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4 Opinión DOMINGO 20 2 2005 ABC Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA PRESIDENTE DE HONOR: DIRECTOR: Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Ignacio Sanz IGNACIO CAMACHO A VUELTAS CON LA VIVIENDA EL TÚNEL DEL CARMELO U NA vez más, la vivienda es motivo de polémica. El vicepresidente del Gobierno, Pedro Solbes, ha calificado de infantiles las propuestas del Fondo Monetario Internacional, un calificativo impropio de una persona que se caracteriza por su mesura. El encarecimiento de la vivienda se mantuvo en el 17,5 por ciento anual en 2004, prácticamente el mismo nivel que el año anterior, tanto según los datos oficiales del Ministerio como de las sociedades de tasación. Que los precios de la vivienda siguiesen subiendo a un ritmo similar al de años anteriores era de esperar, porque con la creación de un Ministerio no se hace política de vivienda, sobre todo si no se quieren tocar los aspectos que recoge el informe del FMI. Un informe que, por cierto, se repite año tras año y que propagaban como verdad revelada en la oposición los actuales responsables de la política económica. Tal vez tenga que ver el hecho de que quien dirige el Fondo Monetario Internacional sea ahora Rodrigo Rato. Porque el FMI sólo pide que se afronten aquellas causas del boom inmobiliario sobre las que el Gobierno tiene capacidad de actuación. Reconoce que el precio de la vivienda tiene mucho que ver con la reducción de los tipos de interés y la mejora de las condiciones del crédito hipotecario, como consecuencia del euro. Y sobre eso poco se puede hacer, más allá de asegurar la solvencia del sistema bancario. De hecho, el crédito hipotecario volvió a alcanzar nuevos máximos en 2004, con un crecimiento del 24,3 por ciento en el año, mayor aún en cajas que en bancos, la cifra más alta de este ciclo expansivo, aunque los expertos de la Asociación Hipotecaria Española observen ya indicios de que ha tocado techo. Tres son las áreas sobre las que el Gobierno puede y debe actuar: la desgravación fiscal a la vivienda, la liberalización del suelo y la política de alquileres. Sobre ninguna de las tres parece que se va a atrever un Ejecutivo que ha confundido la política de vivienda con clientelismo social para ganar voto juvenil a costa del erario público, pues regalar suelo público no está entre las políticas recomendadas por ningún organismo internacional; ni ampliar la oferta de viviendas de protección oficial, que sólo crea problemas de subsidios cruzados y dudas sobre la transparencia y posibilidad de comparación de los criterios utilizados en el reparto. Si el Gobierno quiere hacer una política eficaz, sabe cuál es el camino: suprimir gradualmente la desgravación fiscal a la vivienda para los nuevos adquirentes- -recomendación del FMI que tampoco se atrevió a poner en práctica el Gobierno del PP cuando Rodrigo Rato era ministro de Economía- trabajar conjuntamente con las Comunidades Autónomas para dotar de financiación sostenible a los Ayuntamientos a cambio de liberalizar todo el suelo salvo que esté expresamente protegido por razones ambientales; y reformar la legislación sobre alquileres para conseguir sacar al mercado los millones de viviendas vacías cuyos propietarios prefieren mantenerlas ociosas antes que arriesgarse a pleitear con inquilinos morosos. Sobre lo primero, el Gobierno parece haber dado marcha atrás; sobre lo segundo, no quiere ni oír hablar porque contradice su tesis de la regresión centralista; y sobre lo tercero, se dedica a innovar creando una problemática Agencia de Promoción de Alquileres mientras que, llevado de un furor recaudatorio que haría mejor en aplicar a la creación de agencias tributarias autonómicas, trata de meter miedo a los propietarios. El resultado es que sólo queda que el BCE suba los tipos de interés para que la demanda de crédito hipotecario se ralentice. Una solución que puede contribuir a aliviar el problema del precio de la vivienda, pero que provocaría daños colaterales en otros sectores de la economía, además de incidir negativamente en el bolsillo de los ciudadanos. S BUSH EN EUROPA L OS EE. UU. parecen empeñados en restablecer la plena operatividad del vínculo trasatlántico después de la crisis de Irak. Desde la