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ABC MIÉRCOLES 16 2 2005 Madrid 37 INCENDIO EN EL CORAZÓN FINANCIERO DE MADRID TRABAJADORES AFECTADOS Bares vacíos, firmas de moda a medio gas... los comerciantes de la zona de Azca acusan los efectos del incendio del rascacielos. Dicen que las pérdidas son ya millonarias y que la afluencia de público se ha reducido un 70 por ciento en sólo dos días Las víctimas colaterales del Windsor TEXTO: SARAH ALLER FOTOS: JULIÁN DE DOMINGO MADRID. Una zona fantasma. Así amaneció ayer por tercer día consecutivo el corazón de Azca. El incendio de la torre Windsor y el desalojo de otras tantas oficinas ha pulverizado la actividad frenética del barrio, inmerso ahora en una calma tensa que ha desdibujado el ritmo de los comercios. En los aledaños de la calle de Orense, los propietarios de las tiendas esperan detrás de los mostradores, pero los clientes llegan por cuentagotas. Dicen que las pérdidas ya son millonarias y que la afluencia de público se ha reducido un setenta por ciento en sólo dos días. Para muchos bares del distrito financiero los únicos parroquianos ahora son los curiosos y los turistas, que incluyen la torre incendiada en su ruta y, de paso, comen en el establecimiento. Las peluquerías, vacías, las firmas de moda, a medio gas, y las floristerías, que esperaban el Día de San Valentín como agua de mayo, se han quedado con muchísimas flores en la trastienda. Las restricciones al tráfico en un tramo de la calle de Orense y las prohibiciones para los peatones en algunas calles, sólo para residentes de momento, han dejado como un solar el barrio, demasiado acostumbrado a los atascos y las aglomeraciones. Los vecinos tampoco se animan demasiado a pasear por la zona. Después del incendio prefieren pasar poco tiempo en la zona cero y algunos incluso han decidido poner tierra de por medio y alojarse con familiares o en un hotel. El temor al hundimiento sigue presente, sobre todo para quienes viven encima de los túneles de Azca. Mari Carmen Camarera Silvia Gallego Peluquera Guillermo Alba Portero No hay coches, nadie por la calle. Hay un silencio... Hay un silencio... A estas horas esto solía ser una locura y ahora es todo tranquilidad Así se refiere Mari Carmen al ambiente que se respira en los aledaños de la torre Windsor. Trabaja de camarera en un bar de la zona y el único alegrón desde el incendio se lo llevaron la mañana del lunes. La gente de las oficinas estaba en los bares informándose, comentando... Después ya no ha venido casi nadie Lo que más se nota, dice, es el cierre de El Corte Inglés, que ha dejado el barrio vacío de público Tres clientes ha sido nuestro negocio de todo un día Tres clientes. Es todo el negocio que tuvo Silvia el lunes en su peluquería de la calle Hernani. Con el incendio del Windsor y el desalojo del edificio Bronce sus expectativas de trabajo se han ido al traste. Ahí trabajaban muchas de nuestras habituales, así que lo hemos notado un montón Las vecinas de la zona tampoco se animan de momento a pasar por el salón de belleza. Es como si la gente no tuviera ganas de salir de casa. Está todo apagado. Yo creo que prefieren dejar la peluquería para más adelante Los vecinos tenían pánico de que se derrumbara todo En este bloque de 17 plantas de la calle de Orense nadie se acostó el domingo hasta el amanecer. Los vecinos tenían pánico a que se derrumbara todo, porque nuestro edificio está hueco, sobre los túneles de Azca comenta Guillermo, el portero de la finca. Cinco familias desalojaron sus viviendas por miedo y nadie pudo retirar sus vehículos de los garajes, precintados por la Policía Municipal. Muchos inquilinos ya vieron humo en las ventanas a las diez de la noche, pero nadie pensó que terminara en esto Joohee Dependienta Olga Martínez Encargada de una vinoteca Por favor, que la gente vuelva a las tiendas Con las rebajas aún sin rematar y la mercancía de la nueva temporada ya en los expositores, las tiendas de moda más cercanas a la zona cero han vivido sus dos primeros días sin clientela. En la calle de Orense, la actividad comercial parece haberse detenido. Joohee, dependienta de una conocida firma femenina, asegura que las ventas se han reducido más de la mitad y pide que por favor la gente vuelva Lo peor, dice, llega al mediodía. Muchas chicas que trabajaban en las oficinas aprovechaban de dos a cuatro para comprar ropa. Ahora no hay nadie La información sobre los cortes y las restricciones es para Joohee una de las claves de la caída en picado. Hay gente que no Nuestro fijo diario eran los empleados de esas empresas Aunque habitualmente abre a las 8 de la mañana, la vinoteca de la calle Orense estuvo cerrada a cal y canto hasta media mañana del lunes. No podíamos llegar y el trayecto de media hora nos costó más de hora y media Ahora, el problema ya no es tanto el transporte, sino la falta de clientes, un 70 por ciento menos. Nuestro fijo diario eran los empleados de esas empresas, que nos abonaban las comidas con tickets recuerda Olga, encargada del establecimiento. Ha echado las primeras cuentas y las pérdidas en dos días ascienden a 3.000 euros. El horario también ha variado. Aunque lo normal es cerrar a la una, ahora terminan a las diez y me- está bien informada y piensa que todo Orense está cerrado y que la calle está caótica y no es así Lo que sí reconoce es que acceder hasta la zona no ha sido fácil en los últimos días. Nosotros abrimos normalmente a las diez, pero el lunes abrimos más tarde porque el corte de la línea 6 de Metro nos hizo polvo dia de la noche. De las oficinas bajaban también a desayunar, pero desayunos completos, con sus churros, sus tostadas. Ahora sólo servimos cafés de los curiosos que quieren ver el Windsor A la falta de clientes se suma además la pérdida de mercancía. Cortaron la electricidad y tuvimos que tirar comida