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28 Internacional NUEVA CRISIS EN ORIENTE PRÓXIMO JUEVES 17 2 2005 ABC Clamor unánime por la retirada siria del Líbano Centenares de miles de libaneses se manifiestan en el entierro del ex primer ministro Rafic Hariri b El Líbano vivió ayer la mayor manifestación popular de su Historia en una ceremonia que, por deseo expreso de la familia, no tuvo carácter de funeral de Estado FRANCISCO DE ANDRÉS ENVIADO ESPECIAL BEIRUT. Centenares de miles de libaneses se congregaron ayer en el centro de Beirut para despedir los restos del ex primer ministro Rafic Hariri- -asesinado el pasado lunes en un atentado con bomba en el que murieron otras 16 personas- -y pedir la retirada de las tropas sirias del país del Cedro. En un ambiente de intensa emoción, modulado por la salmodia fúnebre de los almuédanos desde los minaretes de la ciudad y el repique de las campanas de las iglesias, el Líbano vivió ayer la mayor manifestación popular de su Historia en una ceremonia que, por deseo expreso de la familia, no tuvo carácter de funeral de Estado. Los hijos de Rafic Hariri pidieron públicamente a las autoridades del Gobierno pro- sirio del presidente Lahoud que no asistieran a los actos, acentuando así la percepción general de que los servicios secretos de Damasco estuvieron detrás del magnicidio. Entre las personalidades mundiales que acudieron a despedir los restos del artífice del nuevo Líbano se encontraba el presidente francés, Jacques Chirac, amigo personal de Hariri, el secretario de Estado norteamericano, Williams Burns y el secretario general de la Liga Árabe Amr Musa. El cadáver de Rafic Hariri es introducido en una fosa de la gran mezquita Mohammed al- Amin en el centro de Beirut cánones constitucionales, suní, y el funeral se ajustó a su rito musulmán: sobriedad y un entierro rápido en un mausoleo de la familia junto a la mezquita, con el cuerpo envuelto en un sudario blanco y mirando a la Meca. Hasta el armón fue sustituido por un chusco coche de ambulancia, que recorrió los tres kilómetros que separan la residencia de los Hariri de la mezquita en medio del fervor de los libaneses, un mar de banderolas, y los gritos que pedían la retirada de las tropas sirias del Líbano. El Ejército libanés salió a las calles por disposición del Gobierno, pero se mantuvo lejos del foco de la concentración popular y no se registraron incidentes. Toda la ciudad permaneció pa- AFP Esclarecimiento de los hechos El jefe del Estado francés volvió a pedir ayer en Beirut que se permita el total esclarecimiento de los hechos en una referencia indirecta a la resistencia del Gobierno a permitir que una comisión independiente internacional investigue el asesinato de Hariri. Las autoridades mantienen la tesis del kamikaze islamista, frente a la más plausible de un sofisticado atentado con una bomba colocada bajo el asfalto que fue capaz de saltarse los dispositivos de alarma del convoy de escolta de Harari, los más caros del mundo. Beirut, denominada en su día la Suiza de Oriente Próximo devastada durante quince años por la guerra civil (1975- 1990) y convertida en otros tantos en una capital pujante gracias a la habilidad y a la fortuna personal de Hariri, acudió ayer en masa a la moderna mezquita de Mohamed el Amine desde el este cristiano y el oeste musulmán. Suníes, chiíes, cristianos, drusos y libaneses de origen palestino, enfrentados calle por calle en las batallas urbanas de los setenta y ochenta, se unieron ayer en el dolor y el miedo en la explanada de la mezquita, levantada en la línea verde la antigua divisoria de las dos facciones más hostiles. Rafic Hariri era, como mandan los El Ejército libanés salió ayer a las calles, pero se mantuvo lejos del foco de la concentración popular ralizada por segundo día consecutivo, envuelta en crespones negros y empapelada con imágenes del que fue primer ministro del Líbano durante cinco mandatos. Rafic Hariri, carismático pero muy controvertido en vida, fue enterrado ayer como un patriota gracias a la reconversión política que experimentó en sus últimos meses y que pudo conducir al complot para asesinarle. El pragmatismo del líder de la posguerra civil le llevó a pactar primero y tolerar después la tutela siria sobre el Líbano. RAMÓN PÉREZ- MAURA QUIZÁ NO EN VANO ustum Ghazale, el auténtico hombre fuerte del Líbano, el procónsul de Damasco en el país vecino, recibió a Rafic Hariri el pasado mes de octubre, la víspera de que el Parlamento libanés votase la alteración de la Constitución para prorrogar el mandato de Emile Lahud como presidente. Ghazale exigió a Hariri que su partido respaldase la reforma. El primer ministro se negó. Aténgase a las consecuencias advirtió el sirio. Hariri- -que relató después esta conversación- -perdió el poder y la vida. Quizá no haya sido en vano. Las intensidad de las manifestaciones de ayer en Líbano tiene pocos precedentes. Hariri era un hombre extremadamente popular y la opinión pú- R blica lo veía como un hombre rico que había escogido ayudar a los demás. Todas las comunidades lo han llorado. A diferencia de tantos otros caídos a lo largo de los años, este asesinato puede ser la espita que libere el resentimiento acumulado por casi treinta años de ocupación siria del Líbano. Los 15.000 soldados sirios y los innumerables integrantes de los servicios de inteligencia de Damasco presentes en el Líbano son la mejor muestra de lo limitada que está su soberanía. La comparecencia ayer en el funeral de personalidades internacionales, desde Jacques Chirac al secretario de Estado adjunto, William Burns, pasando por Javier Solana, son una clara advertencia de que las tornas están cambiando. Siria tiene que cumplir la resolución 1559 del pasado octubre del Consejo de Seguridad que exige su retirada- -como pretendía Hariri. Pero no esperemos facilidades. Damasco dio ayer dos muestras de ello. La reacción del incombustible ministro de Exteriores sirio, Faruk al- -Shara a la llamada a consultas de la embajadora norteamericana no pudo ser más hipócrita: Esto nos ofrece una oportunidad para hacer llegar directamente a la Administración norteamericana la posición siria a la luz de los acontecimientos en la región Ni pestañeó. Y en Teherán, el primer ministro sirio, Naji al- Otari, recibió la única solidaridad disponible: Estamos dispuestos a ayudar a Siria en todos los terrenos para que confronte las amenazas afirmó el vicepresidente iraní Mohamed Reza Aref. Siria impuso su paz de los cementerios en Líbano en otoño de 1990, cuando el mundo necesitaba su ayuda contra Bagdad. El escenario ha cambiado. Irak está lejos de ser una amenaza y las satrapías como la de Damasco saben que están en el punto de mira.