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ABC SÁBADO 19 2 2005 Los sábados de ABC 105 ca se le ha pasado por la cabeza ahorrar un poquito para un implante de pecho, por ejemplo. A Tabatha no le consuela nada pensar que hay otras más gordas que yo Eso nunca le pasa por su cabeza porque según dice la belleza está en el corazón Esther opina que las personas son distintas de tamaño, de color o de forma y que apreciarse a uno mismo y apreciar a los demás es el secreto para sentirse bien. Sin embargo, a Irene le consuela que allá adonde va siempre es la más vieja, pero con un estupendo sentido del humor responde que tiene una hermana de 93 años mucho más guapa; lo malo es que, como casi siempre está enferma, no puede hacer nada, ni viajar. Pero eso sí, es más guapa VIVIMOS COMO SUIZOS ROSA BELMONTE NO ES FEA Presión social Aún está por ver que la sociedad acepte un día que la vejez, la gordura o la delgadez extrema sean lo bello. Este es el primer paso para cambiar el concepto de belleza, y hay que decirles a los jóvenes que lo que ven en las revistas no es verdad, que la realidad es otra asegura Tabatha. Esther insiste en que a partir de ahora habrá muchas compañías que para sus campañas publicitarias utilicen hombres y mujeres de verdad independientemente de las imágenes que den las revistas glamourosas porque cuando empiezas a pensar en qué es la belleza encuentras otras definiciones distintas a la que plantean las revistas. Irene, muy optimista, cree que la sociedad pronto cambiará el concepto de belleza. Esto ya ha empezado, y por eso me encuentro hoy aquí. Si no, ¿quién iba a contratar a una modelo a los 96 años? Se hace demasiado énfasis en los jóvenes y en los bellos y hay que tener otras cosas, como la inteligencia, que es algo que equilibra la belleza. Lo único que nos diferenciará de las modelos clásicas serán los contratos millonarios, que, desgraciadamente, nosotras nunca obtendremos Pero estas nuevas modelos también tienen un prototipo muy personal de mujer bella. Para Irene, que nunca en su vida hizo una dieta, es alguien que tenga facciones regulares, no excesivamente delgada, y con una armonía. Para Tabatha, tiene que ser una mujer con carácter y con vida en los ojos, que se ría hasta de ella misma, que sea buena madre y buena amiga. Y para Esther, el prototipo de mujer bella es claramente el de Irene y Tabatha, distintas caras, distintas medidas y distintas personas. Lo que importa es el encanto. Camilla Parker miden con los ideales imperantes. A pesar de todo, las mujeres piden a gritos que la idea de belleza abarque el carácter o la pasión, y que los medios muestren a mujeres de atractivo físico más variado, independientemente de su edad, su peso o su cuerpo. Esto fue lo que llevó a la casa de cosmética Dove a replantearse el concepto de belleza y a abrir un debate sobre ello, que puede seguirse en internet (www. porlabellezareal. com) Y para ello hicieron un casting en supermercados, asilos de ancianos, oficinas... en busca de modelos entre mujeres normales que se sienten bellas. Unas, porque tienen salud; otras, porque se sienten queridas; algunas más, porque tienen éxito en su trabajo, pero todas porque están contentas con lo que realmente son. Y eso les hace sentirse atractivas. La belleza no tiene edad, ni peso ni color. Y no está en la cara o en el cuerpo, sino en la cabeza. Eso es lo que piensan tres de las modelos reales de la campaña: Irene Sinclair (jubilada de 96 años, que vive en un asilo inglés) Esther Poyer (delgadita, sin pecho y de color, asistente ejecutiva) y Tabatha Roman, coordinadora de cuentas, que se siente bella con sus kilitos. Ellas nos han ayudado a ampliar el significado de belleza, A Tabatha le hace sentirse guapa ser feliz en su matrimonio; a Esther, el sentirse bien Las mujeres piden que se amplíe el concepto de belleza, aunque luego se miden por el canon del momento En Asia el concepto estético depende del dinero que se tenga; en América, para las de color lo más bello es la delgadez en su trabajo y poder educar a su hijo, y a Irene (que no piensa que sea bella, pero que sí le gusta su aspecto) tener salud, a los 96 años, para hacer los trabajos domésticos y poder viajar. Cuando se les pregunta qué entienden por belleza, Tabatha responde que consiste en tener confianza en una misma. Según Esther es ver cómo nos apreciamos a nosotros mismos y algo que emana de las actividades que realizamos, mientras que para Irene la belleza es el aspecto que ella tiene a los 96 años y lo bien que se siente. Salvo Tabatha, que tuvo en su adolescencia complejo por sobrepeso, ni Irene ni Esther los han tenido, y pese a su extrema delgadez a Esther nun- a está empezando a hartarme eso de que Camilla Parker es fea, que parece que se haya puesto todo el mundo de acuerdo. Vale que no es Ava Gardner en Pandora y el holandés errante pero tampoco lo era Diana Spencer. Oscar Wilde sostenía que había dos tipos de mujeres: las feas y las que se pintan. Camilla es de las segundas. Me da la impresión de que quienes resaltan lo poco agraciado de su rostro no deben de haber visto muchas feas en su vida. Si yo les contara. Hombre, que no es el caso del que hablaba Camba, que alertaba de que cuando una inglesa se pone a ser fea no hay quien la pare. Admitiré que la señora es corta de cuero, de encía poderosa (o, más bien, de labio que se repliega y deja ver la encía) y, sobre todo, admitiré que el peinado deja bastante que desear, pero su aspecto es el de una saludable madre cualquiera. Hala, a llamar feas a las propias madres. Ahora, lo del arreglo capilar merece mención especial. Dice Fran Lebowitz en su análisis sobre las personas, sus diferencias y similitudes, que las posibilidades de peinarse no son ilimitadas. Así, hay gente que lleva o ha llevado el mismo peinado. Por ejemplo, William Wordsworth y Frank Lloyd Wright; Johan August Strindberd y Katherine Hepburn, o Pablo Picasso y el abuelo materno de Lebowitz (qué casualidad, el mío también iba peinado igual que Picasso) Siendo más prosaica en las comparaciones, diré que el cardado de Camilla anda entre los de Farrah Fawcett y Encarna Sánchez. Una combinación poco recomendable. En cualquier caso, aporta algo diferente. Ya está bien de que las mujeres de los herederos europeos vayan marcando tendencia y lleven las mismas marcas que los nuevos ricos rusos. Camilla no es una trendsetter ni falta que le hace. Ha llegado la última, pero a poner orden. Estoy pensando en fundar un club de fans de Camilla. Aunque no tengo ni idea de cómo funcionan ni qué hay que hacer. De hecho, dudo de que los clubs de fans existan realmente. Los he visto en la tele, pero nunca he conocido a nadie que formara parte de uno (tampoco a alguien que tenga un medidor de audiencias televisivas en su casa, como mucho a alguien con un perro dálmata de Lladró en la puerta, que también tiene mérito) El único fin de mi club de fans va a ser gritar y desmayarse cuando pase Camilla. Y ahora que se van a casar en el Ayuntamiento y no en el castillo de Windsor, tengo mi oportunidad. Lo que no sé es si gritarle guapa o que cambie de peluquero. Y