victoria de Bush el pasado noviembre los gestos se suceden. Lanueva Administración republicana trata de establecer un nuevo estilo en el ejercicio del liderazgo mundial. En este sentido, la necesidad de fijar un cauce de comunicación fluido con Europa se revela como una prioridad. Sobre todo si se quiere abordar una reformulación de calado sobre el diseño geoestratégico del Oriente Próximo y desactivar focos de tensión como los provocados recientemente en Irán, Líbano o Siria, y en los que la interlocución europea puede resultar de gran ayuda. Este nuevo clima de normalidad trasatlántica pudo apreciarse durante la visita europea de Condoleezza Rice y lo confirma la gira que George Bush comienza hoy mismo, llevándolo a Bruselas, Maguncia y Bratislava. La insistencia trasatlántica del presidente Bush es clara cuando afirma en la entrevista que publica hoy nuestro diario que quiere que la Europa refundada sea un éxito, pues, aunque en ocasiones competimos entre nosotros nunca cuando se trata de valores máxime si los EE. UU. quieren aprovechar el momento y reimpulsar la relación que es vital para nuestra seguridad Así, los numerosos encuentros bilaterales de Bush ponen de manifiesto el deseo norteamericano de escuchar a todos sus socios europeos, especialmente a aquéllos que fueron más díscolos con la posición norteamericana durante la crisis de Irak. Sus reuniones con Chirac y Schröder, así como con Putin, demuestran que los EE. UU. quieren pasarpágina y olvidar el desencuentrode hacedos años. Lástima que en este cuidado empeño gestual de Bush no esté presente el presidente Rodríguez Zapatero, quizá porque en él la sombra de Irak es todavía demasiado alargada. I hubiera que medir el nivel de la clase política por su capacidad de respuesta a situaciones de crisis, la del barrio del Carmelo, en Barcelona, tendría que ser la tumba política de un buen número de autoridades locales y autonómicas. Ni uno solo de los mecanismos en los que descansa la confianza de los ciudadanos en sus instituciones ha funcionado correctamente. Y por si aún hubiera que prorrogar la crisis para dar nuevas oportunidades, se está ampliando el radio de acción de los daños causados por las obras del Metro, al mismo tiempo que se inicia la investigación judicial, en la que la Fiscalía dirigida por José María Mena tendrá un papel determinante. El control democrático de las instituciones se convierte en un discurso vacío y hasta hipócrita cuando la respuesta al hundimiento del Carmelo consiste en la instauración del control preventivo de la información, en el rechazo a la fiscalización parlamentaria de un desastre ciudadano y en la confianza de que la mejor solución es un chorreo de ayudas económicas, de las que una parte procede de los Presupuestos del denigrado Estado español. Como suele pasar, habrá que confiar en los jueces para esclarecer unas responsabilidades cuya vertiente política ya está al alcance de las instituciones autonómicas y locales. No se ha tratado de una catástrofe natural o un accidente súbito, sino de una cadena de errores y negligencias de las que se empiezan a conocer las primeras, pero suficientes para que alguien, o algunos, hubiera tenido que dimitir o ser cesado. Sólo la perplejidad que a una parte de la sociedad le causa el hecho de que el hundimiento del Carmelo le haya pasado a unos gobiernos de izquierda- -tan sociales, tan regeneracionistas, tan distintos de la derecha- -está revelando la dimensión real del despropósito político que está desarrollándose en Cataluña. Un sistema institucional está sano cuando es capaz de purgar sus propias crisis, mostrándose ante los ciudadanos como éstos esperan, es decir, como instrumentos al servicio del interés general. En efecto, el problema del Carmelo es un túnel que ha socavado edificios, pero también la confianza en la clase política, tanto más grave por tratarse de esa clase política que impuso un estado de alarma social cuando el Prestige se partió en medio de un temporal. Por cierto, ¿dónde está esa izquierda que tomó entonces las calles? Nadie parece haber entendido- -especialmente Maragall y Joan Clos- -que, en esta crisis, al final del túnel lo que tiene que haber es una clase política dispuesta a asumir responsabilidades y no aferrada al manual de supervivencia.