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ABC VIERNES 18 2 2005 Nacional 23 REFERÉNDUM EUROPEO SEIS ACTITUDES ANTE EL 20- F CINCO RAZONES DE PESO JOSÉ M. DE AREILZA CARVAJAL Profesor de Derecho de la UE, Instituto de Empresa RAMÓN PÉREZ- MAURA Periodista JOSÉ I. TORREBLANCA Analista Principal para Europa, Real Instituto Elcano l domingo estamos llamados a dar nuestro parecer acerca del Tratado por el que se instituye una Constitución para Europa Tradicionalmente, Europa ha sido objeto de consenso en nuestro país. Sin embargo, la primera vez que votamos en un referéndum sobre la integración europea nos encontramos con numerosas llamadas al no a la nueva Constitución provenientes de diversos ámbitos, tanto en la derecha o la izquierda como en el nacionalismo. Frente al viejo consenso un nuevo disenso europeo. Por la izquierda, el PSOE y los sindicatos se enfrentan a Izquierda Unida y al movimiento antiglobalización; por la derecha, se vive un enfrentamiento entre los nuevos euroescépticos y los europeístas de siempre; por último, dentro del ámbito y los partidos nacionalistas hay una abierta confrontación entre los partidarios del sí crítico y los del no frontal. Más allá de la política partidista o de las ideologías particularistas, creemos que bastan cinco razones para considerar esta Constitución un avance significativo, digno de ser ratificado. En primer lugar, su nombre. Por primera vez, tras muchos años de reticencias y rechazos, los europeos hemos acordado que la comunidad política a la que pertenecemos tiene una verdadera entidad constitucional Aunque el texto es formalmente un Tratado, contiene una Constitución para Europa, basada en buena medida en la integración de los últimos cincuenta años. A lo largo de la historia, la democracia sólo ha existido en dos ámbitos: la polis griega y el Estado- Nación. Con la experiencia de medio siglo, los europeos hemos llegado a entender la verdadera naturaleza histórica de este empeño en compartir la soberanía y hacerlo de forma democrática. El nombre Constitución eleva por tanto el listón de nuestras ambiciones, de las exigencias de legitimidad, eficacia y democracia, hasta extremos comparables con nuestras Constituciones nacionales. Con esta Constitución, los Estados y ciudadanos que conforman esta nueva Europa buscan construir juntos el futuro más que nunca. En segundo lugar, la vigencia, logro e impacto real de la Carta de Derechos. Un Catálogo meramente declaratorio en Niza no sólo da ahora visibilidad a las señas de identidad europeas, sino que vincula a las instituciones europeas y los Estados en cuanto que desarrollan el Derecho europeo. Las políticas europeas deberán incorporarlos, y son muy importantes, también en el ámbito laboral, de igualdad de género o del desarrollo sostenible. La experiencia, además, demuestra el carácter expansivo de la protección de los derechos fundamentales en el plano europeo, y cabe anticipar que reforzará el estatuto jurídico de ciudadanos y de residentes europeos frente a cualquier tipo de normas. En tercer lugar, las mejoras en eficacia y democracia. El método generalizado de decisiones será la co- decisión en- E tre representantes de Estados y de ciudadanos. Las decisiones serán más fáciles, contarán con la participación directa de los Parlamentos nacionales, y la nueva Unión conseguirá en menos tiempo más resultados. Se ha simplificado la toma de decisiones y se ha aclarado qué competencias están en manos de la Unión y cuáles quedan en los Estados y, en su caso, las regiones. En cuarto lugar, la posición de la UE en el mundo. La justificación de la integración fue y sigue siendo la paz entre los europeos. Pero ahora hay un objetivo más ambicioso: contribuir a generar un orden de libertad basado en la democracia, los derechos humanos, la interdependencia económica y el Estado de derecho, atajando las lacras globales (epidemias, miseria, explotación) Habrá un nuevo Ministro de Asuntos Exteriores, una diplomacia europea y, por lo tanto, mejores medios para reforzar a la UE como actor internacional. En quinto lugar, la creación de un espacio europeo de Libertad, Justicia y Seguridad, que pasa a tener tanta importancia como el mercado interior o la mo- neda única. En este terreno, es innegable que Europa se ocupará de cuestiones que son absolutamente esenciales para los ciudadanos. Para España, como frontera exterior y como objetivo terrorista, este espacio es esencial. Se ha logrado al respecto lo que los gobiernos españoles han reclamado y propuesto desde mediados de los noventa. Puede que esta Constitución no colme las ambiciones de todo el mundo. En España, como en Europa, hay quien quiere más Europa o una Europa distinta. Sin embargo, esta Constitución nos otorga a todos una oportunidad de conseguir la Europa que queremos. Por esto, decir sí a esta constitución es decir sí a un futuro tan abierto como democrático.