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58 Los domingos DOMINGO 20 2 2005 ABC EMPLEADOS DE ALTÍSIMAS MIRAS (Viene de la página anterior) na y conocemos perfectamente las vías de evacuación, y cómo antes de atravesar la puerta camino de la escalera hay un armario con máscaras antigás y unos chalecos salvavidas que son para bajar, que no para saltar La vista de pájaro sobre Madrid, como confiesa María Jesús, crea adicción después de nueve años, y cuando no vengo a trabajar en algún tiempo, la termino echando de menos. Es maravilloso poder contemplar desde aquí la vida de la ciudad, sus formas, sus edificios, el Windsor, que se ve tan pequeño- -y hace un raquítico rectángulo con los dedos- Mis amigas Marta y Celia trabajaban allí, una en la planta 12 y la otra en la 14, en Deloitte, pero desde el sábado no se han reincorporado Te hablaba antes de que la sensación de encierro es terrible, pero, desde luego, se compensa con las vistas Dice María Jesús que cuando ven aproximarse un avión siempre hay alguien que se asoma a la cristalera y mueve los brazos enérgicamente simulando que desvía al hipotético atacante hacia el rascacielos de al lado. A la siguiente, a la siguiente grita un coro en medio de la guasa general. Hay visitas que se resisten a subir hasta la última planta de la Torre Europa y hay que bajar a atenderlas a la entrada relata una contable Si vemos aviones sacamos banderitas para indicarles que se dirijan contra la torre gemela dice una trabajadora de Puerta Europa En la planta 43 y de cara a la pared ¿Y qué puede haber peor que trabajar en la planta 43 de la Torre Picasso y ocupar un despacho interior con vistas a la pared por los cuatro costados? ¿Peor? ¡Pero si no me ve nadie! Mira a todos los que ocupan las habitaciones exteriores, acristaladas también por el interior: están expuestos a la mirada de cualquiera. Y yo aquí, oculto, haciendo lo que me da la gana. Pero oye, a ver qué vas a contar en el periódico, que les tengo dicho a mis amistades que Madrid se pone cada mañana a mis pies Jesús Ubierna, director creativo de Prime Time, vive su tiempo laboral en un espacio que es una paradoja: sube hasta su puesto en un ascensor meteórico que sobrepasa las nubes y cuando se refiere a su oficina habla de un agujero. ¡Él, que habita a más de 140 metros del vulgar asfalto! ¿No será encima uno de los responsables designados para la extinción del pronto fuego y la organización de la evacuación? pregunto. No, pero si lo fuera, no me andaría con zarandajas de evacuación ni historias, ni por los compañeros de la oficina ni por los de la planta: saldría por piernas, sin más. Yo es que soy muy práctico Mucho pragmatismo salvo cuando con su hijo sueña, asomándose a esos ventanales que son de otros Hijo mío, algún día esto será tuyo Y ves el horizonte estrellarse contra la Sierra del Guadarrama. ¿Al menos esta visión le inspirará? inquiero. ¿Y qué tiene que ver esto con la tele? Yo preferiría un chalecito en La Moraleja con jardines. Porque a esto ya estoy acostumbrado: he vivido siempre en un piso 15, en la Ciudad de los Periodistas; simplemente he triplicado la apuesta La presidencia de Cajamadrid ocupa las dos últimas plantas de Puerta de Europa (114 metros de altura) sobre la Plaza de Castilla. Dice Manuel, empleado de la entidad, que eso es, según se dice, además de por las vistas y por el sentido elevado del poder, porque los jefes máximos están pegaditos a la azotea, donde está el helipuerto, y desde donde siempre podrán salir vía aérea indemnes de cualquier desgracia Y es que trabajar en las alturas, durante tantas horas, y todo tan cerradito, da para mucho. Piense- -explica este empleado- -que no tenemos salida directa a la calle por las escaleras, lo que ya provoca cierta claustrofobia, así que cuando te asomas al vestíbulo y ves unas puertas que nadie sabe a dónde llevan, siempre hay uno que apunta la solución al enigma: llegado el momento dramático del sálvese quien pueda se cerrarían automáticamente, dejando atrapada a la masa salarial, que se achicharraría como un pollo, mientras se despejan las vías de evacuación para permitir la salida sin estorbos a los que ocupan las zonas nobles. Otros han tenido la ocurrencia de hacerse con unas banderitas, como los señalizadores de pista de los aeropuertos, y cuando ven un avión se arman con los trapos y hacen signos hacia la derecha para dirigir la aeronave enemiga hacia la torre gemela. Digo yo que será efecto colateral del 11- S Jaime Tejerina, jefe de mantenimiento de Torre Picasso. Detrás, el Windsor tras varias lecheras de la Policía Nacional invadían toda la plaza. A ver qué hacía ahora el graciosillo de las banderitas, que no le llegaba la camisa al cuello. Ya nos imaginábamos cuanto menos volatilizados. ¡Cómo íbamos a pensar en el maldito ensayo del desfile militar! ¿Por qué tendemos a pensar siempre en lo más horrible? ¿Será culpa de tanto trabajo o va incluido en los efectos del edificio? Por eso, hasta ahora, la coña es la mejor medicina. ¡Mire, mire, ése que va por ahí es el bombero de la planta! Eh, que la periodista quiere saber si nos vas a salvar le espeta Luis a un hombre alto y trajeado, que le responde con una media sonrisa. Y, sintiéndolo mucho, se lo digo: yo de ése no me fiaría. Una fórmula magistral ésta de la risa, a la que Mark Twain atribuía la gracia de arma verdaderamente eficaz contra todo tipo de males, pero se trata de una conclusión que no acaba de convencer a todos. Porque no todo el mundo está dispuesto, con bromas o sin ellas, a trabajar a cien metros de altura, y María, que también es empleada en Puerta de Europa, recuerda cómo cuando la entidad compró el edificio hubo algunos que pidieron no ir porque algo superior a ellos les impedía pasar por ese trago. Ni el privilegio de trabajo con vistas logró disuadirles Begoña Fernández, contable, es también, desde hace 15 años, una empleada de altura de lo que da fe su currículo laboral trabajó en la Torre Picasso, de 1989 a 1996, y desde entonces sube cada día a la última planta de la Torre Europa (121 metros) donde tiene su sede el Instituto Italiano de Comercio Exterior y donde la tenía la sauna que ardió en 1990. Pero ahora, tanto esa instalación como el restaurante han sido sustituidos por oficinas, y gracias a ello creo que el riesgo es menor. Eso sí, siempre, antes de marcharnos, echamos una ojeadita para comprobar que todo está en orden. Te acostumbras, sabes que corres más riesgos que Ataque aéreo en la Castellana A Luis hoy también le da risa recordarlo, pero no olvida el escalofrío que recorrió su columna vertebral cuando en vísperas del 12 de octubre, día de la Fiesta Nacional, vio aproximarse, como un rayo por la Castellana, un avión que volaba a muy poca altura mien- Jesús Ubierna trabaja a más de cien metros, en un despacho sin ventanas. Divisa el exterior por las cristaleras de sus compañeros JAVIER PRIETO