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ABC VIERNES 18 2 2005 Internacional 31 El Ejército de Israel no destruirá más viviendas como castigo a familias de suicidas y ciudadanos de Gaza y Cisjordania. La medida ni escarmentaba ni disuadía y alimentaba el odio Después de 4.170 casas demolidas... TEXTO JUAN CIERCO. CORRESPONSAL JERUSALÉN. Para echarse a temblar. Para no dejar de llorar. Para ponerse a pensar. Cuatro años y medio después, tras la demolición de 4.170 casas palestinas (600 relacionadas con familiares de suicidas; otras 3.500 por motivos de seguridad el Ejército de Israel ha llegado a la conclusión de que este castigo colectivo, denunciado por la comunidad internacional y las organizaciones de derechos humanos extranjeras y locales, no sólo no ha servido para escarmentar ni disuadir a otros potenciales terroristas sino que ha alimentado el odio y la sed de venganza y se ha demostrado estratégicamente erróneo. Esa es la conclusión a la que ha llegado un comité de expertos militares israelíes, presidido por el general, Udi Shani, y creado a instancias del jefe del Estado Mayor, el teniente general, Moshé Yaalón. Conocido el informe, el ministro de Defensa, Saúl Mofaz, influido asimismo por los nuevos aires de esperanza que se respiran en la región tras la elección como presidente palestino de Mahmud Abbas (Abu Mazen) y la cumbre de Sharm el- Sheij, ha ordenado poner fin a la demolición de casas en los Territorios Ocupados. Eso sí, Mofaz, quien ha apostado por no renovar en el cargo a Yaalón en julio próximo, no descarta, si las circunstancias cambian en el futuro y lo aconsejan los acontecimientos, volver a las andadas. Demasiado tarde La decisión, sin embargo, podía haberse tomado mucho antes. Por ejemplo, a finales del verano de 2003. Entonces, un análisis interno del Tsahal concluyó que la demolición de viviendas no sólo no había reducido el número de atentados suicidas sino que había incentivado a muchos damnificados a cometerlos. Además había erosionado considerablemente la imagen de Israel en el mundo. Los daños, en resumen, muy superiores a los beneficios. Desde el comienzo de la Intifada de Al Aqsa, en septiembre de 2000, 4.170 viviendas palestinas han sido demolidas por las excavadoras militares israelíes, según cifras ofrecidas el miércoles por John Dugard, relator espe- cial de Derechos Humanos de la ONU en los Territorios Ocupados, al Comité de Defensa y Asuntos Exteriores de la Kneset. Dugard fue más allá y señaló que en el 85 por ciento de estas viviendas no vivía familiar alguno de ningún suicida palestino. Datos todos ellos que coinciden con otros manejados por la organización israelí de derechos humanos, Betselem que sentencia que más de 30.000 personas se han quedado sin hogar por la política de demoliciones del Ejército israelí. La decisión de congelar esta práctica contraria a la Cuarta Convención de Ginebra ha sido acogida con satisfacción por la ANP que no ha dudado, sin embargo, en acusar por ello al Tsahal de crímenes de guerra No fue la única cuestión criticada ayer desde la nueva dirección palestina. En coincidencia en este caso con Hamás, la ANP ha calificado de engaño la próxima liberación por parte de Israel de 500 presos palestinos, la mayoría de ellos a punto de cumplir su pena o condenados a muy pocos años o meses de cárcel. Detención de un joven palestino EPA Al menos, según informó ayer el diario israelí Haaretz, 44 de los 500 palestinos que Tel Aviv propone excarcelar en breve son miembros de Al Fatah, condenados por estar implicados en ataques contra objetivos israelíes. Se trata de la primera vez en cuatro años y medio que Israel pone en libertad a palestinos implicados en este tipo de acciones. Menos da una piedra. Menos aún si forma parte de los escombros de una de las 4.170 casas palestinas demolidas.