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ABC DOMINGO 20 2 2005 57 Los domingos El éxodo vasco alza la voz para explicar que en condiciones de libertad su forzada ausencia no habría ocurrido Mark Kurlansky analiza una fecha para el recuerdo en su libro 1968. El año que conmocionó al mundo de Vanderlei Luxemburgo, el hombre que ha transformado al Real Madrid en un nuevo equipo Primero el atentado del 11- S y ahora el incendio del Windsor ensombrecen el privilegio de ver Madrid a tus pies mientras cumples el castigo divino de ganarte la vida con el sudor de tu frente. Personas que trabajan en rascacielos relatan a Los Domingos de ABC su experiencia cotidiana, sus temores y su dicha; ciudadanos que hacen del humor antídoto contra el mal de altura Empleados de altísimas miras POR VIRGINIA RÓDENAS a planta 42 dice con una amable sonrisa la recepcionista sur de Torre Picasso, el edificio más alto de Madrid (157 metros) Hágalo por los ascensores del centro Y tras pasar el torno con lector electrónico que reconoce la tarjeta de autorización que deja expedita la entrada, la recién llegada toca todos los botones de los elevadores olvidando que éste no es ningún edificio tonto, de los que tanto abundan. Al instante, se abre el ascensor y pulsamos la tecla de nuestro piso. Y como una bala, el ingenio asciende, provocando a mitad de la subida un taponamiento de los oídos, que queremos pensar sea debido a un simple cambio de presión. Durante los tres primeros meses, siempre me ponía tapones para evitar esos efectos reconoce cuando llegamos a nuestro alto destino María Jesús Ventura, asistente personal del productor Valerio Lazarov, cuya empresa Prime Time ocupa la oficina inmediatamente inferior a la del despacho de Esther Koplowitz, en el techo del rascacielos. Desde el despacho principal se avista como una pavesa el cadáver calcinado del Windsor, y a semejante distancia sobre sus restos no parece ni coloso ni gigante... Lo cierto es que, desde la planta 42 de Torre Picasso, Madrid se jibariza y se torna rusticana con esa boina de polución que hoy, viernes por la mañana, luce en todo lo alto y que impide ver El Escorial, que María Jesús asegura divisar en los días claros. No te creas que los cristales son blindados, son más fuertes que uno normal, pero nada más Y entonces se acerca al ventanal y da golpecitos para demostrar la resistencia. A mí lo que más agobio me causa es el hecho de que cuando se activa la alarma las puertas de la oficina se cierran automáticamente, impidiéndote el paso, por si hubiera llamas en el pasillo. Y te quedas aislado hasta que un operario de seguridad viene a rescatarte. Eso fue lo que nos pasó un día que estábamos comiendo en la oficina. En ese momento nos dijimos: si algo ocurre, de aquí no sale nadie Sí sabemos que el edificio tiene una seguridad muy bue (Pasa a página siguiente) Subaal María Jesús Ventura, ante la cristalera de su oficina en Torre Picasso, desde donde se divisa el cadáver del Windsor JAVIER PRIETO