Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC VIERNES 18 2 2005 Opinión 7 JAIME CAMPMANY Polanco es un virtuoso de la obtención del favor político y uno tras otro los ha recibido desde los tiempos de Franco hasta hoy mismo EL ZURRIBURRI DE POLANCO C CARLOS HERRERA No se entiende- -o sí- -que los muñidores de esta sinvergonzonería manejen impunemente el argumento del pluralismo para justificar la cimentación de esa concentración de emisoras y nos tomen, directamente, por idiotas a todos NO SE ENTIENDE (O SÍ) N O se acaba de entender. O sí. El Gobierno campeón del talante y la transparencia- -tanta transparencia que se le ven hasta las vergüenzas- -estima que es urgente, muy urgente, tramitar la ley de televisiones digitales y fomento- -qué risa, que me troncho- -del pluralismo. Visión beatífica: la sociedad precisa un nuevo ordenamiento televisivo que le permita acceder a las nuevas tecnologías y bla, bla, bla. Visión malvada: cuanto antes se tramite ese ladrillo menos tiempo se estará hablando de él y, por lo tanto, antes saldremos de esta situación embarazosa en la que hemos entrado para hacerle un favor al amigo de siempre... que menuda leña está dando toda esta chusma de Onda Cero, el ABC, la COPE, El Mundo y otras hierbas. Sea San Antón o la Purísima, el caso estriba en la falta de complejos de un gobierno autopublicitado como la reencarnación en humano de La casa de la pradera donde todo era bondad extrema, trabajo duro y sano patriotismo. No se entiende que se modele una ley en contra de todo el sector audiovisual y a favor, tan sólo, de un grupo fácilmente reconocible al que habitualmente se ha tratado con una deferencia excepcional. No se entiende. Hay que tenerla muy dura y estar muy insuflado de autosuficiencia para arriesgarse a elaborar una norma que solivianta el sentido común más elemental y que predispone al sector en contra del Gobierno. Si Rodríguez es, de por sí, complicadito, con este arañazo a los equilibrios empresariales del complejo mundo de la comunicación no hace sino irse desprendiendo de esas capas de corderito que disimulan su verdadera faz. Ni diálogo, ni talante, ni transparencia, ni nada de nada: lo mismo de siempre o aún peor. Y por el trámite de urgencia: ¿creen, de verdad, que éste es un asunto que merece el calificativo de urgente? Urgente debe ser una ley o una norma que solvente las listas de espera en los hospitales, o que provea de instalaciones y recursos generales a las escuelas, o que arregle el agujero negro de la radiotelevisión pública- -que era, por cierto, lo primero que proclamaron querer arreglar- o que suministre mejores condiciones de vida a los agentes de la Guardia Civil. Todo eso es urgente. Lo de arreglarle la cosa al poder fáctico fácilmente reconocible no es urgente. Si el Gobierno piensa que la sentencia del Supremo según la cual Unión Radio debe disgregar sus emisoras es injusta, puede recurrir perfectamente a una instancia superior, que la hay. Si no, debe hacer lo que no se atrevió a hacer el Gobierno anterior: aplicarla. Lo que no resulta edificante ni higiénico es crear una ley a trompicones para solventarle la papeleta a sus amigos, de paso que se le otorgan un par de canales analógicos meses antes de que lo analógico empiece a fenecer. No se entiende- -o sí- -que aquéllos que se han llenado la boca hasta la náusea de diálogo ni siquiera hayan tenido en cuenta una sola de las sugerencias de los operadores de radio y televisión que no sean aquéllos a los que van a beneficiar. No se entiende- -o sí- -que los muñidores de esta sinvergonzonería manejen impunemente el argumento del pluralismo para justificar la cimentación de esa concentración de emisoras y nos tomen, directamente, por idiotas a todos. No se entiende- -o sí- -la referencia de algún ministro a la nacionalidad de algunos consejeros delegados de las empresas que han emitido un comunicado severo en contra de las pretensiones del Gobierno. No se entiende- -o sí- -que el grupo afecto diga que ya ha cumplido la sentencia cuando fue el propio presidente del Gobierno el que anunciara el deseo de solventar la difícil aplicación de la misma a través de esta ley. No se entiende nada. www. carlosherrera. com OMO todavía estoy agarrado por esta gripe inacabable y flageladora que ha caído este año, me entero sólo a medias de las cosas que pasan. Ando desansiado y casi desentendido, y sólo un esfuerzo volitivo me mantiene dentro de esa cabronada que llamamos actualidad. Leo los periódicos a medias, escucho la radio a medias, miro la televisión a medias y entro en internet a ratos. Así, a medias y a plazos, me entero de la gatada que Zapatero quiere hacer en las televisiones, o sea, en el mundo misterioso del poder digital, para favorecer decididamente a Jesús Polanco. Vamos, que Zapatero quiere ordenar los medios con el fin de pagarle su deuda a Polanco. Y ya tenemos organizado el zurriburri. Rodríguez Zapatero era un Don Nadie en las elecciones de marzo hasta que los medios de comunicación de Polanco convirtieron las mochilas explosivas de los trenes y la guerra de Iraq en la tumba del aznarismo. La verdad es que el favor del monopolio de la televisión del fútbol por taquilla no se lo pagó Polanco a Aznar, quizá porque no fuera un favor sino más bien un trueque con Rodrigo Rato. En un cajón de la mesa de despacho de Rato durmió durante años un informa de la Agencia Tributaria en el que recomendaba una inspección de las empresas de Polanco. Aún estará por allí. Tampoco le pagó su intervención para detener la investigación de las empresas de su grupo en el sumario del juez Gómez de Liaño, quizá porque aquello fuese cosa de Jordi Pujol, si es cierto lo que cuenta Fabián Estapé en su libro de memorias, junto a los dos ropones famosos. Lo cierto es que en el caso de Aznar no hubo pago, sino procesión con el sambenito de asesino por las calles de Celtiberia. Ahora, Rodríguez Zapatero se disponía, y quizá se dispone, a pagar la gran deuda de su entronización en La Moncloa, dándole más poder aún en el reparto de las ondas hertzianas. Pero ha perdido la primera batalla. El sentido común de los catalanes de Convergencia le ha dejado con el tafanario a la intemperie en la Mesa del Congreso. Todos los demás medios de comunicación se han unido contra la gatada zapateril que intenta favorecer a Polanco. Entre ellos destaca un italiano llamado Maurizio Carlotti, que capitanea los ejércitos mediáticos antizapateriles y antipolanquistas. ¿Un italiano? Pues lo normal es que gane la guerra. Los italianos, ya se sabe, son maestros en ganar las guerras aunque sea a costa de que los adversarios alcancen el triunfo. Pero tampoco sería muy extraño que la guerra la ganara Polanco, que ha ganado todas las guerras en las que se ha metido o le han metido. Es un virtuoso de la obtención del favor político, y uno tras otro los ha recibido desde los tiempos de Franco hasta hoy mismo. Díez Hochleitner (para entendernos, Díez Jolines) hoy empleado de Polanco, tuvo con él algunas atenciones importantes desde el Ministerio de Educación. Hispanoamérica, con los favores de Focoex, cuyos datos son un secreto indescifrable, fue un Eldorado, y desde Santillana a Canal Plus discurre un río de oro al soplo de los sucesivos gobiernos, Suárez, Felipe, Aznar y ahora Zapatero, qué tío.