerciales visitaban a sus clientes para transmitirles el mensaje de que todo está en orden Y en la oficina improvisada en la que nos reciben, un pequeño grupo de guardia preparaba el traslado al nuevo destino. Nos íbamos a ir a Alcobendas en abril, porque se acababa nuestro contrato de alquiler y Deloitte quería quedarse con todo el edificio- -afirman- Ahora todo se ha precipitado: estaremos allí en dos semanas Yolanda veía Salsa Rosa y Juan cuidaba sus peces cuando empezó todo. Al principio pensamos que el fuego no llegaría a la planta cuarta, pero el domingo, en una foto de ABC, vi cómo la manguera entraba por mi despacho dice Juan Martínez Doreste. Por la misma ventana a la que se había asomado unas horas antes, el mismo sábado, La segunda casa de Mariano Ozores La planta 21 era la segunda casa de Mariano Ozores, productor de cine, el hacedor de iconos del primer destape, de la risa fácil, de un tipo de cine que sigue recaudando espectadores en muchas televisiones. El sábado por la noche, cuando vio lo que fue su oficina convertida en una tea, sintió mucha pena, sobre todo por mis amigos, los Reyzábal Ozores ya trabajaba con ellos, los propietarios de Ízaro Films, antes de que se construyera el Windsor. Su oficina estaba en los cines Princesa. Luego, cuando se inauguró la gran torre, la oficina se trasladó a aquel imponente mirador sobre la gran ciudad. La primera película en la que trabajamos en el Windsor fue Los bingueros con Andrés Pajares, Fernando Esteso y África Prat. Y la última, Cuatro mujeres y un lío en 1992. Creo que, en total, pergeñamos allí en torno a veinte películas De Los bingueros al coloso en llamas. Esta mañana, con la imagen del fuego aún en la retina, Mariano Ozores repasa en su memoria las esquinas de lo que fue su oficina de producción. Allí teníamos el despacho donde organizábamos todo, donde íbamos todos los días. Era un edificio comodísimo, con aparcamientos enormes, cuatro ascensores y un montacargas y hasta una sala de proyección en un semisótano Era la gran época de Ízaro Films, de aquel cine que ocupaba las salas de la Gran Vía, con el que se reía la España de principios de los ochenta. La última vez que Mariano Ozores fue al Windsor fue hace seis meses, para hablar un rato con su amigo José María Reyzábal, fallecido al poco tiempo. Me dijo que quería que su sobrino se encargara de Ízaro Y desde enton- Eran otros tiempos. Tiempos de la posguerra en Madrid cuando don Julián Reyzábal, además de comandante del Ejército, creo recordar que ayudante del general Salichet- -apostilla Jesús Nuño de la Rosa, presidente de la Federación de Ocio y Turismo de la Comunidad de Madrid- vio por dónde iba el futuro. Era un águila para los negocios, un hombre honesto al que se llevaban los demonios cuando en las reuniones del Sindicato Vertical del Espectáculo ponía las peras al cuarto cuando algunos de los propietarios de La lenta huida de los salas de fiestas se ponían pequeños a discutir sobre si uno se había llevado a las señoriComparex se iba en abril. tas del local del otro. ¡SeY en los últimos años se ñores, que aquí venimos a fueron otros, ante la subitrabajar! se ponía firme da del alquiler y el interés don Julián, que había code Deloitte por quedarse sechado un éxito inusitacon todo el edificio. Edeldo con las sesiones matinaman, por ejemplo, estuvo les del cine Montera, toen el Windsor durante cindos los días abarrotado. co años. Justo cuando fiDesde luego, ahí nació tonalizaba nuestro contrato La tarjeta de entrada do. Porque Julián Reyzános anunciaron que se a la torre: ya sólo un bal, uno de los reyes indisiban a iniciar obras estruc- recuerdo cutibles del ocio y de la noturales en el edificio que che madrileña, no es que durarían dos años. Esta circunstancomprara los locales del cine Bilbao o cia, junto a una subida muy importanel Carlos III o el Consulado, ¡es que te del alquiler mensual, nos impulsó a compraba los edificios completos! Luebuscar otro lugar afirma Rosa Mago se ponía un traje de pana y cogía tías, general mánager de la empresa. una maleta con billetes y se iba a ver a La sensación en aquel momento es los vaqueros que ocupaban los terreque la consultora Deloitte quería ocunos donde luego levantaron la Torre par todo el edificio- -añade- -y que, Picasso- -de la que son propietarios por tanto, los pequeños estábamos en un 20 por ciento- y el mismo edificondenados a marcharnos antes o descio Windsor, y les preguntaba qué quepués. Los comentarios que circulan rían por esos campos Y sacaba los hoy por la oficina son por un lado de billetes de la maleta y les pagaba. ¡Qué horror y por otro de alivio. Tristeza visión de futuro la de aquel hombre! Y porque para muchos el Windsor acotambién qué ojo para el espectáculo: gió una buena parte de nuestra vida Pocas veces ha tenido tanto éxito una profesional. Y alivio porque todos imafunción como la de Moncho Borrajo ginamos un futuro incierto si finalen Cleofás. Su hijo Julianchu estuvo mente hubiéramos optado por permaal frente de la Sala Windsor mucho necer tiempo cuando pasó por la oficina para recoger unos papeles. El domingo por la mañana, el hijo de Yolanda la despertó indignado. ¡En la tele no había dibujos! Ay, cariño, se me ha quemado la oficina le explicó con tono melodramático. ¿Entonces ya no tienes que ir a trabajar? Entre aquellas paredes se ha quedado la colección de bolígrafos de Sagrario, el microondas recién comprado, fotos familiares, el ordenador portátil de Juan... Y la sospecha de que este caso, como el 11- S, va a hacer reflexionar a muchas empresas sobre las medidas de seguridad para salvaguardar la información Del cine Montera al edificio Windsor